Coahuila, el nuevo Michoacán

México, 10 de octubre (La Razón).- Coahuila está roto. En los albores del cambio sexenal, ese estado es hoy un enorme y complejo rompecabezas. Desde hace meses pasan ahí cosas graves. 

La última, que sin duda reviste también un asunto positivo —se ha dado un gran golpe al liderazgo de un poderoso cártel—, es al mismo tiempo la llamada de alerta que no puede ser ignorada, la señal que ya no da margen a evadir preguntas como ¿qué va a hacer el gobierno de Enrique Peña Nieto por los coahuilenses? ¿Qué va a hacer dramáticamente distinto para que Coahuila no se convierta en el Michoacán del nuevo sexenio, estado con el que inició una guerra, territorio que seis años después sigue en manos de los criminales?

Estos son apuntes para una somera radiografía de Coahuila:

—Cuerpos policíacos infiltrados (el caso del subdirector de la policía de Acuña que es acusado de entregar a José Eduardo Moreira a los criminales hace innecesario abundar más en este renglón).

—Masiva fuga de reos de Piedras Negras el mes pasado.

—Asesinato del hijo del ex gobernador que era también, lo hemos subrayado poco, un funcionario público.

—A pesar de lo declarado el 16 de agosto pasado por el gobernador Rubén Moreira, quien dijo que los operativos policíacos habían ahuyentado a Heriberto Lazcano Lazcano de suelo coahuilense, precisamente en ese estado estaba y ahí fue abatido el máximo líder Zeta.

—No hay mes en que Torreón no ocupe uno de los tres lugares del sombrío podio de las ciudades con más asesinatos a nivel nacional.

—Tiene al menos dos zonas de combate, con el peligro inherente para varias poblaciones: el oriente del estado, que tiene como eje a Saltillo, es campo de lucha de Zetas contra el Golfo, mientras que La Laguna padece las consecuencias del choque entre Zetas y Cártel de Sinaloa.

—El operativo federal en La Laguna no sólo llegó tarde, cuando las matanzas en bares eran ya cosa de todos los meses, sino que justo al cumplirse un año del despliegue la presencia de las fuerzas federales no se ha traducido en la baja de homicidios, que sin tregua están rumbo a rebasar los del año pasado.

—Se registran hechos de violencia desaforada como la balacera en las afueras del estadio de los Santos hace un año, o el enfrentamiento con nueve muertos en un funeral el mes pasado.

—Y, no menos grave, otros delitos han ido al alza: el robo con violencia y el secuestro.

Rubén Moreira tiene 10 meses en el cargo y nada ha cambiado para bien. En otros tiempos de presidencias priistas, un mandatario estatal tenía como labor primordial garantizar la gobernabilidad. Coahuila hoy no la tiene. ¿Qué va a hacer el presidente a partir del primero de diciembre? Esperemos que Peña Nieto tome nota de lo que no hizo bien el presidente Felipe Calderón en Michoacán para que los coahuilenses no sean víctimas de una nueva improvisación. Que la prisa no le gane a la inteligencia, incluso en un escenario donde los expertos coinciden en que la muerte de Lazcano se traducirá, por principio de cuentas, en un violento descontrol de la banda criminal que hoy ocupa, como quizá ningún otro estado, Coahuila.

Salvador Camarena

La Razón

  2 comments for “Coahuila, el nuevo Michoacán

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *