Fragata

México, 23 de agosto.- El presidente electo se mueve a sus anchas y más allá de límites razonables gracias a la acelerada disolución del mandatario vigente y al doble desgaste al que sometió a prácticamente a todos sus colaboradores.

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Esa dinámica ha propiciado cosas como la ocurrida el martes, cuando Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador, acompañados de sus respectivos gabinetes, se reunieron una vez más en Palacio Nacional para mostrar el tamaño del vacío, cuando lo que intentaban era dejar muestra de una tersa transición presidencial.

En ese tono transcurren sin el menor recato las presentaciones de los nuevos funcionarios que acompañarán a Obrador los próximos seis años. Están casi todos. Solo faltan en la pasarela los secretarios de la Defensa Nacional y de la Marina-Armada de México.

El general Audomaro Martínez Zapata y el almirante José Solano Ochoa -los hombres fuertes de AMLO para decidir a los nuevos DM-1 y M-1- se comprometieron a respetar los tiempos y formas en las que las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de la Marina-Armada de México (Semar) buscan a los sucesores de sus altos mandos.

Pero los tiempos, el contexto, las urgencias y los ánimos neo presidenciales son otros. La disciplina que obligaba a esperar hasta las últimas horas del último día de noviembre del sexenio en extinción, quedó atrás. López Obrador se desplaza sin resistencias. Peña es ahora una mera referencia del problema heredado; es una caricatura impune que ni al tabasqueño interesa.

El vacío de poder dejado por Peña Nieto y la desabocada dinámica del tabasqueño -apuntalada por el capital político que le dio el triunfo en las urnas- propiciaron el bizarro encuentro del martes en Palacio Nacional, más cercano por momentos a las habladas de Pedro el malo y Jorge el bueno en Dos tipos de cuidado, que a un acuerdo entre estadistas comprometidos a rescatar un país que en varios aspectos está reventado por los cuatro costados.

A los militares y a los marinos de alta responsabilidad el acercamiento de bandas gobernantes los irritó en extremo. Coraje es palabra de corto alcance para calificar el manoseo del que se sintieron objeto en Palacio Nacional.

No en balde, en 2016, el almirante secretario Vidal Soberón, soltó al aire una lapidaria frase para ilustrar los tiempos malos del peñismo: “Al final, a los militares se nos busca como perro de rancho; se nos suelta para defenderlo y y se nos guarda en las fiestas”.

Y el martes la fiesta morenista se organizó sobre las ruinas y el rescoldo de los que se están yendo cada vez más rápido.

Por eso es muy difícil que los nombramientos esperados de quienes mandarán en la Sedena y en Marina se produzcan hasta el último día de noviembre, aun a pesar de Audomaro y de Solano.

Las horas para conocer a los sucesores del general Cienfuegos y del almirante Soberón está contadas y los nombres de los posibles y más sólidos aspirantes saltan por todas partes.

En la Sedena, tras es descarte que la gente de AMLO hizo del general subsecretario de la Defensa Nacional, Roble Arturo Granados, el primer sitio de la dichosa terna lo ocupa ahora el general Felipe Gurrola Ramírez (Inspector y Contralor General), el segundo sitio es para el general Emilio Zárate Landero (Oficial Mayor), el tercer puesto es para el general Alejandro Saavedra Hernández (Jefe del Estado Mayor de la Sedena).

De esta terna el candidato más fuerte y muy probable titular de la Sedena es el general Gurrola.

En el caso de la Marina, la terna está encabezada por el almirante José Luis Vergara Ibarra (Oficial Mayor), el segundo puesto es para el almirante Enrique Sarmiento Beltrán (Subsecretario) y el tercero en la lista es el almirante Luis Gerardo Alcalá Ferráez (Jefe del Estado Mayor General).

Vergara es, por mucho, el más adelantado en la sucesión naval luego de haber superado escollos mediáticos como el asunto de la invención de Televisa sobre la fantasmal niña Frida Sofía, tema en el que el Subsecretario Sarmiento acabó muy mal al interior de la Marina, pese a las reiteradas disculpas y acercamientos que intentó para congraciarse con diversos mandos. Vergara fue uno de ellos.

Al final, y ante una caballada flaca, el almirante secretario Vidal Soberón se vio obligado a meter en la terna a Sarmiento, quien no buscaba estar entre los elegidos, pero aguantó la decisión de su mando superior sin protestar.

Alcalá Férraez sí dio de que hablar y se movió al interior de la Semar para hacer valer sus méritos y aparecer en la terna naval. Pero la lista no acaba ahí.

El almirante José Solano Ochoa, asesor y cercanísimo a López Obrador, ha recibido con insistencia toda clase de referencias en torno al almirante Juan Guillermo Fierro Rocha (Comandante de la Cuarta Región Naval en Guaymas, Sonora, desde enero de este año), y a quien se ha señalado por supuestamente haber buscado acercamientos directos con AMLO en 2017.

La terna naval está lista pero no ha sido entregada aún al almirante Solano Ochoa para que este le aconseje a la mayor brevedad al presidente electo cual de los mandos de la plana mayor debe ser el nuevo secretario de Marina.

Esta es una semana decisiva en el tema.

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx

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