Servicios periciales de vergüenza

México, 10 de octubre (Milenio Diario).- El robo del cuerpo es tan grave como la muerte misma del Z-3, El Lazca o El Verdugo, como se le apodaba a uno de los 37 capos mexicanos más buscados.

Que un “comando armado”, dijo el procurador de Coahuila (sabedor quizá de la existencia de algún “comando desarmado”), pudiera hurtar de una funeraria el cadáver de alguien abatido por la Marina sin su paso de rigor por algún servicio forense, revela tanto la pobreza de recursos técnicos y humanos como que ninguna autoridad tenía, sino hasta después de saberse de la sustracción, la menor idea sobre la identidad del personaje.

La probabilidad de que a El Verdugo se le siguiera dando por vivo es grande: murió hacia el mediodía del domingo; robaron su cuerpo a la una de la mañana del lunes y fue hasta pasadas otras siete horas cuando se empezaron a cruzar las huellas y fotos para saber quién era.

Se despejó la duda… ¡32 horas después! de muerto el segundo criminal que, solo detrás de Joaquín El Chapo Guzmán Loera, fue el principal objetivo de las policías del mundo.

Bien pudo quedar como otro “desconocido” que acabara… en una fosa común.

Carlos Marín

El Asalto a la Razón 

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