Votar con las vísceras



México, 11 de mayo.- Uno se enamora “visceralmente”. Es decir, con el cuerpo, con los sentidos, con las emociones, según la semántica del calificativo. ¿Es posible elegir a un gobernante de igual manera?

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Por lo pronto, Enrique Peña Nieto encabeza una campaña contra esta posibilidad. No descuida oportunidad política para pedir a la ciudadanía, a todos quienes quieren escucharlo, que el 1o. de julio no voten guiados por sus “vísceras”.

Extraño planteamiento a final del gobierno de un hombre que llegó, precisamente, impulsado por las “vísceras”, las emociones del retorno del PRI a Los Pinos, junto con el partidismo femenino a su favor, totalmente irracional.

Un hombre, Peña Nieto, que protagonizó una historia de telenovela, con boda en catedral incluida, para sumar a esta clientela tan dada a vivir de acuerdo con lo que dictan sus “vísceras”.

Es obvio, él mismo bromeando lo acepta, que cuando habla de no votar con el estómago u otra “víscera” se refiere a no votar guiados por el enojo que él, su gobierno, despiertan. Insisto en que se trata de una muy extraña petición de final de sexenio.

Primero los enoja, a millones y millones de mexicanos, y luego les dice que así no, que hagan a un lado su rabia, indignación, furia a la hora de cruzar la boleta que, por cierto, tiene trampa por la repetición de casillas que harán fácil anular votos.

¿Es Andrés Manuel el candidato que suma los votos “viscerales”, los votos del enojo social? Sí, definitivo. Tiene, también, los votos de la esperanza. Es el candidato que convence profundamente a millones de mexicanos que quieren un cambio profundo, que se resume en un regreso de la permeabilidad social. Es la opción para muchos millones de priístas, que encuentran en él un retrato viviente de las mejores virtudes del PRI de hace 30 o 40 años.

Virtud priísta, por ejemplo, la de “borrón y cuenta nueva”, la de gobernar viendo al futuro y no buscando debajo de las alfombras cómo vengarse o encarcelar a los antecesores. Virtud priísta, por ejemplo, la magnificencia de su cercanía, sin exceso de seguridad ni militares ni solemnidades. Virtud priísta, por ejemplo, la discreción de la esposa. Virtud priísta la de prometer.

Y, supongo, si lo ponen debe saber tocar la tambora, como René Juárez.

José Antonio Meade no le habla a las “vísceras” de los electores. Ni a las enojadas ni a las que pueden emocionarse, pueden enviar señales al cerebro. Porque insiste, no hay manera de cambiar su discurso, en dirigirse a la sociedad desde la plataforma de su superioridad, de su impecable honestidad, cuando los mexicanos son en general un “poquito” deshonestos.

Eso no lo ha entendido. En cambio, López Obrador con su compromiso de iniciar una cacería de brujas al tomar posesión les habla a muchos, que no quieren a los funcionarios en la cárcel sino que no roben tanto, que si roban no les afecte a tantos millones de mexicanos que lo hagan, como sucede con el socavón de la carretera de Cuernavaca.

Por esto, y tanto más, la campaña contra el “voto visceral” de Peña Nieto va a fracasar, hace tiempo que la decisión a favor de López Obrador, para millones de mexicanos, está conformada con vísceras, cerebro, miedo, empatía, y hasta veneración… difícil competir…

 

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estadomayor.mx



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