México, 29 de enero.- El nuevo ombudsman, Luis Raúl González Pérez, conoce a fondo las omisiones que pueden estar presentes en un expediente penal, no en balde le toco “enmendar” los desastres de la investigación sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio.
Por eso, porque sabe qué contiene el expediente de Tlatlaya que la PGR le hizo llegar, decidió dar a conocer su contenido. Después de afirmar que “hubo violaciones graves a los derechos humanos”.
Las declaraciones de los presuntos responsables, que están encarcelados por las ejecuciones de ese día, son elemento suficiente para pensar que de existir voluntad política se puede sustentar el delito de encubrimiento a varios jefes militares e incluso al mismo general Salvador Cienfuegos.
Nunca antes ha estado tan vulnerable el mando militar.
La tormenta de Iguala, donde los militares fueron omisos, y que ha levantado tanto descontento y tantos agravios contra el Ejército, no tiene paralelo junto a lo que puede acarrear Tlatlaya.
Esto porque era ya una verdad admitida que varios de los muertos de ese “enfrentamiento” entre militares y presuntos delincuentes, fueron “ejecutados” por los soldados. Es decir, existe ya un expediente, una trama legal que desmiente totalmente el boletín y la posición oficial de la Sedena. Por tanto, directamente, del general Cienfuegos.
Lo que trae de nuevo el expediente penal que entregó a medios Luis Raúl González Pérez, son las declaraciones de presuntos culpables de que a la escena del crimen llegaron varios jefes militares: el general de brigada José Luis Sánchez León que era comandante de la 22 Zona Militar, el también general de brigada Alejandro Saavedra Hernández, jefe de la 35 Zona Militar y el coronel Sánchez Aparicio a cargo del 41 Batallón de Infantería.
Esto consta en un documento de la Sedena, según los documentos de la PGR.
¿Qué traducción tiene esto?
Encubrimiento.
Porque de acuerdo a las investigaciones realizadas era obvio, estaban las huellas de los disparos y la sangre, los cuerpos ahí todavía, que había sido una ejecución.
Esto quiere decir que por lo menos tres jefes militares, de alto grado, supieron la verdad. Y lo comunicaron, están obligados a hacerlo, al Jefe del Estado Mayor de la Sedena, que a su vez tuvo que informar estas verdades al general Salvador Cienfuegos.
El delito se llama encubrimiento. Porque no se puede argumentar desconocimiento ni dejar la presunta responsabilidad en manos de soldados cuando sus jefes estuvieron presentes pocas horas después.
Tlatlaya está a punto de convertirse en el Talón de Aquiles de Cienfuegos, o si se prefiere en el principio del final.
Porque lo que representa, además del riesgo de que varios jefes militares sean acusados penalmente por la PGR o que así lo exija la CNDH por encubrimiento, por lo menos, es que el asesinato está consentido en el alto mando militar.
Si el general Cienfuegos no hubiese tomado la decisión de encubrir los crímenes de soldados bajo su mando contra civiles, habría tenido que detenerlos y comenzar en ese mismo momento, con la información de un coronel y dos generales ahí presentes, una investigación militar en su contra.
No lo hizo así. Por lo tanto es su responsabilidad.
Al contrario, al día siguiente ordenó que fuese dado a conocer un boletín de prensa con mentiras, como hoy se ha comprobado. Mentiras graves porque ahí se afirmaba que los civiles habían muerto en un enfrentamiento.
La CNDH va todavía más lejos en sus declaraciones, ya que asegura en su recomendación a la SEDENA 51/2014 que “se puede inferir que pudo haber más elementos militares en el lugar, además de los ocho que integran la base de operaciones de San Antonio del Rosario, mientras se privaba de su vida a los presuntos sicarios”.
O sea, deja abierta la puerta para investigar la probabilidad de que estuviesen presentes jefes militares durante la ejecución.
¿Encubrimiento o asesinato? ¿Participación o conocimiento de jefes militares? Queda preguntarse hasta dónde va a llegar la CNDH y la PGR, hasta que cadena del mando superior… y si los implicados, que arriesgan prisión perpetua van a mantener la disciplina del silencio castrense…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor
