Cuando la balcanización de Estados Unidos ocurra… cuando se apaguen los Estados Unidos

Promo de la serie Revolution. Foto: EspecialMéxico, 3 de octubre.- Será un retorno a la Edad Media cuando caiga el imperio americano, como propone el periodista Robert D. Kaplan. Cuando se anule la energía eléctrica en el mundo como se plantea en la serie televisiva Revolution, en un futuro donde los hombres y las mujeres se pondrán a prueba todo el tiempo.

Anuncios

No habrá luz eléctrica ni ninguna comunicación electrónica. Adiós al internet, hasta la vista teléfonos celulares. Los aviones caerán del cielo. Los automóviles quedarán varados. Todas las baterías perderán su energía. Y si el mundo, movido por electricidad, se paraliza, también ocurrirá lo mismo con los gobiernos con este apagón mayúsculo. Es más, los gobiernos desaparecerán para dar lugar a milicias que impondrán la ley del más fuerte o del que tiene armas y el control entre la vida y la muerte. El poder y el mundo cambiarán para siempre.

Ese es el futuro inmediato que plantea Revolution, la serie que produce Jeffrey Jacob Abrams, mejor conocido como J.J. Abrams en la Galaxia Hollywood, donde ha desplegado al máximo su talante renacentista porque este neoyorquino nacido el 27 de junio de 1966 lo mismo es escritor que productor, actor, director y hasta compositor de cuanto proyecto participa o dirige. Sus logros no son pocos. Como guionista dio forma a las películas Armagedón (1998), Misión imposible III (2006) y Misión imposible. Protocolo fantasma (2011). Es el creador de las series televisivas Alias, Lost, Fringe y Felicity. Y es director de películas donde la acción, el suspenso y la ciencia ficción compiten entre sí de tersa manera: Misión imposible III, Start Trek (2009), Start Trek. En la oscuridad (2013) y, para coronar sus últimos años maravillosos, se ha anunciado que será el encargado de dirigir el séptimo episodio de La guerra de las galaxias destinado a estrenarse en 2015.

“Vivíamos en un mundo eléctrico, todo dependía de la electricidad, y de repente, se fue. Todo dejó de funcionar y no estábamos preparados. El miedo y la confusión dieron paso al pánico. Los más afortunados escaparon de las ciudades. Cayeron los gobiernos. Las milicias tomaron el poder controlando los alimentos y acaparando las armas. Seguimos sin saber la causa del apagón, pero esperamos que aparezca alguien y nos muestre el camino”.

Así inicia cada capítulo de Revolution cuyo título pierde, por momentos, la luz y se cambia su nombre original por el de Evolution en un guiño futurista hacia los espectadores de este serie de ciencia ficción posapocalíptica que la vieron, por primera vez, el 17 de septiembre de 2012 y que hoy, en México, se estrena en televisión abierta por el canal 5.

La cadena NBC convocó en mayo de 2012 a J.J. Abrams y Bryan Burk para producir la obra imaginada por Erick Kripke. El director de Iron Man, Jon Favreau, dirigió el primer episodio donde se plantea las tensiones básicas de la trama y el papel que jugará en ella el clan de los Matheson. Por eso se recrea, en los primeros minutos, cómo fue el apagón y cómo Ben Matheson (Tim Guinee), ingeniero informático, le advierte a su hermano Miles (Billy Burke), marine, que se irá la energía eléctrica para siempre. Las ciudades se apagan una a una, las carreteras se colman de automóviles inservibles y conductores sorprendidos ante el forzado atasco. El silencio de todas las máquinas se instala en todos los rincones. En el cielo ya no hay aviones. Callan los teléfonos, los televisores se enceguecen. La hierba, el óxido y la violencia se abren paso entre todos los testigos de este apagón.

Es el tiempo de los virajes y las pruebas existenciales. Acatar, pelear o morir. Jason Neville (J. D. Pardo), antes del apagón, era un ajustador de seguros. Este afroamericano vivía bajo el terror del capitalismo salvaje y la rendición de cuentas. Tanto ahorras a la compañía, tanto ganas. Como no era lo suficiente rudo con los clientes fue despedido. Ahora, en este tiempo donde contados tienen armas y valor para defenderse, es un alto oficial de la milicia del autonombrado General Monroe y se encarga de esparcir el temor por donde quiera que va.

Un día Neville recibe la orden de apresar a Ben Matheson, pero termina matándolo. Por eso secuestra a su hijo Danny (Graham Rogers), y su hermana Charlie (Tracy Spiridakos), decide rescatarlo cueste lo que cueste. Así que, en medio de la nada que ya es Estados Unidos, parte hacia Chicago para pedirle ayuda a su tío Miles, quien, capítulo tras capítulo, se revela como una verdadera máquina de matar porque oculta un pasado que lo colma de remordimientos. Tío y sobrina, antihéroe y heroína, vivirán, juntos o en solitario, su descenso a las tinieblas porque, en cada episodio, morirá alguno de los que lo acompañan en el rescate de Danny.

La historia lineal se interrumpe con remembranzas de los protagonistas de sus vidas pasadas antes del apagón. La inglesa que ya no pudo cruzar el Océano Atlántico para saber si sus hijos permanecen vivos y que sufre porque teme olvidar sus rostros ya que las únicas fotos que tiene de ellos se ven sólo por momentos en su celular por la intermitencia energética de su celular. La científica afroamericana que participó en el equipo que diseñó el dispositivo que colapsó el mundo eléctrico y que es uno de los botines más preciados en este mundo donde las espadas y las flechas son las armas más letales y usadas por todos los bandos. La latina que cree aún en una patria llamada Estados Unidos y que, como especialista en explosivos, es parte de la resistencia que combate el ejército del General Monroe.

Más allá de las historias individuales también están las historias colectivas de un nuevo paisaje humano en un mundo devastado. Niños huérfanos que se rigen a la manera de El señor de las moscas, la novela del británico William Golding, como una tribu en un tiempo donde sólo los más fuertes y los más listos sobreviven. Granjeros que aceptan ser dominados por las milicias y que intercambian alimentos con la esperanza, no siempre cumplida, de que los dejen en paz. Lujosas fincas de esparcimiento donde sobran la heroína y las jóvenes prostituidas. Muchachos que no saben lo que fue Estados Unidos, que no tienen ninguna idea de lo que significan los derechos humanos y los derechos cívicos, que no saben cómo funciona una computadora, por lo que se integran a las milicias como carne de cañón de las constantes campañas militares que los nuevos “Estados” mantienen entre sí. Porque, como vaticinó el periodista Robert D. Kaplan cuando apenas nacía el Siglo XX, en su libro Viaje hacia la caída del imperio americano, Estados Unidos se ha balcanizado y la República de Monroe pelea contra las milicias de “La nación de las planicies”, “La confederación de California” y “Texas”.

 

Una nueva era feudal

Viajero con sobrados poderes narrativos, Robert D. Kaplan es uno de los mejores exponentes del periodismo estadounidense trashumante. Como John Reed, el autor de Diez días que estremecieron al mundo sobre la Revolución Rusa y México insurgente sobre el movimiento armando de nuestro país, Kaplan viajó a todos los sitios donde consideraba podrían virar los caminos o caerse los puentes sobre el río de la historia. En un viaje a los Balcanes percibió esas tensiones que dieron forma al libro Fantasmas balcánicos antes de que estallara la guerra de la ex Yugoslavia con todos los horrores que provocó esa guerra fratricida entre serbios, croatas y musulmanes, y que se extendió durante años por toda la región.

En Viaje hacia la caída del imperio americano este periodista ingresa a una base nuclear oculta en los desiertos de la parte media de Estados Unidos, que en el mapa de Revolution, son conocidas como las tierras baldías, describe que sólo el ejército cuenta con la organización y los recursos para sobrevivir a un colapso del país. Incluso, aventura que a través de un golpe de Estado los mismos militares pueden provocar una secesión del territorio que quedaría repartido de la siguiente forma: la costa del Pacífico, dado su comercio con Asia, y sus amplios recursos naturales, agua y bosques, la harán trabar una alianza entre Seattle y Vancouver que los independice de los demás territorios que, “naturalmente”, se formarán dadas sus tradiciones históricas. La costa Atlántica con sus grandes centros urbanos, Washington, Nueva York, Boston, Baltimore, será otro territorio junto con Miami que estará más cerca al Caribe, y, por separado, estarán California y Texas.

A juicio de Kaplan, buena parte del sur de Estados Unidos quedará bajo el dominio del narco mexicano ya que, en un recorrido que hizo a lo largo de la frontera, el poder económico de los diferentes grupos es innegable y será difícil e inútil sojuzgarlos ya que conocen a la perfección el terreno donde han establecido sus cabezas de playa con campos de entrenamiento y rutas de trasiego, laboratorios y cuarteles.

Siendo tan realista como le permite su experiencia de periodista y testigo de varios cambios históricos, Kaplan augura un futuro con distintos centros de poder en su país y que exista un tipo de oligarquía semifeudal tal y como se plantea en Revolution que de ser una serie de ciencia ficción posapocalíptica podría pasar a ser una serie factible de un futuro posible dado las armas que ya se han desarrollado para causar apagones eléctricos como los que se presentan en la trama.

En ese duelo constante entre la realidad y la ficción, ésta última lleva ya bastantes ejercicios imaginándose el fin del mundo o su incierto futuro. Más allá de voraces zombies, una sociedad controlada con pastillas de felicidad, como se plantea en Un mundo feliz de Aldous Huxley, o dominada por un gran ente omnipresente y que regula todo, 1984 de George Orwell, dos franceses, René Barjavel y Robert Merle, preceden y dan forma al linaje de Revolution que, aunque cruenta, es más optimista que las novelas En la carretera de Cormac McCarthy y La posibilidad de una isla de Michel Houllebecq y toda una gama de películas de temática posapocalíptica donde destacan Mad Max con Mel Gibson y El libro de Eli Denzel Washington en los roles principales.

Ravage de Barjavel muestra un París ultra tecnológico que cae en una nueva Edad Media tras un apagón general. En cambio, Merle detalla las consecuencias de un apocalipsis nuclear entre los habitantes de la campiña francesa en Malevil. Ambas obras utilizan como detonante narrativo la pérdida de la luz eléctrica como esqueleto y motor de la sociedad, la reacción de la misma ante esta carencia y cómo tendrán que reorganizarse, de nueva cuenta, para mantener cierta estabilidad.

Como en los tiempos homéricos, los personajes de Revolution viven una odisea y una ilíada, marchan a través de un mundo desconocido sin saber que la sombra de la muerte puede cubrir sus ojos. Son héroes, son rivales, se prueban a sí mismos a cada momento. Uno de ellos lamentará la cantidad de huérfanos que ha provocado su intención de poner orden entre tanto caos. Otro justificará cada muerte que provoca y, como Aquiles, se relajará pensando que está vivo no por sus habilidades combativas sino por su astucia. Hombres y mujeres, en igualdad de circunstancias y habilidades, se enfrentarán a un destino que no depende de nadie más sino de ellos mismos. En este mundo, en este tiempo, ya no hay dioses que invocar y tampoco ya no hay paz.

Pero lo humano es indestructible, como propone uno de los personajes de esa gran novela escrita por Vasili Grossman en el cerco de Stalingrado y que se llama con justeza: Vida y destino: “La historia del hombre no es la batalla del bien que intenta superar al mal. La historia del hombre es la batalla del gran mal que trata de aplastar la semilla de la humanidad. Pero si ni siquiera ahora lo humano ha sido aniquilado en el hombre, entonces el mal nunca vencerá”.

Arturo Mendoza Mociño

Estado Mayor

Anuncios

  2 en “Cuando la balcanización de Estados Unidos ocurra… cuando se apaguen los Estados Unidos

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *