Los errores de la incomunicación militar

México, 24 de octubre.- Hace más de treinta años, cuando vivimos la primera “guerra” de los tiempos modernos, cuando un puñado de encapuchados declararon la guerra contra el Ejército Mexicano, y les dispararon, los emboscaron, los humillaron hasta el infinito, quedo demostrada la incapacidad castrense para resolver los urgentes temas de comunicación, incluso para informar los temas más elementales y obvios.

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¿Ha cambiado algo?

Diría que mucho en este sexenio, no lo suficiente.

Diría que vivimos el peor retroceso durante el sexenio anterior, encabezada la SEDENA por el general Salvador Cienfuegos.

Sin embargo, cuando creía que no podía ser peor la cerrazón oficial, combinada con la vocación desmedida para hacer declaraciones impertinentes, devastadoras para el uniforme militar, vinieron los “guacamayos” a mostrarnos el absurdo mayor en la oficina del alto mando militar durante este sexenio, que obligadamente debe haber heredado vicios e incapacidades extremas.

Porque partir, como consta en los documentos oficiales que se han hecho públicos, de que hay columnistas que están a favor de la SEDENA y otros que están en contra es de un infantilismo inmoral, que desmiente la inteligencia militar en toda la extensión del concepto.

Todavía peor, si algo pudiese serlo, es que hayan clasificado como “positivos”, a favor, a personas que la oficina del general Cienfuegos tuvo bajo sueldo, directo, por publicidad o incluso como salario en las instituciones de educación castrenses.

Es jugar a engañarse, o más grave, a engañar al general secretario de ese tiempo.

La lista de “columnistas positivos” a la SEDENA, clasificación torpe, la encabeza personajes que no ameritan siquiera mención, con eso se dice todo porque todos, absolutamente todos los que hemos estado cerca de los militares, sabemos quiénes son y cuál es su historia, para decir lo menos.

Mientras que la lista de columnistas “con tendencia negativa” la encabezo yo. Lo que debería provocar un ataque de risa colectivo.

Simplemente soy, no puedo dejar de serlo por razón de mi actual encomienda diplomática, la decana de la fuente militar. Es decir, por más de 40 años he cubierto información militar.

Bastaría decir que soy, fui, el único civil que estuvo en los cuarteles militares de Chiapas durante la confrontación armada, o que he estado en el despacho de todos los titulares de la SEDENA desde el general Galván, el primero. Están mis libros sobre la realidad militar, están cientos y cientos de cuartillas a favor de la realidad militar.

Ningún periodista, columnista, persona que escribe en medios o en redes sociales, ha defendido más que yo al uniforme militar. Punto. Así de claro.

¿Esto significa renunciar a mi capacidad intelectual, a mi libertad profesional? No, nunca.

Cuando el general Gutiérrez Rebollo fue acusado injustamente de narcotraficante mi voz fue la primera, tal vez la única, que se levantó para defenderlo. Y ni siquiera el general Cervantes Aguirre se atrevió a calificarme como “tendencia negativa”. Cuando vino el desastre de Almoloya también mi voz se levantó para hablar contra la ejecución de civiles.

Nunca tuvo un problema, un pleito con el general Cienfuegos, porque no hubo tema o carácter o razón que lo valiese. Pleito, enfrentamientos, graves, intensos, de peligro verdadero, con el general Cervantes Aguirre que, ambos, los asumimos con valentía y cara a cara, como debe ser.

¿Tendencia negativa cuando fui de las primeras en levantar mi voz a favor del general Salvador Cienfuegos cuando fue inmoralmente detenido en Los Ángeles, California? Vaya que ser “negativa” quedó demostrado en ese momento donde todos los amigos, y muchos bajo sueldo, guardaron un vergonzoso silencio.

La libertad de expresión de un periodista difícilmente puede ser, cabalmente, entendida por personas que, a través de los años, desde que entran al H. Colegio Militar, les exigen callar. Lo que no es admisible es que hombres con tanto poder como tuvo el general Cienfuegos intencionalmente, con la mayor torpeza, casi diría cinismo, jueguen a engañarse sobre quiénes somos los que ejercemos, con valentía igual a la suya, con un inmenso compromiso a favor del uniforme militar, nuestra profesión.

Rodearse de “escribidores” a sueldo le resultó muy caro al general Salvador Cienfuegos. La torpeza de las personas que clasificaron a 21 personas con tendencia positivo, entre ellos maestros o abogados de la SEDENA, y nos “castigaron” sin acceso (durante 6 años completos) a ningún evento oficial, sin que pudiese ningún general y/o jefe militar tomar nuestra llamado porque, entonces sí que había espionaje, de inmediato le era informado al general secretario y éste prohibía toda comunicación, por tener “tendencia negativa” es profundamente lesiva contra la imagen del Ejército.

Lo único que agradezco, profundamente, es estar en esa lista maldita al lado de mi querido Juan Veledíaz que ha escrito columnas, libros excepcionales sobre la realidad militar. Al igual que con Jorge Medellín, compañero periodista que también conoce y sabe lo que implica ser incluido en este tipo de listas. Para mi es un honor que estemos, también aquí, juntos en el escarnio tan cretino…

Isabel Arvide / @isabelarvide / EstadoMayor.mx

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