Crónica de una injusticia militar: el General Brigadier Ricardo Martínez Perea (Parte 3 de 3)

El General Brigadier Ricardo Martínez Perea. Foto: EspecialMéxico, 27 de abril.- El sentimiento que invade al General Brigadier Ricardo Martínez Perea cuando evoca los 15 años como prisionero del estado es abandono, como si se combatiese solo a una tormenta. La ira y el coraje quedan en un segundo lugar.

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Uno contra la tormenta, la lucha desde el abandono, es desde donde el militar aplica sus vivencias durante 40 años de servicio para hacer un análisis sobre el papel de las Fuerzas Armadas mexicanas en la estrategia nacional de seguridad:

“El Ejército Mexicano y la Armada de México no deberían hacer labores de investigación, para eso existe una policía encargada de investigar, perseguir y poner a disposición de las autoridades competentes a los presuntos delincuentes…el poner al Ejército a realizar tareas que no le conciernen devienen en acusaciones de participar en actos de tortura y corrupción”.

Desde el 2006 cuando se inició la guerra, lucha, y combate contra el narcotráfico y crimen organizado, tanto en la generación de leyes como en su aplicación , éstas han operado primero en la praxis y después en el ajuste necesario. Reflejo de una realidad y violencia que han rebasado a la sociedad e incluso, al mismo Estado como en Michoacán y Guerrero. Contrario al deber ser de primero legislar y luego operar. Lejos, infinitamente remotos, hacen eco histórico aquellos días cuando las 8 columnas de los diarios y la opinión pública eran ocupados por una persona desaparecida, una figura pública asesinada. Hoy el termómetro de la desensibilización a la violencia se encuentra en la calma de una mujer uniformada torturando a un civil.

Es urgente tener un marco de derecho en el combate a la delincuencia organizada. Pero más urgente, que las Fuerzas Armadas recuperen la otrora eterna confianza de la sociedad al paralelo de una fuerzas de orden público que precisamente actúan para respetar el mismo.

Lo anterior no es para nada gratuito, para el General Brigadier el clima de violencia que nubla a la República Mexicana, se puede entender en dos vertientes:

  • La incapacidad del Gobierno mexicano para generar estrategias de combate efectivo al crimen organizado.
  • No entender que la delincuencia organizada crece debido a la pobreza extrema y a la falta de oportunidades.

Esta falta de visión y de acción generó, en propias palabras de Martínez Perea, el uso indiscriminado de las Fuerzas Armadas en labores policiales sin un entrenamiento previo en el ámbito civil.

“Con el afán de cumplir cabalmente con sus órdenes y debido al descontento e inconformidad por parte de la sociedad que exige todos los días la reducción de la violencia y el respeto a los derechos humanos, los mandos militares se ven en la necesidad de castigar duramente, no solo a los presuntos criminales, sino también a los compañeros de armas…nos dejan indefensos”, sentencia el castrense.

En ese mismo sentido, es prudente recordar que hasta la fecha las corporaciones militares carecen de un marco legal que establezca las pautas sobre el enfrentamiento, detención, investigación cuando fuerzas castrenses tomen bajo su bandera las operaciones de las policías locales.

Casos como Tlatlaya, Iguala o la reciente revelación de soldados torturando a un detenido civil son muestra suficiente de la necesidad de dicho marco legal, de lo contrario el cumplimiento del deber corre el peligro de convertirse en los crímenes que las fuerzas del orden han jurado perseguir.

Huecos legales como los mencionados con anterioridad facilitaron que el 3 de abril de 2001 se violaran todos los rubros del debido proceso para detener y posteriormente encarcelar de manera injusta durante 15 años a Ricardo Martínez Perea. Con un futuro incierto, lleno de deudas económica, el castrense sabe que su libertad es apenas una batalla ganada en la guerra por demostrar su inocencia.

“Tengo la presunción de que la Juez Militar de Ejecución de Sentencias no actúe conforme a derecho y no acepten su error al procesarme por un delito que no cometí. Acudiré a la Suprema Corte de Justicia de la Nación si el fallo es contrario a lo esperado y si no se me permite tener acceso a la justicia en mi país, recurriré a la CIDH…desde el principio de mi proceso se han violentado mis derechos humanos”, recalca el militar.

Desde el retorno a su casa, el contacto con sus pares ha sido a través de redes sociales, donde sus compañeros, jefes, oficiales, tropa y militares en retiro le han expresado su apoyo y felicitaciones por su libertad. Apoyo moral que refuerza, en voz del General, que los demás sepan que es inocente de los cargos que se le imputaron.

No es de extrañar que ahora militares, marinos, policías y sus familias le soliciten ayuda en procesos legales llenos de irregularidades.

La pregunta obligada al General Brigadier frente a un hombre formado en las Fuerzas Armadas, ¿volvería a ingresar a la Fuerzas Armadas?

Sabiendo todo lo que podría sufrir tanto en su vida profesional como en la personal, su respuesta es tajante y llena del orgullo propio de alguien que juró defender a su Patria de cualquier amenaza interna y externa:

“Nací para ser soldado y si volviera a nacer, volvería a hacerlo”.

Redacción

Estado Mayor MX

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