Publicar o no publicar, ¿Hasta dónde debemos manchar de sangre las redes sociales?

México, 20 de enero.- Hay leyes para proteger a las víctimas. Que se refieren a la publicación de fotografías. Una de ellas viene del Gobierno de Marcelo Ebrard en la Ciudad de México. Son locales. No existen nacionales para proteger la intimidad de personas que sufrieron un accidente o fueron baleadas.

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Sí existen leyes nacionales para proteger el anonimato de los menores de edad que se vean involucrados en hechos delictivos, tanto como víctimas o como presuntos culpables. Que prohíben, incluso, la publicación de su nombre.

Toda esta legislación es anterior al auge de las redes sociales.

Por lo tanto, queda en una zona muy difusa la reglamentación para la “publicación”, es decir para subir a tu espacio privado de comunicación, como es el Twitter, una imagen que puede afectar la intimidad de terceros.

A todo esto, hay que agregar el tema de la velocidad de la difusión de hechos, noticiosos o no, en estos espacios de Internet. Principalmente Twitter. Porque los medios de comunicación tradicionales que utilizan, también, espacios para divulgar su información en Internet tienen mucha competencia, la de los ciudadanos, la de los mismos protagonistas en ocasiones, la de otros medios tradicionales, y la de portales noticiosos de Internet. Para todos hay un tema primordial: La inmediatez.

Que equivale a poner en tu espacio, que es privado, aunque tengas varios cientos de miles de seguidores, “noticias” antes que ese gran espectro de “otros”.

Cuando la información proviene de un hecho trágico, como lo sucedido este miércoles en el Colegio Americano de Monterrey, estas “publicaciones” personales adquieren mucha “clientela”. Es decir, muchos “seguidores”, muchos interesados en saber, en ver, en comprobar qué sucedió.

Tal vez por eso medios de circulación nacional subieron, de inmediato, fotografías de los niños heridos… aunque en realidad parecerían estar muertos por la gravedad de sus heridas y la cantidad de sangre.

La noticia era que un niño había disparado contra varios de sus compañeros y una maestra para, después, pegarse un tiro. Un horror desde cualquier punto de vista.

¿Qué misión periodística cumplía la publicación, porque en un portal de noticias que corresponde a un medio de información, a un diario con circulación nacional, estamos hablando justamente de esto, de publicación, de dichas fotografías? ¿Era una exclusiva?

Quiero suponer que hay reglas internas, relacionadas con la ética, válidas para los medios de comunicación. No parecen existir en el ámbito legal. Así, la decisión de publicar o no fotografías de niños moribundos, heridos, desmayados en un charco de sangre por las balas de un compañero, se convirtió en algo muy personal.

Como las imágenes se volvieron “virales”, es decir, muy vistas, muy “retuiteadas” en redes sociales, principalmente en Twitter, se sobredimensionó el tema.

En lo personal, me parece que no era necesario difundir estas imágenes. Que había que respetar el dolor de padres, de madres, de familiares de las víctimas.

De igual manera decidieron muchos periodistas, medios de comunicación. No fue la decisión de muchos miles de ciudadanos.

Como un asunto tan delicado no puede quedarse en el “limbo” de las redes sociales, habría que llegar a un acuerdo social al respecto. Insisto: “acuerdo social”, porque no puede ni debe limitarse la libertad de expresión que nutre las redes sociales.

Los medios escritos, la televisión, deben apegarse a leyes que, quiero creer, protegen a las víctimas. Ellos venden la información, ellos tienen un negocio. Es muy diferente lo que sucede en un espacio donde cada uno es libre de leer y de escribirle a otro. A veces con nombre propio, otras bajo un seudónimo. Y cada cual es igual de libre de repetir lo que otro escribió. Son, en el más amplio sentido de la palabra, comunidades.

Por eso debemos llegar a un “acuerdo social”.

Los llamados particulares, los que hizo la misma escuela, para que no fuesen publicadas ni “retuiteadas” las fotografías, llegaron tarde. Los oficiales, léase Miguel Osorio Chong, todavía más tarde. Lo único que puede detener este tipo de publicaciones, horripilantes, es un “acuerdo social”.

Y, mientras eso se da, el rechazo de la comunidad del Twitter, de Facebook, de todas las redes sociales, a quienes insistan en llevar sangre a sus espacios de comunicación…

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor MX

 

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