*Sus declaraciones ofenden al Generalato
México, 22 de mayo.- Yo me hubiese ofendido por la humillación de ser calificada, con toda la intención política y desde el poder, como “la meserita”. No es el caso de la señora Yeraldine Bonilla, quien en su papel de prestanombre y cuidadora del gobernador Rubén Rocha declaró, con impunidad intencional, que al General Gerardo Mérida lo había nombrado titular de la Secretaría de Seguridad de Sinaloa “la Secretaría de la Defensa Nacional”.

Absurdo si los hay, incluso contra las leyes vigentes, todavía, en nuestra Constitución que prohíben este tipo de injerencia federal en las entidades federativas.
Lo que sucede, supongo que así siguen las reglas del juego, o lo eran hasta antes de las declaraciones de esta persona, es que los gobernadores electos, poco tiempo antes de tomar posesión, o a veces ya durante su mandato, acuden con el Presidente de la República y le solicitan que les sea comisionado un jefe militar o un jefe marino para “ayudarlos” con las broncas de seguridad.
Trampa más que repetida porque si todo sale bien los gobernadores se llevan los aplausos, y si hay problemas, ya vimos como tiran la mierda al ventilador.
Una vez que el Presidente o Presidenta en turno acepta esta petición, les llega la orden correspondiente a los titulares de Marina o de la Defensa Nacional. Así, como una orden superior.
Muchos gobernadores ya tienen un nombre, de un cuate, de un recomendado, de un compadre militar ya retirado y le solicitan al titular de la Defensa que éste tenga permiso para convertirse en titular de seguridad. De no ser el caso, se solicita que el titular de la Defensa Nacional o de Marina les recomiende alguno.
Por lo general, al menos hasta el sexenio pasado, se elige a un militar retirado, que puede tener el grado de General, y que está inscrito en una bolsa de trabajo para los militares en situación de retiro. A veces se le presentan varios nombres a los gobernadores para que elijan ellos. Cuando se trata, por razones de problemas específicos de la entidad, de un militar o marino en activo suelen ser de un grado equivalente a Coronel.
Hasta ahí la responsabilidad del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, que es quien da la orden.
No se sucede como torpemente afirmó la señora Yeraldine de un nombramiento del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional o, en su caso, del Almirante Secretario.
Los gobernadores suelen pensar, actuar, como si este nombramiento equivale a un salvoconducto, total dicen, piensan, es “un militar” quien está a cargo. Y, casi siempre, no se les otorga el apoyo indispensable, el presupuesto necesario para depurar las policías locales, para armamento, para entrenamiento.
No es una buena comisión para generales en situación de retiro. Sin embargo, su realidad los lleva a aceptar este tipo de puestos sin que conlleven el apoyo indispensable para realizar su labor. Es un trabajo ingrato, pero a muchos, en verdad a muchos generales no les alcanza su pensión de retiro, no cuentan con ahorros suficientes.
Y, sobre todo, están acostumbrados a trabajar, a ser útiles, no les gusta descansar. Y a los 65 años en que, forzosamente, se retiran si no es que antes, siguen siendo jóvenes.
Las declaraciones de la señora en funciones de gobernadora son muy ofensivas para el generalato, para el alto mando militar, para los jefes militares. Ojalá y también sirvan para replantearse en qué condiciones, bajo qué tipo de circunstancias y, sobre todo, con qué apoyo oficial, deben desempeñarse en este tipo de responsabilidades que pagan mal, no únicamente en dinero, que pagan mal…
Isabel Arvide / @isabelarvide / EstadoMayor.mx
