Policía Militar suplantando fuerzas del orden público: indicador de un Estado fallido.

México,. D.F., 11 de octubre.- Este lunes 10 de octubre, La Jornada publicó una nota titulada “La Policía Militar asumirá tareas de seguridad pública“. Como la mayoría de la información relacionada con el Ejército, Seguridad Nacional, y Policía, pasó sin mucho revuelo. Lo cual es preocupante, la posibilidad de que un cuerpo de Policía Militar suplante a las fuerzas públicas debería de bastar para alarmar y hacer que la sociedad “pegará el grito en el cielo”. De la misma manera, el Ejército y las Fuerzas Armadas debería reclamar el estar siendo asignadas a funciones que no propias de su misión.

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Es preocupante porque habla mucho del tipo de sociedad que somos versus la que deseamos. Mientras que el clamor de la sociedad mexicana exige un alto a la violencia y al crimen, poco se grita sobre el cómo hacer esto posible. Nuevamente la lógica más elemental o simple, se impone a una labor de análisis y decisión dentro del Estado mexicano, sin las debidas hipótesis, situaciones a encarar y posibles consecuencias/resultados.

El Ejército no debe asumir las funciones de orden público. Punto. Esto sólo sucede en un Estado fallido o rebasado en su capacidad para salvaguardar el orden. Precisamente la implementación de un Estado de Derecho y sus leyes se crean para no recurrir a las armas como una resolución ante conflictos o desacuerdos.

Las Fuerzas Armadas de una nación se adiestran, capacitan, organizan y equipan para acciones ofensivas o de defensa en una guerra. Así ha sido desde el origen de las primeras sociedades cuando fue importante la defensa o consecución de territorios para cultivo u otras necesidades elementales.

Para atacar o defendernos del enemigo. En las sociedades modernas suponen el último eslabón cuando la política o diplomacia fallan. Las Fuerzas Armadas no se mueven en el mundo de la política sino en de las órdenes. De la estrategia. De la capacidad de respuesta o ataque. De consecución de fines y supervivencia.

En México, ya se pueden contabilizar décadas llevamos en las cuáles el Ejército ha sido el último eslabón del cual pende el orden social. La resolución que da pie a este artículo es por sí sola una aberración para el Estado, la Sociedad y para el Ejército mexicano.

El problema es: el Ejército como ente vigilante de las calles. No es una misión que esté en su actuar. No existe un marco legal para esto. No hay un “enemigo” certero o definido. Poner al Ejército en las calles significa la existencia de un Estado fallido, un Estado donde las armas empiezan a ser las que dictan el quehacer cotidiano, no las Leyes.( Ver
Michoacán, el error de no declarar un estado de excepción http://www.estadomayor.mx/38110 )

Hace poco más de 20 años, en 1994, sólo existía una brigada (tres batallones) de Policía Militar en el Ejército. En el sexenio de Vicente Fox, se crearon dos brigadas más. Una de estas brigadas se integraría a la Policía Federal.

En esta administración, la tan anunciada nueva fuerza policial, la Gendarmería, se retrasó, entre varios obstáculos, por la incorporación -o falta de incorporación- de elementos de las Fuerzas Armadas en ella (http://www.estadomayor.mx/?s=gendarmer%C3%ADa). En su primera concepción, se tenía pensado que cinco mil elementos del ejército y marina nutrieran sus filas, esto no se llevo a cabo por cuestiones administrativas y de mando, los elementos perderían antigüedad y el mando sería bajo una autoridad civil, no del ejército o marina. Posteriormente se pensó que los oficiales de la gendarmería asistieran a un curso de 2 años en el Heroico Colegio Militar, lo cual tampoco prosperó.

En un principio la presencia del Ejército fue requerida en lo que “las policías se fortalecían”. Aquí se encuentra uno de los nudos del asunto: no se trabaja para “fortalecer a las policías”. Enfrentar y reformar a la y las distintas agrupaciones y corporaciones de una policía mexicana doblegada por la corrupción y el olvido (empezando por la sociedad misma).

Se opta por llevar a las Fuerzas Armadas que, por definición de actuación, su labor es neutralizar al enemigo, lo cual tuvo como una de sus consecuencias el enfrentar al Ejército Mexicano, eterno defensor de la soberanía de México, con la sociedad civil.

Escudo Policía MilitarEn septiembre del 2016, los ahora mas de 14 mil elementos de Policía Militar desfilaron en vehículos identificados como “Policía Militar”. Se agregó “Policía Militar” a las armas para las cuáles se preparan los cadetes en el Heroico Colegio Militar, “Infantería”, “Caballería”, “Artillería”, “Arma blindada”, “Ingenieros Militares”. Los oficiales de la Policía Militar actualmente son oficiales de otra arma. Una pregunta que debe resonar en el interior del Ejército es el por qué del protagonismo de la Policía Militar.

De acuerdo a datos publicados, sumados a los 14 mil elementos de Policía Militar, hay más de 3 mil soldados desplegados en labores de Seguridad Pública. En tres cuartas partes de la República Mexican y para terminar este sexenio, debe haber 12 batallones de esta nueva arma en todo el país, uno por región.

Las tendencias internacionales son de militarizar a la policía. De inculcar valores castrenses como lealtad, honor, espíritu de cuerpo, adiestrar y profesionalizar a los civiles encargados de salvaguardar el orden social y las leyes. De mejorar a los elementos de las fuerzas del orden para que cumplan su labor. Y que el Ejército, las Fuerzas Armadas, se encargen de defender la soberanía nacional en contra del enemigo. En México, la tendencia es inversa.

Una sociedad necesita de certeza. No de mensajes ocultos o simulados. Imaginar que de facto las fuerzas armadas serán el orden público del país, habla de un Estado fallido. De un estado de excepción. De un toque de queda. De la única posibilidad de garantizar (la pregunta sería ya ¿garantizar qué?) las instituciones por medio del uso del aparato de la fuerza. Y eso, hay que denunciarlo y gritarlo.

Bruno Cárcamo

@Bruno_m9

Estado Mayor MX

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