México, 18 de noviembre.- Tras el anuncio del 13 de noviembre de que la operación “Lanza del Sur” como se llamó al despliegue naval y aéreo contra las organizaciones de tráfico de drogas consideradas terroristas que utilizan rutas marítimas desde el Cono sur, se abrió un compás de espera que parece tiene fecha de finalización. ¿Qué pasará en el Caribe a partir del día 24 de noviembre? Ese día el Departamento de Estado tiene contemplado anunciar la designación del Cártel de los Soles como Organización Terrorista Extranjera (OTE), lo que abre la puerta a una acción armada donde el objetivo se llama Nicolás Maduro, a quien la administración estadounidense identifica como jefe de esta organización de tráfico de drogas.

El lunes 17 de noviembre las imágenes satelitales del Sentiel-2 de la Agencia Espacial Europea que fueron recopiladas por fuentes de inteligencia de código abierto (OSINT), confirmaron que el Grupo de Ataque de Portaaviones 12, encabezado por el USS Gerald R. Ford (CVN-78), se encontraba oficialmente en aguas del Caribe al sur de Puerto Rico. En su cuenta de X el analista de defensa @MT_Anderson, reportó que la formación naval no se dirigió a Puerto Rico sino que tuvo un reabastecimiento completo en alta mar, lo que fue interpretado como un movimiento con una “clara señal de intenciones”. El analista posteó: “Podemos ver al Ford manteniendo su posición al oeste del grupo principal, que incluye 2 destructores Arleigh Burke, un buque petrolero USNS de la clase Kaiser y un cuarto buque de combate (probablemente un tercer destructor)”.
“Este reabastecimiento inmediato en alta mar es una clara señal de intenciones. El CSG-12 no se detiene, se está preparando para un despliegue marítimo prolongado y de alta intensidad en el área de responsabilidades del Comando Sur (SOUTHCOM)”.
“El grupo de ataque completo ya está desplegado. ¿Qué implica esta inyección masiva e inmediata de poder aéreo embarcado para el panorama operativo en la región?”, cuestionó el especialista.
Un día antes el pasado domingo el Comando Sur de los Estados Unidos confirmó por medio de un comunicado la llegada del Portaaviones USS Gerald R. Ford al Mar Caribe dentro del marco de la operación “Lanza del Sur”, un despliegue para apoyar la directiva de la Casa Blanca destinada a desmantelar organizaciones criminales trasnacionales y atacar al narcoterrorismo que opera en varios países del hemisferio entre ellos México.
El boletín reiteró que el despliegue es en respuesta a la instrucción de Donald Trump de reforzar la acción militar estadounidense contra las redes ilícitas del crimen organizado que trafican de drogas, armas y recursos a través de las rutas marítimas del Caribe y que según el gobierno norteamericano representan una amenaza directa para la seguridad del territorio norteamericano. El anuncio se dio mientras se registraba un nuevo ataque el domingo 16 contra una lancha presumiblemente operada por estas redes en el Pacifico oriental donde se reportó la muerte de tres tripulantes. De septiembre a la fecha con éste sería el vigésimo primer ataque con un saldo cuantificado de forma extraoficial de 70 muertos.
Sobre el despliegue naval, inusitado en los registros de operaciones militares estadounidenses en el hemisferio, el almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur, dijo que los Estados Unidos con sus las fuerzas navales y terrestres están preparadas para enfrentar a estas organizaciones mediante un compromiso que llamó “inquebrantable” y con el uso de “fuerzas precisas y letales”. La presencia del USS Gerald R. Ford en la zona de operaciones del SOUTHCOM es un paso clave para reforzar el control marítimo y proteger la estabilidad del hemisferio occidental.
¿ATAQUE EN PUERTA?
Un amplio análisis del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) titulado “Campaña de Trump en el Caribe: los datos detrás de la operación Southern Spear”, considera que una campaña aérea contra Venezuela muy probablemente comenzaría con ataques a las defensas aéreas que puedan interferir contra los aviones y misiles estadounidenses. El comando central podría ordenar un ataque a la sede y el sistema de telecomunicaciones militares para interrumpir el mando y el control. “Atacaría particularmente a las fuerzas de seguridad interna para debilitar el control del régimen sobre el poder. Los ataques estadounidenses probablemente excluirían a la mayoría de las fuerzas militares venezolanas para animarlos a volverse contra el régimen. La primera administración de Trump persiguió sin éxito este objetivo a través de operaciones encubiertas. Estados Unidos, por ejemplo, podría decir que no atacará a las fuerzas que permanecen en guarnición”.
El análisis de los datos del despliegue naval y militar que hacen el coronel retirado del Cuerpo de Marines Mark F. Cancian, asesor principal del departamento de Defensa y Seguridad del CSIS, y Chris H. Park investigador asociado del Centro, señalan que el personal militar contrario al escenario del pasado verano hoy día se ha incrementado.
Los infantes de marina pertenecientes a la 22ª Unidad Expedicionaria de la Marina desplegados en el Caribe en agosto a bordo del Grupo Iwo Jima Amphibious Ready suman 2 mil 200. Hay 10 aviones de combate F-35 desplegados en Puerto Rico desde septiembre, formados no solo por pilotos sino por personal de apoyo en tierra que suman cientos. Se estima que hay 150 tropas de Fuerzas de Operaciones Especiales que están llevando a cabo misiones desde el buque MV Ocean Trader, considerado la base de preparación flotante que sirve como “nave nodriza”. A esto se suma el USS Gerald R. Ford con alrededor de 4 mil 500 marineros que están desplegados en el Portaaviones más 320 marineros en cada uno de los tres destructores que lo escoltan.
“Como argumentó un análisis anterior del CSIS, las fuerzas actualmente comprometidas son insuficientes para un desembarco anfibio o una invasión terrestre. Eso requeriría al menos 50 mil soldados, y los planificadores de guerra probablemente querrían números mucho más altos, tal vez 150 mil, para lograr la fuerza abrumadora que prefieren. Sin embargo, los activos aéreos y navales acumulados en los últimos tres meses han entregado suficiente potencia de fuego al Caribe para llevar a cabo ataques aéreos y con misiles contra Venezuela”.
Una fuente de inteligencia citada por los autores del artículo señala que Venezuela tiene una fuerza aérea pequeña con números de servicio muy por debajo de las cifras oficiales. Solo 30 de los 49 aviones están operativos. Pocos F-16 todavía pueden volar debido a la falta de piezas de repuesto resultado del embargo estadounidense. Dos F-16 volaron cerca de un destructor estadounidense como muestra de fuerza el pasado 4 de septiembre, pero es poco probable que esto se repita ya que el gobierno estadounidense trasladó los F-35 a la región para contrarrestar esas maniobras. “Los activos e instalaciones aéreas venezolanas, como las pistas, probablemente se encuentran entre los primeros objetivos alcanzados en un ataque con misiles estadounidenses, lo que los hace inoperables”, dice el análisis.
Añade que los ataques a las instalaciones de uso conjunto (cártel y régimen) podrían amenazar al régimen de Maduro mientras se mantiene el enfoque en las operaciones contra las drogas. “Los objetivos serían los sitios que facilitan las actividades criminales estatales de Venezuela, como los aeródromos militares que el gobierno permite que los cárteles utilicen para operaciones de tráfico de drogas”.
Los analistas sugieren que es probable que una operación militar, “si ocurre”, inicie con un conjunto de ataques con misiles para medir el efecto que tendrían. Si desde el punto de vista militar la tarea parece sencilla y alcanzable, la incertidumbre política es la clave. “¿Colapsará el régimen de Maduro y la oposición será lo suficientemente fuerte como para ejercer control sobre el país una vez que tome el poder?”. De no ser así, la administración Trump enfrentaría el tipo de operaciones militares prolongadas que es en el fondo lo que trata de evitar, concluyen.
Juan Veledíaz / @velediaz424 / EstadoMayor.mx
