El Talibán, Iván Velázquez Caballero, Alias “El Z-50”, controla Quintana Roo

México, 1 de octubre (Redacción).- Hace siete años, Isabel Arvide en el periódico Por Esto en Quintana Roo, ya había denunciado al que hoy se presume como una de las principales capturas de este sexenio.

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Iván Velázquez Caballero, detenido como jefe de los Zetas en San Luis Potosí, también fue jefe de plaza en Quintana Roo, como bien señala la periodista.

Aquí la columna de hace siete años:

Cancún, Quintana Roo.- ”Ya estando en Río Bravo, el 50 les dijo que ellos habían matado a los agentes federales de investigación de Cancún porque luego de negar que ellos hubieran tomado la droga y el dinero de el 50, cuando éste estaba a punto de dejarlos ir, les revisaron los bolsillos de sus ropas y a uno de ellos le encontraron una fotografía de el 50, logrando saber que los agentes federales de investigación tenían la encomienda de detener a el 50 y de entregarlo a la contra, por lo que decidieron matarlos y, subiéndolos a la camioneta que llevaba el 50 y su gente, los llevaron hasta la carretera que va de Cancún hacía el aeropuerto se metieron a una brecha que queda hacía la derecha, antes de llegar a dicho aeropuerto, para luego de avanzar aproximadamente diez kilómetros los mataron, sin saber más detalles”.”

Este es el testimonio de Pablo Sun Tuil, exkaibil detenido en la balacera del 6 de noviembre del 2005, cuando habían “secuestrado” al comerciante en licores apodado “El Español” en una casa de la calle Efraín Aguilar de la ciudad de Chetumal. A quien se refiere como “El Talibán” o “El 50” es Iván Velásquez Caballero, exmilitar, compañero del “comandante Mateo” detenido en Tabasco, ambos responsables de la plaza de Nuevo Laredo y miembros de lo que se ha reconocido como la “primera generación” del grupo de sicarios al servicio de Osiel Cárdenas que conformaron lo que hoy conocemos como “Los Zetas”. De acuerdo a un informe del FBI dado a conocer en agosto del año pasado, 2005, Velásquez Caballero estaría entre los primeros Zetas, el grupo que conformó Arturo Guzmán Decena, Zeta 1, que originalmente estaría al servicio de Osiel Cárdenas como guardaespaldas. Fueron desertores del Ejército, y aunque no se admite oficialmente estaban entrenados como parte de un grupo de elite con gran conocimiento de armas.

Un reportaje de la revista Milenio, fechado el 15 de agosto del 2005, firmado por Jeannette Becerra Acosta asevera que estos “desertores” fueron entrenados en la fue “La Escuela de las Américas” con sede en Fort Benning, hoy Western Hemisphere Institute for Security Cooperation. Según organizaciones de derechos humanos norteamericanas que buscan la clausura de esta institución militar, también conocida como una “escuela de asesinos”, los militares mexicanos que se convertirían en “Los Zetas” fueron entrenados –junto con colombianos que participan en el combate al tráfico de drogas- con conocimientos de “inteligencia”, así como de estrategia y de seguridad nacional, además de “operaciones especiales”. Por eso se habla de su participación en los grupos de elite del Ejército Mexicano conocidos como “Gafes” aunque, oficialmente, se diga que no eran sino soldados de caballería por cierto que desertaron. El nombre de “Zetas” les fue dado por su primer jefe, el Zeta Uno, ya muerto, a partir del código de radio con que fueron identificados para distinguirlos de los agentes federales en las plazas de provincia donde se ubicaron en el principio. También habría referencia al color del uniforme militar que aunque parece verde es realmente “azul zeta”. Hasta finales del año pasado habrían sido detenidos por la SIEDO diecisiete miembros de “Los Zetas” comparado con los 119 lugartenientes, sicarios y jefes del Cartel del Golfo. De entre estos detenidos cinco serían “kaibiles” como Pablo Sun Tuil, alías William Mendoza, y también apodado“El Dandy”, preso bajo la causa PGR/SIEDO/UEIDCS/253/05. Es de acuerdo a su declaración ministerial que es posible comprobar lo que se habló mucho tiempo: que los Zetas están en Quintana Roo, que el “jefe” es “El Talibán”, también conocido como “Zeta 50”, Iván Velásquez Caballero, junto con su hermano “El Talibancillo” o “Zeta 52”.

Ellos habrían llegado a Cancún en septiembre del 2004 precisamente para controlar una plaza donde, siempre en seguimiento a su declaración, “los elementos de la Agencia Federal de Investigación no querían trabajar con él ya que estaban arreglados con la contra, al parecer con la gente de El Mayo Zambada. Vino después el incidente del “robo” de seis kilos de cocaína y aproximadamente quince mil dólares que devino en el asesinato de los agentes de la AFI ya mencionado. Entonces se retiraron de Cancún… pero por poco tiempo. “A finales de enero de dos mil cinco, “El Chamoy” les dijo a “El Vives, a “El Mili” y a él que iban a regresar a Cancún…se dedicaron a descansar durante dos meses en la casa que habían ocupado la primera vez, sin salir de ella. En el mes de abril de dos mil cinco, “El Chamoy” les dijo que empezarían a salir, por lo que a bordo del Chevy daban vueltas… en el mes de abril de dos mil cinco, portando las armas cortas que habían dejado en Cancún, “

El Chamoy” ordenó que “levantarán” a dos sujetos del sexo masculino, familiares entre sí, de apellidos Aguilar, porque traficaban con cocaína y que vivían al parecer por una avenida denominada Ruta Cuatro… luego que los levantaron los llevaron a la casa donde vivían… “El Chamoy” ordenó que dejarían al sujeto más joven quedándose el mayor Luis Orlando Aguilar Gómez… por el mes de mayo, por ordenes de “El Chamoy” levantaron a un sujeto apodado “El Carmín” en una tiendita de su propiedad por la avenida Talleres…” Frente al ministerio público federal el “kaibil” siguió dando pormenores de los crímenes de Los Zetas en Quintana Roo.

¿Dónde estaba la autoridad local, municipal, estatal y también la federal?

Supongo que la respuesta nos las deben a los ciudadanos, no solamente a quienes habitan Quintana Roo. Estos sujetos habrían llegado a Chetumal para “comprar cocaína” de un sujeto apodado “El Tío”, de nombre Chema, que supuestamente controla la plaza “para bajar aviones” siendo apoyados por un elemento de la policía federal de caminos de nombre Amadeo Castillo, adscrito a Chetumal. Ahí rentaron una casa casi enfrente de donde vive el procurador de justicia del Estado, Bello Melchor Rodríguez, muy cerca del Casino Naval, donde coincidentalmente había vivido la hija del anterior gobernador Joaquín Hendricks. Este es el grado de ostentación con el que se han movilizado en la entidad.

“Asimismo, ya estando en Chetumal, por instrucciones del “Chamoy”, “Leo” le entregó diez mil dólares americanos al comandante de la policía de Majagual como pago de protección para continuar con sus actividades de narcotráfico. También el “Chamoy” le regaló una camioneta marca Nissan, tipo Pathfinder, color gris oscuro a un elemento de la Agencia Federal de Investigación, apodado “El Primo”, camioneta con placas del Distrito Federal.

Luis Raúl Carrasco Bustillos es la persona a la que “El Chamoy” se refiere como “El Primo” esto es parte de un testimonio con validez legal firmado por el ya citado “exkaibil” Pablo Sun Tuil. Tres días después de la balacera en Chetumal, cuando ya el “comandante” de la plaza de Chetumal de apellidos Carrasco Bustillos había sido arraigado por la SIEDO, comencé a recibir amenazas de muerte en su nombre, como consta en las denuncias correspondientes levantadas tanto en la PGR como en la CNDH. En mi vida, con anterioridad a estas llamadas, había sabido de la existencia de este sujeto. Después del asesinato del coronel Flores, cuando dimos en POR ESTO, la exclusiva de la participación de Los Zetas a través del jefe de seguridad del “taibol” de la zona hotelera de Cancún “The One”, supe que había una fotografía de estos en poder de la autoridad estatal. No es la única prueba, seria muy fácil saber quién es, por ejemplo, la “taibolera” que frecuentaba en este antro….

La imagen del “Talibán”, del jefe, del Zeta 50, de Iván Velásquez, del compañero del “comandante Mateo” detenido en Cunduacán Tabasco, que reproducimos hoy forma parte de un expediente de inteligencia norteamericana, de una agencia policíaca de ese país. Honestamente pasé largas horas decidiendo si había que hacerla pública. Escuchando en el interior no de mi mente sino de mis arterias, de mi cuerpo, de mi corazón en el sentido más estricto, la declaración donde uno de los protagonistas criminales asegura que los agentes federales fueron asesinados por esta fotografía. Me pregunté a solas si valía la pena, una amiga me dijo que reza por mí, otro amigo general me ofreció un portagranadas para mi defensa….

Lo cierto, después de un largo insomnio, es que la coyuntura es simple: estas en contra o a favor. Punto. Si uno no quiere ser cómplice de estos “mugrosos” que amenazan la soberanía nacional con su violencia hay que denunciar, hay que hacer la parte que corresponde. Las amenazas de muerte ya existen, ya están documentadas, ya son parte de mi rutina y no es fácil, no se puede evitar el miedo, pero tampoco hay opciones. Al menos no las he encontrado en mi conciencia. No tendría otra patria donde vivir, tampoco otro espejo donde verme cada mañana. Se trata, también, del país que uno quiere. En cuanto a querencia, de querer, y también al sentido semántico de imaginar, de desear a futuro. Yo, primera persona del singular, quiero un país sin cabezas arrojadas a los edificios públicos, sin asesinatos sin culpables detenidos, sin violencia institucionalizada por la corrupción de las autoridades, sin impunidad para el crimen organizado. Y como lo que soy, periodista, mujer, ciudadana, me corresponde hacer mi parte…

Aquí está la fotografía, aquí está la imagen del jefe de la plaza en el argot criminal, del líder de los sicarios que la autoridad no puede, no quiere o no sabe encontrar en Cancún. Cada cual, a partir de esto, con su responsabilidad

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