La guerra cruel

México, 10 de octubre (Milenio Diario).- A 40 días de que termine la administración de Felipe Calderón, vale evaluar desde una óptica objetiva los saldos de la guerra. Hay negativos, positivos y otros.

LOS NEGATIVOS

El más importante es el daño profundo que la incertidumbre ha dejado en el seno social. La clase política no midió con exactitud la reacción de la gente; en primer lugar, ante las atrocidades cometidas por la delincuencia organizada, y, en segundo, por el efecto de la necesaria intervención del gobierno mexicano para combatir una realidad lacerante. Muy tarde se comprendió la correcta forma de hacer comunicación social.

Se perdió la capacidad de asombro por parte de la gente, es decir, hoy ya no impacta el cruel y cobarde asesinato, tanto de malos como de buenos. No importa hoy si se detiene a un jefe de plaza o a un operador financiero. Ni siquiera causa asombro que a un alcalde lo levanten para ordenarle con que grupo delincuencial debe atenerse. No se alcanza a creer cómo se identifica un cuerpo que ya no existe. ¡Lástima!

No será desde este espacio donde se califique si la estrategia fue correcta o no. Los factores de decisión y operación que intervinieron en esta guerra están muy lejanos a quien esto escribe.

Para los de uniforme, el saldo negativo se extiende desde las voces que en anónimo han intentado desprestigiarlas. Se ubica en el nulo apoyo que recibieron para darles un marco jurídico justo y objetivo. Se inserta en el seno de sus instituciones al tener que realizar acciones que los civiles no tuvieron ni la capacidad ni el valor de emprender.

Por último, existe un saldo que Felipe Calderón se tendrá que llevar; éste es el juicio que la sociedad le dará después del primero de diciembre, ya que en el sexenio venidero, como siempre, el pueblo espera una solución mágica e inmediata a su demanda más urgente. Los muertos y los “daños colaterales” serán la crítica cruel a la que será sometido, que, aunque no son de él, sí tendrá que cargarlos por mucho tiempo.

LOS POSITIVOS

Las fuerzas armadas entendieron a tiempo lo sensible de convertirse en actores políticos visibles. La apertura de su comunicación y de su relación con la gente, es su mejor resultado.

Los de tierra, aire y mar terminan estos seis años con los mayores niveles de confianza dentro de la población, según el INEGI. Estrategias como la campaña La Gran Fuerza de México han generado que muchos ciudadanos se reencuentren con el Ejército, con sus efectivos, con su infraestructura, pero, sobre todo, con la realidad innegable de que el Ejército emana del pueblo y que, por lo mismo, tienen claro que no actuarán en contra de él.

Otro positivo será la esperanza de seguir conviviendo con ellos —no solamente cuando el Plan DN III-E o el Plan Marina se activan para darle batalla a un enemigo implacable— desde la comprensión objetiva que tienen para el país como institución.

OTROS SALDOS

La Sedena cuenta con el porcentaje de asignación del PIB más bajo en América Latina con un 0.49%, solo por encima de Guatemala, que tiene 0.40%. Estados Unidos (4.06 %), Chile (2.43%) y Colombia (2.30%).

Estados y municipios dejaron de ejercer 99.9% del presupuesto federal destinado a seguridad pública. Algo así como 2 mil doscientos millones de pesos.

Solamente el Ejército detuvo en estos 6 años a más de 48 mil personas. Según PGR, en ese mismo lapso se registraron en el país 92 mil 48 homicidios dolosos, de los cuales solo se sentenció como culpables a 679 personas. O lo que es lo mismo 0.73 por ciento.

LA GUERRA CRUEL

En los años 50, Jean Pouget, teniente coronel francés, escribió el libro Honor a los Combatientes. La guerra cruel.

Un extracto a modo de reflexión:

Hice la guerra como un soldado. Soy un profesional, no un mercenario, elegí la disciplina porque limita la violencia. Respeté el código de honor de los Oficiales, un código que aprendí en mi hogar, en la escuela y en el Ejército…

Si estamos acusados de ser criminales de guerra que cometieron atrocidades es porque fuimos vencidos. Nadie pide cuentas a los vencedores. ¡Jamás!

Lo primero es ser el vencedor. Ese es el principio moral de la guerra. La única justificación para ella y sus horrores… ¡Es la victoria!…

Nosotros, los combatientes, no tenemos los medios para saber si la causa es justa o no… servimos a nuestro país y la Patria siempre es buena…’’La victoria no le pertenece al soldado, tampoco la derrota.

Ambas son el resultado de la política de la Nación.

Juan Ibarrola

Cadena De Mando

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