¿Quién mandará el Ejército?

El tiempo avanza con pasos de gigante. No sólo se decidirá pronto quién gobernara este país a partir del 2012, sino que la lucha contra la delincuencia y el narcotráfico, por medio de cerca de 300 mil hombres sobre las armas, estará al mando de un hombre cuyo nombre figura ya en la lista de quienes integrarán el próximo gabinete, cualquiera que sea el partido que gane.

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Digo que ese hombre que pronto lucirá cuatro estrellas ya figura en la lista de comandantes potenciales porque el problema que dejará Felipe Calderón será de tal magnitud que los nuevos mandos deberán estar ya muy bien preparados para recibir las futuras encomiendas.

¿Cómo se prepara un general para recibir en paquete y de su solo golpe toda la responsabilidad del Ejército y el conocimiento de los grandes secretos nacionales, especialmente cuando el círculo del alto mando conforma esa cofradía cerrada, donde no se permite la entrada más que a unos cuantos escogidos?

Quiérase que no, el alto mando militar presenta una terna al candidato triunfante y de entre ellos sale el Secretario de la Defensa Nacional.

En contraste a lo que pasó a finales de otros sexenios, cuando mucho hay cuatro generales con los atributos necesarios para hacerse cargo de esta parte de las Fuerzas Armadas. Los cuatro están un promedio de edad de 60 años. Un cuarto divisionario dejará pronto su cargo para ir a colaborar con Peña Nieto.

Su nombramiento dependerá de la situación del país: si sus problemas mayores son económicos o administrativos será un general de gran experiencia en esos temas, como Moisés Augusto García Ochoa. Si el problema sigue siendo esa lucha contra la delincuencia, un general recién traído a la plana mayor, un militar considerado general-soldado será el escogido. El tercero pudiera manejar todos los temas, aunque su posición dentro de la plana mayor no es del todo bien vista por el resto de los generales. Puede salir de de Carlos Demetrio Ochoa, Luis Oliver Cen y Salvador Cienfuegos.

Existe en el Ejército una creencia: que el general que comande la columna militar del último año de gobierno, ocupará la Secretaría de la Defensa Nacional.

En la Marina-Armada de México existe un mayor número de candidatos a ocupar el mando naval, aunque sólo dos tienen posibilidades claras por su experiencia en el mando mayor naval. Los problemas no son sólo operativos, es decir, no sólo deben mantener la lucha contra la delincuencia, sino que el comandante en jefe debe preocuparse por el soldado verde olivo.

Pero son otros factores los que en un momento dado influirán en el nombramiento de los altos mandos. Por ejemplo, Felipe Calderón está promoviendo que Canadá y Estados Unidos participen en lucha contra el tráfico de armas. Esta es una lucha igual o más grave que la del narcotráfico. De no detenerse la violencia será la base de la vida social en el país.

El negocio del tráfico de armas es tan antiguo, sangriento y costoso como el de las drogas. Sin embargo, sus antecedentes más marcados arrancan en 1995, tiempo suficiente para organizarse mejor que los cárteles.

Según informes oficiales de las secretarías involucradas en el combate a la delincuencia organizada, la modalidad preferida de los traficantes de armas es comprarlas a ciudadanos o residentes legales a cambio de fuertes cantidades de dinero.

Así, señalan los informes, los traficantes median entre el interesado y el vendedor autorizado de armas, para introducirlas a México, tanto por los 19 cruces de paso formales como por los incontables cruces informales a lo largo de los 3 mil 152 kilómetros de frontera común.

El escándalo de la operación Rápido y furioso rompió con todos los medios operativos, cuando anteriormente se daba el tráfico hormiga y no en grandes cantidades a la vez. Hasta el momento, en cuanto al tráfico de armas, se tienen identificadas cuatro rutas:

Pacífico. Tijuana, Mexicali, San Luis Río Colorado, Nogales, Culiacán, Tepic, Guadalajara, Morelia, Chilpancingo, Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez y Tapachula.

Centro. Ciudad Juárez, Chihuahua, Durango, Morelia, Chilpancingo y Oaxaca.

Golfo. Ciudad Acuña, Piedras Negras, Nuevo Laredo, Ciudad Miguel Alemán, Reynosa, Matamoros, Ciudad Victoria, Veracruz y Tuxtla Gutiérrez.

Sur. Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez, Ciudad Cuauhtémoc, Tapachula y Ciudad Hidalgo.

Lo que se desconoce es el volumen de armas ilegales que circulan en México, pues las organizaciones dedicadas al narcotráfico no controlan el contrabando de armas de fuego; “su red de distribución contacta a personas que compran armas, pero estas personas necesariamente tienen vínculos con la organización, aunque trabajan de manera independiente. Esto responde a la oferta de armas en el mercado estadunidense y a la demanda por parte de las organizaciones delictivas, lo cual es el resultado de la exigencia por mantener el control del territorio.”

Diez tipos de armas que ingresan a México vienen de Estados Unidos: Colt, Marlin Firearmas, Bushsmaster Fierarms Beretta USA Corp, Raven Arms, Remingon Arms, Smith & Wesson, Mossberg y Jennings Firearms.

El resto viene de China (Norinco), Italia (Pietro Beretta), Bélgica (Brownig), Rumania (Romarm/Cugir), España (Gabilondo y Cía) y Austria (Glock GMBH).

Hasta 2009, las autoridades habían decomisado más de 35 mil armas, entre largas y granadas, así como más de 4 millones de cartuchos.

El tráfico abarca ya casi todo el país. En armas largas los estados más relevantes son Michoacán, Tamaulipas, Sinaloa, Sonora, Baja California y Chihuahua. En municiones Tamaulipas, Baja California, Michoacán, Sonora, Sinaloa y Chihuahua.

En granadas Tamaulipas, Michoacán, Chiapas, Sinaloa y Nuevo León.

Por otra parte, el análisis de los aseguramientos de armas de fuego y municiones, y de la detención de personas permiten establecer que las organizaciones delictivas identificadas como cártel del Golfo y Los Zetas son las de mayor presencia y activismo delictivo y violento.

Javier Ibarrola.

Fuerzas Armadas

Milenio Diario

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