México, 9 de octubre (La Razón).- Las policías municipales están podridas. El caso de Acuña, donde el subdirector de la corporación, Rodolfo Castillo, ya fue arraigado por su complicidad en el homicidio de José Eduardo Moreira es un claro ejemplo de ello.
En 2009, el general Ubaldo Ayala destituyó a Castillo de la policía municipal porque no le tenía confianza.
En su columna Estado Mayor, la periodista Isabel Arvide escribió que Castillo fue alejado del ámbito policial pero “por razones del poder local obtuvo un espacio en el gobierno municipal”. El pretexto fue que su indemnización era muy alta y ahí lo dejaron a la espera de una nueva oportunidad, como ocurrió con el tiempo.
El general Ayala formó parte de los 16 mandos que dieron forma al “Modelo Coahuila” y que tenía como propósito el controlar a las policías y dotarlas de disciplina, confianza y un razonable grado de eficiencia.
Durante el mandato de Humberto Moreira la seguridad de los municipios más importantes estuvo en manos de militares en retiro, los que fueron contratados con el respaldo de la Secretaría de la Defensa.
El nombramiento provenía del ámbito militar, para evitar que los poderes criminales, e inclusive políticos, pudieran interferir en las tareas de seguridad pública.
Esto es importante, porque hay que recordar que la estrategia de combate al crimen implementada por Moreira contó con el apoyo del ejército mexicano en todo momento.
El gobierno local invirtió recursos, y es lo que de algún modo explica que la violencia no irrumpiera con la fuerza con la que lo hace ahora.
Una de las claves radicó en que el gobernador Moreira siempre insistió en que se debería privilegiar la prevención.
Inclusive implementó operativos para complicar la llegada de grupos criminales provenientes de zonas de verdadera guerra como Nuevo León y Tamaulipas.
Se trataba de debilitarlos y de detenerlos, pero privilegiando la seguridad de los ciudadanos.
Moreira también impulsó la creación de la Fiscalía del Estado, para contar con una dependencia que además de autonomía contara con el manejo de la seguridad pública y la procuración de justicia.
El Modelo Coahuila y la Fiscalía Estatal ya no existen y quizás ello explica porqué cambiaron las cosas de modo tan radical.
Por ejemplo, el que un policía como Castillo haya vestido de nueva cuenta un uniforme habla de fallas en el modelo de supervisión, por decir lo menos.
Tal vez otros habrían traicionado a la sociedad para aliarse con los delincuentes, pero Castillo ya estaba fuera y le permitieron volver a entrar. Una vergüenza y además inquietante por todo lo que implica.
Por si esto fuera poco, Castillo reprobó los exámenes de control de confianza, hace unos meses, pero se le mantuvo en el cargo porque su descalificación “sólo se refería a su condición física”.
Lo más grave, sin embargo, es la enorme penetración de los criminales en los ámbitos municipales.
Las cosas cambiaron, a decir de quienes conocen del asunto, porque ahora se privilegia un esquema de confrontación directa, que está más acorde con los esquemas que se plantean desde el ámbito federal.
Julián Andrade
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