México, 27 de julio.- Se cumplen dos años de la operación encubierta que puso en territorio norteamericano a Ismael el Mayo Zambada. Su caída generó una violenta fisura en el Cartel de Sinaloa que se ha convertido en una de las mayores crisis de seguridad que enfrenta la presidenta Claudia Sheinbaum. Para la administración del presidente estadounidense Donald Trump, que ha amenazado con aranceles e intervención militar si México no logra detener el flujo de fentanilo a través de la frontera, Sinaloa también se ha convertido en una preocupación creciente. La acusación contra el gobernador del estado y 10 políticos y servidores públicos es solo una muestra de la huella que dejó la caída del último barón del narcotráfico en México.

Aquella escena quedó para el registro de la historia del narco en México. Después de dos años es probable que con los análisis realizados, sea considerada el punto de referencia para retratar al régimen obradorista en su política de combate al crimen organizado. La mañana del 26 de julio de 2024 el presidente Andrés Manuel López Obrador lucía desconcertado, molesto y no disimulaba la incertidumbre que provocó la falta de información de inteligencia sobre el episodio que comenzó un día antes a las afueras de Culiacán y que culminó al caer la tarde en Nuevo México.
El 25 de julio de 2024 un avión aterrizó en el aeropuerto del condado de Doña Ana, en Santa Teresa, Nuevo México, a una distancia de poco más de 10 kilómetros de la frontera con México. A bordo estaban Ismael Zambada García y su ahijado, Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de Joaquín El Chapo Guzmán. Era la culminación de una de las operaciones encubiertas realizadas por agencias estadounidenses que marcaron desde ese año al gobierno mexicano.
“No tenemos información que lo hayan capturado en México”, decía el presidente de la república sobre el anuncio de la detención en el aeropuerto de Santa Teresa, Nuevo México de “El Mayo” Zambada. “Lo capturaron allá, eso es lo que yo pienso hasta ahora, de que hasta ahora ya sea por un acuerdo o que este… lo detuvieron porque contaron con información de que iba a viajar, pero eso ya lo vamos a saber”, decía López Obrador.
Las imágenes del jefe de Estado mexicano en aquella comparecencia ante medios de comunicación en su alocución conocida como “la mañanera”, eran de un hombre desconcertado, más lento que de costumbre. En los primeros minutos habló con los brazos hacia atrás de la espalda, volteando a ver a la izquierda a sus asesores, el rostro contrariado, la mirada en el vacío, sin un ápice para disimular que estaba a ciegas sobre las características de la operación. Poco a poco su discurso se deslizó a los lugares comunes, habló de atender las causas del narcotráfico, apoyar a los jóvenes y velar porque haya menos desintegración familiar. La retórica formó parte del guión con el que solía evadir los hechos donde su gobierno quedaba mal parado, sin ocultar que la información era nula, sobre todo cuando se trataba de operaciones de las agencias estadounidenses en territorio nacional.
El mejor ejemplo de la información errónea que tenían era sobre el avión donde Zambada fue sacado del país. Mientras la secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana Rosa Icela Rodríguez habló de un avión Cessna 205 y mencionó a un piloto de nacionalidad estadounidense, los datos fueron desmentidos días después lo que dejó en el limbo la versión oficial.
Desde entonces López Obradort acusó al gobierno estadounidense de ser causante de la violencia que se desató en Sinaloa y en otras regiones del país donde las facciones al interior del Cártel de Sinaloa tenían hegemonía territorial como la frontera de Chiapas o Tijuana. Decía que al haberse llevado a Zambada vino a descomponer el mapa donde se dinamitaron las fronteras y límites territoriales entre los antiguos socios. Su declaración a ojos de varios analistas fue vista como una confesión de parte. No disimuló la posibilidad que había un acuerdo para el control de la violencia bajo el slogan hecho política de “abrazos no balazos”.
OPERACIÓN ENCUBIERTA
El 25 de julio Joaquín Guzmán López citó a su padrino el Mayo Zambada a una reunión en un rancho en una zona exclusiva a las afueras de Culiacán. Decía que iba a estar Héctor Melesio Cuén Ojeda, líder del PAS (Partido Sinaloense) y ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), y el gobernador Rubén Rocha Moya. Se trataba de sentarse a negociar para que por conducto del Mayo llegaran a un acuerdo y terminaran con su confrontación política que llevaba varios meses ventilandose en medios de comunicación locales.
Cuén fue asesinado ese mismo día en circunstancias que permanecen en la opacidad, la FGR rechazó la versión de la fiscalía estatal de que había muerto en un intento de asalto en una gasolinera. Y señaló como posible escenario del crimen la casona donde había sido citado junto al Mayo Zambada. El caso sigue sin avances en medio de versiones que involucran al gobernador con licencia Rocha Moya.
En aquella reunión el hijo del Chapo sometió al Mayo Zambada y fue sedado, dos de sus escoltas desde entonces se encuentran desaparecidos, se conoce poco sobre las otras personas que estuvieron en el lugar. Algunas versiones periodísticas no desmentidas hasta el día de hoy refieren que había agentes estadounidenses quienes habrían trasladado al hijo del Chapo y al Mayo al avión King Air donde fueron llevados a Nuevo México.
El personaje clave en esta operación fue Joaquín Guzmán López, quien habría ofrecido la cabeza de Zambada en una negociación que incluía su entrega en aras de obtener una sentencia de prisión menos severa. La supuesta traición detonó la guerra entre la facción de los Guzman, encabezada por Iván Archibaldo Guzmán Salazar y su hermanos Jesús Alfredo, cuyas huestes se les conoce como “la Chapiza”, contra Ismael Zambada Sicairos y socios encabezados por los hermanos Cabrera Sarabia de Durango, cuyos grupos armados se les conoce como “la Mayiza”, asociados con Fausto Isidro Meza Flores “el Chapo Isidro”, jefe regional en el norte de Sinaloa.
La operación encubierta atribuida al FBI por diferentes medios de comunicación estadounidenses y columnistas mexicanos que citan fuentes norteamericanas, se desarrolló con apoyo del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), y se preparó desde que Ovidio Guzmán López comenzó a colaborar con agencias estadounidenses tras ser extraditado.
Los pormenores aún permanecen bajo reserva pero hace un mes el FBI anunció que la aeronave que realizó la “extracción” del hijo del Chapo y del Mayo Zambada, sería retirada del servicio y expuesta en el museo del aeropuerto de Doña Ana, mismo lugar donde ambos aterrizaron dos años atrás. (Operación King Air https://www.estadomayor.mx/110146)
BOMBA EXPANSIVA
“La violenta fisura en el Cartel de Sinaloa se ha convertido en una de las mayores crisis de seguridad que enfrenta la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. Para la administración del presidente estadounidense Donald Trump, que ha amenazado con aranceles e intervención militar si México no logra detener el flujo de fentanilo a través de la frontera, Sinaloa también se ha convertido en una preocupación creciente”, dice el informe “La guerra de los herederos en Sinaloa: combatir el crimen en México bajo presión de EE. UU., publicado el pasado 7 de julio por International Crisis Group, una organización no gubernamental independiente “sin ánimo de lucro, con cerca de 120 funcionarios en cinco continentes, que combina el análisis sobre el terreno con labores de sensibilización al más alto nivel, con el objetivo de prevenir y solucionar conflictos letales”.
El contexto de la publicación del informe de 52 páginas ocurrió al cierre del primer semestre del año donde las tensiones en la relación bilateral México-Estados Unidos han alcanzado un punto que no sucedía en más de 40 años. En febrero del año pasado la administración Trump designó al Cártel de Sinaloa y a cinco organizaciones criminales mexicanas de tráfico de drogas como Organizaciones Terroristas Extranjeras. En marzo las agencias de inteligencia estadounidenses incluyeron al cartel en la lista de principales amenazas para la seguridad de EE. UU. En diciembre para cerrar el año el presidente Ttrump declaró al fentanilo como arma de destrucción masiva. Y vino una advertencia geopolítica. El 3 de enero de este año se lanzó una operación militar en Caracas, Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Fue el momento en que Trump volvió a presionar a México al asegurar que estaban listos para atacar objetivos presuntamente vinculados al narcotráfico en territorio mexicano. Poco después vendría la operación de las fuerzas especiales del Ejército mexicano que con apoyo de inteligencia estadounidense abatieron a Nemesio Oseguera Cervantes, “el Mencho”, líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El pasado mes de abril la fisura se abrió en un parteaguas inédito. El gobierno estadounidense acusó formalmente a 10 políticos y funcionarios de seguridad de Sinaloa, encabezados por el gobernador en funciones Rubén Rocha Moya, el senador de la república y ex secretario general de gobierno Enrique Inzunza Cázares y al alcalde de Culiacán, de colaborar con el Cártel de Sinaloa a cambio de sobornos mensuales, apoyo logístico en sus dos últimos procesos electorales y filtración de información de inteligencia sobre operaciones contra sus líderes.
Fue el detonador de la bomba expansiva cuyo desenlace aún no se conoce.
GUERRA DE TRINCHERAS
Tras el secuestro del Mayo Zambada el reloj que contabilizaba los días y horas para que iniciaran las hostilidades entre las facciones al interior del Cártel de Sinaloa, se detuvo la noche del 9 de septiembre del 2024. Aquel día las balaceras comenzaron a las afueras de Culiacán, en los caminos que comunican con Eldorado, Imala y en la ruta que va de Costa Rica hacia Villa Juárez, Navolato.
“Hombres armados lanzaron ataques de venganza en algunos pueblos alrededor de Culiacán, asesinando y desapareciendo a hombres acusados de tener vínculos con Los Chapitos. Desde allí, los Mayos avanzaron hacia el norte, en dirección a la capital. La batalla por Culiacán, que en su día fue la joya de la corona para Los Chapitos, transformó la ciudad en un foco de violencia: concentró la mitad de los homicidios reportados en el estado entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025, además de numerosas desapariciones. Varias fuentes dijeron a Crisis Group que la facción de Los Mayos ha arrebatado gran parte de Culiacán a sus adversarios y ahora domina las zonas sur y este de la ciudad”, dice el documento.
“El secuestro y la detención de Zambada en 2024 fueron la culminación de disputas de larga data entre varias facciones del cártel. Tras la detención de El Chapo en enero de 2016 y su posterior extradición a EE. UU. en 2017, su mano derecha, Dámaso López Núñez, intentó arrebatar el control de la organización a los hijos de El Chapo, lo que desencadenó un estallido de violencia que dejó cientos de muertos. Los hijos de El Chapo lograron aplacar esa revuelta interna y fuerzas mexicanas finalmente arrestaron a López Núñez y lo extraditaron a EE. UU. en julio de 2018. A partir de 2017, los hijos de El Chapo, conocidos como Los Chapitos, establecieron un monopolio casi total sobre el narcotráfico y la producción de fentanilo en Sinaloa, antes de incursionar en otras actividades delictivas en Culiacán, incluyendo la extorsión, el control de la distribución de agua y el comercio ilícito de tabaco y cigarrillos electrónicos. La magnitud de su control sobre la ciudad quedó en evidencia en 2019, tras el fallido intento de las fuerzas de seguridad por capturar a uno de los hermanos (el Culiacanazo). En represalia, Los Chapitos bloquearon el acceso a la ciudad. Catorce personas murieron en el posterior enfrentamiento armado con las fuerzas federales. Para prevenir futuras amenazas a su supremacía, el grupo implementó sistemas de comunicación y vigilancia para proteger la ciudad de grupos rivales e incorporó a cientos de agentes de policía locales a su nómina. En los años siguientes, Los Chapitos, por un lado, y Los Mayos, liderados por Zambada, por el otro, asumieron el mando general del cartel, mientras su rivalidad se intensificaba”.
La guerra por el control territorial, de acuerdo con el informe, llevó a la Mayiza a apoderarse de zonas que siempre habían estado bajo control de los Chapitos, como Villa Juárez, una región agrícola a menos de 45 minutos por carretera del centro de Culiacán y paso obligado de salida al mar por el municipio costero de Navolato.
La Mayiza también atacó Jesús María, una comunidad al norte de Culiacán camino a la sierra, donde en enero del 2023 fue capturado Ovidio Guzmán López. “Cayó el grupo contrario (Los Mayos) con bombazos de drones a sacarlos (Los Chapitos) con sus malandrines”, dijo a Crisis Group una mujer que había sido víctima de desplazamiento forzado del pueblo de Bagrecitos.
El informe señala que entre octubre y diciembre de 2025, “las zonas montañosas distantes de Badiraguato (cuna de muchos capos, incluido El Chapo) quedaron completamente aisladas del contacto externo. Los delincuentes impidieron el ingreso de insumos como harina de maíz a localidades de Badiraguato como Huixiopa, Revolcadero, Santa Gertrudis, El Chorro y Arroyo Seco. Todavía en enero, incluso los trabajadores del gobierno tenían que solicitar permiso para ingresar a la zona. Los enfrentamientos también han llegado a pequeños pueblos del sur, a lo largo de la frontera entre Sinaloa y Durango. En septiembre de 2024, cientos de familias de la región de Concordia tuvieron que huir cuando el jefe local afiliado a Los Chapitos fue derrocado por Los Mayos. Desde entonces, decenas han regresado. “Chapitos acá ya no hay y está más tranquilo”, dijo un líder que representa a las familias desplazadas. Sin embargo, muchos servicios son ahora controlados por Los Mayos, incluido el transporte público. Aun así, la facción de Los Chapitos permanece activa en la zona. Las autoridades federales sospechan que están detrás del secuestro de diez mineros (y del asesinato de al menos siete de ellos) en la región a principios de 2026. En el sur del estado, han logrado mantener su control sobre el centro turístico de Mazatlán, la segunda ciudad más grande de Sinaloa y sede de uno de los puertos que los hermanos utilizan para importar precursores químicos para drogas sintéticas, enviados desde China y otros países. Al igual que en Culiacán, los hijos de El Chapo ejercían un férreo control sobre el crimen en la ciudad, pero perdieron terreno después de que el gobierno liderara una campaña para desmantelar cientos de negocios de juegos de azar y venta de drogas que dirigían. Las licorerías presuntamente controladas por el grupo se convirtieron en blanco de ataques con granadas y disparos perpetrados por personas presuntamente afiliadas a Los Mayos. La región norte de Sinaloa se ha librado de gran parte de la violencia que azota otras partes del estado. Con apenas una fracción de los homicidios del estado, el norte presenta un marcado contraste con el resto de Sinaloa. El grupo de El Chapo Isidro, una amalgama de la antes poderosa organización Beltrán Leyva y otras familias criminales locales, ahora domina las localidades de Guasave, Sinaloa de Leyva, Ahome y El Fuerte. El Chapo Isidro “es quien mantiene la paz en el norte”, dijo un funcionario de seguridad del gobierno de Sinaloa. Esta organización, que controla una red de centros de producción y rutas de tráfico de fentanilo, ha logrado evitar el caos derivado de las luchas internas entre las facciones del Cártel de Sinaloa, todo ello mientras produce y envía la droga sintética hacia el norte. Una tonelada y media de fentanilo incautada en diciembre de 2024 en el municipio de Ahome está vinculada a este grupo”. Las hostilidades y reacomodos forman parte de lo que se dice es la huella que dejó la caída del Mayo Zambada.
Juan Veledíaz / @velediaz424 / EstadoMayor.mx
