Bitácora de Vuelo

México, 4 de mayo.- El general Enrique Vallín Osuna, comandante de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), se sube al ring preelectoral y le revira a Andrés Manuel Obrador -por órdenes del general Cienfuegos y del presidente Peña- sus dichos sobre visitas propias o ajenas a los terrenos de la Base Aérea Numero 1 de Santa Lucía para verificar sus condiciones y elaborar estudios técnicos o cosas parecidas que demuestren la posibilidad de construir ahí dos pistas de aterrizaje civiles, alternas a las militares.

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Mientras esto sucede, en Hermosillo, Sonora, inició la instalación de una parte del sistema de radares hemisféricos que el Pentágono y la Casa Blanca ordenaron colocar en territorios de naciones amigas para detectar y dar seguimiento a vuelos sospechosos.

Se trata de los radares TPS-70, Mobile Air Surveillance System (MASS), un sistema portátil de mediano alcance diseñado para detección e identificación de blancos aéreos sospechosos. Los datos de MASS TPS-70 pueden ser compartidos en tiempo real con varias bases militares y centros de control de tráfico aéreo civil (si se requiere) o castrense.

El radar montado en Hermosillo no es permanente. Es un equipo a préstamo estratégico por parte del Comando Norte de los Estados Unidos.

 

La instalación del radar MASS TPs-70 es parte de los acuerdos de cooperación alcanzados con el Comando Norte y ha estado apoyada por otras iniciativas y ejercicios de defensa aérea continental como el “Amalgam Eagle”, que se efectuó en julio 2017 precisamente en la Base Aérea Número 18 de Hermosillo, Sonora.

La FAM ha participado dos veces en este ejercicio; la primera en 2016, con un equipo que hizo un ejercicio de gabinete para coordinarse con sus pares del Comando Norte en tareas de identificación, alerta e intercepción de aeronaves invasoras en el hemisferio que pueden venir desde el sur del continente o bien desde cualquiera de los dos océanos.

La segunda participación de la FAM fue en 2017, pero esta vez con aeronaves equipadas para recibir y transmitir datos en tiempo real. En sus primeras etapas, el ejercicio “Amalgam Eagle” tenía como uno de sus puntos finos el de evitar que durante una operación de intercepción aérea los aparatos mexicanos chocaran o estorbaran a los aparatos estadunidenses.

Esto era teóricamente posible cuando la FAM contaba todavía con al menos cinco jets F-5F que luego se redujeron a tres y después a uno o dos aparatos de los 12 que llegaron a tener.

Ahora, el Amalgam Eagle en realidad está orientado a entrenar a los militares mexicanos para responder en tiempo real ante amenazas de tipo más local o regional para ir un paso delante de sus pares estadunidenses en determinado tipo de incursiones aéreas.

El componente de cooperación bilateral con los Estados Unidos se enfoca en realidad en aspectos que permitan ampliar la operatividad norteamericana en el hemisferio y al mismo tiempo hagan que las fuerzas armadas mexicanas se involucren sin que las iniciativas de sus vecinos del norte vulneren la soberanía nacional.

La colocación de radares móviles MASS (Mobile Air Surveillance System) en territorio mexicano forma parte del esquema de control estratégico de la USAF y del Comando Norte en el que la otra parte de la pinza la cierran el Comando Sur y la Armada de México en la frontera sur del país, con resultados notables hasta el momento.

El despliegue militar norteamericano en territorio nacional es real y creciente. A principios de este año una fotografía tomada en la Base Aeronaval de La Paz, en Baja California Sur, causó inquietud y toda clase de especulaciones por tratarse de un drone avanzado de los Estados Unidos.

Se trataba de un Predator B de la USAF que se reabastecía en la base de la Marina de México. Se pensó al principio que era un Wing Loong chino, un drone de altitud media que estaba siendo probado por sus fabricantes a petición de militares mexicanos. Nada de eso. Era el Predator B que concluía un patrullaje fronterizo y volaba sobre territorio nacional previo acuerdo gubernamental.

La llegada del MASS TPS-70 se produce en un momento incómodo, de eventual quiebre en las relaciones militares binacionales con los Estados Unidos por las bravuconadas del presidente Donald Trump en el tema migratorio y de cooperación fronteriza.

Como respuesta a las necedades de Trump, el Senado mexicano amenazó con replantear las relaciones militares con los Estados Unidos, especialmente las concesiones y negocios hechos entre las dos naciones para empujar la modernización de las fuerzas armadas mexicanas.

De ahí el alejamiento de la Marina en el tema de los helicópteros MH-60R Seaking que Washingnton buscaba venderle. Una de las consecuencias del enfriamiento en esa parte de la agenda de cooperación derivó en el súbito interés naval para revisar la muy probable compra de un helicóptero NH-90 Sea Lion de Airbus en lugar del paquete de Sykorsky.

¿Quién interceptará en la FAM los vuelos ilícitos que detecte el MASS TPS-70?

Los Texanos, los T-6C desplegados en el norte y noreste del país. Para eso están. Para eso son. Para sustituir a los tigres que no volarán más en esas misiones.

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx

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