La noche más polémica

En la misma línea que Apocalipsis Now de Francis Ford Copola, Naranja mecánica de Stanley Kubrick, La noche más oscura de Kathryn Bigelow es un filme que a nadie deja indiferente y que levanta tormentas de polémica donde quiera que se exhibe. Como sostiene el documentalista Felipe Parra se trata de una película guerrera de un país invasor. Es la visión de los vencedores, aquellos que capturaron a Osama Bin Laden el 1 de mayo de 2011.

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México, 5 de abril.- Si eres capaz de realizar cien flexiones y abdominales en menos de dos minutos, correr unos dos mil quinientos metros en menos de siete minutos, tomando en cuenta que el récord mundial de tres mil metros está en siete minutos con veinte segundos, y nadar casi 600 metros en menos de trece minutos, no serás designado un iron man cualquiera. No. Con estas cualidades atléticas podrías formar parte del Equipo 6 de los Seals de la Armada estadunidense, los mismos que capturaron a Osama Bin Laden el 1 de mayo de 2011 y que forman parte del cierre espectacular de la polémica película de Kathryn Bigelow, La noche más oscura.

Ellos son la élite de la élite, detalla Yolanda Monge en un reportaje publicado en el diario español El País tras la captura del líder de Al Qaeda en Pakistán. Tan secreta es esta unidad que ni la Casa Blanca ni el Departamento de Defensa reconoce oficialmente su existencia. Pero gracias a Bigelow han alcanzado tanta celebridad mundial como ella y su filme estrenado el 19 de diciembre de 2012.

El Equipo 6 de los Seals es la élite de la élite militar de Estados Unidos y apenas lo conforman 300 hombres que han superado infernales entrenamientos. No hay ninguna mujer entre ellos ni tampoco es un paraíso juvenil porque la edad media entre los Seals es de 22 a 25 años, mientras que el All Star Team ronda la treintena y no pocos son cuarentones. Su última misión exitosa la retrata Bigelow en La noche más oscura.

El Equipo 6 de los Seals es la élite de la élite militar de Estados Unidos y apenas lo conforman 300 hombres que han superado infernales entrenamientos. No hay ninguna mujer entre ellos ni tampoco es un paraíso juvenil porque la edad media entre los Seals es de 22 a 25 años, mientras que el All Star Team ronda la treintena y no pocos son cuarentones. Su última misión exitosa la retrata Bigelow en La noche más oscura.

Los Seals son las siglas de Sea-Air-Land teams —equipos de Mar-Aire-Tierra—, y son una creación del presidente John F. Kennedy, quien deseaba tener una nueva arma dentro de la incipiente guerra contra el terrorismo en 1962, mientras que el Equipo 6 es una consecuencia directa del fracaso vivido por el Gobierno de Jimmy Carter durante la crisis de los rehenes de Irán en 1980, la cual duró 444 días, y de la que se hace un pequeño guiño triunfante en la película Argo de Ben Affleck.

Apenas dos mil quinientos hombres son Seals porque, según testimonios de varios de ellos recopilados por el diario estadunidense The New York Times, el entrenamiento que se sufre para acceder a ese cuerpo es el más feroz que pueda existir en el mundo. Se trata de dos años de preparación física extrema en donde no se aceptan mujeres por “La semana en el infierno” que vivirán todos los aspirantes y que ayudará a desertar a más del 80 por ciento de ellos. Y no pocos morirán en el intento

En el cuartel de Coronado, California, sólo se permite dormir cuatro horas durante cinco días y nadie parará de correr ni de nadar en agua helada, bucear atado de pies y manos y hundirse y tragar barro como se respira. Habrá ocasiones que algunos serán sacados del agua para ser rociados con agua todavía más fría y vueltos a sumergir. Todos proferirán esa frase que es, a la vez, lema y apoyo, para resistir: “El único buen día fue ayer”.

Cualquiera puede tirar la toalla y sonar una campana pidiendo tregua. Dos de cada tres la harán sonar. Y los que superen esa primera etapa serán organizados en equipos que van del 1 al 5 y del 7 al 10. Otros más duros que ellos integrarán el Equipo 6, que son apenas unos 300, y se especializarán en destrezas intimidantes: serán lanzados en paracaídas desde nueve mil metros de altura con máscaras de oxígeno y tendrá que aterrizar y tomar el control de un barco supuestamente secuestrado.

O recibirán la orden de matar a Osama Bin Laden.

Esta imagen histórica la tomó Pete Souza, fotógrafo de la Casa Blanca, el 1 de mayo de 2011 en la Sala de Emergencias y tiene un nombre propio de la era cibernética: P050111PS-0210, y ha sido vista y enviada millones de veces por toda la red en todo el mundo. En ella se ven sentados, de izquierda a derecha, al Vicepresidente Joe Biden, Presidente Barack Obama, General de Brigada Marshall B. “Brad” Webb, Ayudante del General que ordena el Mando Conjunto de Operaciones Especiales, Denis McDonough,  Asesor para la Seguridad Nacional, Hillary Rodham Clinton, Secretaria de Estado, y Robert Gates, Secretario de Defensa. De pie, de nueva cuenta de izquierda a derecha, Almirante Mike Mullen, Presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, Tom Donilon, Consejero de Seguridad Nacional, William M. Daley, Jefe de Gabinete, Tony Blinken, Consejero de Seguridad Nacional del Vicepresidente, Audrey Tomason, Directora para Contraterrorismo del Consejo Nacional de Seguridad, una persona sin identificar con camisa beige, John O. Brennan, Ayudante del Presidente para la Seguridad de la Patria y Contraterrorismo, James R. Clapper, Director del Centro de Inteligencia Nacional, un hombre con traje negro y corbata blanca que después sería definido como "John", analista de la CIA, que fue el primero que escribió en verano de 2010 que la Agencia Central de Información podría tener una pista legítima sobre el paradero de Osama Bin Laden. Todos siguen a detalle la operación en contra del enemigo más buscado de Estados Unidos.

Esta imagen histórica la tomó Pete Souza, fotógrafo de la Casa Blanca, el 1 de mayo de 2011 en la Sala de Emergencias y tiene un nombre propio de la era cibernética: P050111PS-0210, y ha sido vista y enviada millones de veces por toda la red en todo el mundo. En ella se ven sentados, de izquierda a derecha, al Vicepresidente Joe Biden, Presidente Barack Obama, General de Brigada Marshall B. “Brad” Webb, Ayudante del General que ordena el Mando Conjunto de Operaciones Especiales, Denis McDonough, Asesor para la Seguridad Nacional, Hillary Rodham Clinton, Secretaria de Estado, y Robert Gates, Secretario de Defensa.
De pie, de nueva cuenta de izquierda a derecha, Almirante Mike Mullen, Presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, Tom Donilon, Consejero de Seguridad Nacional, William M. Daley, Jefe de Gabinete, Tony Blinken, Consejero de Seguridad Nacional del Vicepresidente, Audrey Tomason, Directora para Contraterrorismo del Consejo Nacional de Seguridad, una persona sin identificar con camisa beige, John O. Brennan, Ayudante del Presidente para la Seguridad de la Patria y Contraterrorismo, James R. Clapper, Director del Centro de Inteligencia Nacional, un hombre con traje negro y corbata blanca que después sería definido como “John”, analista de la CIA, que fue el primero que escribió en verano de 2010 que la Agencia Central de Información podría tener una pista legítima sobre el paradero de Osama Bin Laden.
Todos siguen a detalle la operación en contra del enemigo más buscado de Estados Unidos.

Es que iba a toser

La foto donde Hillary Clinton ve con angustia las imágenes en directo de la Operación Lanza de Neptuno, la cual terminó con la muerte de Osama Bin Laden, tuvo un millón seiscientas vistas en menos de dos días. Sin duda, la imagen tiene un gran impacto y múltiples lecturas. La primera de ellas es el momento histórico que captura y el grado de hiper tecnología que exhibe ahí la potencia americana para ver, en vivo y a todo color, lo que hacen sus soldados en lo que la misma secretaria de Estado consideró “los 38 minutos más intensos de mi vida”.

La estrategia de propaganda de “liberar” la foto ante la opinión pública mundial también es inocultable. Ellos, los retratados, los galácticos, los amos del universo terrestre, ven como los dioses en el Olimpo lo que hacen sus guerreros con sus enemigos. Y aquí es donde empieza la apasionante revisión del lenguaje corporal de los espectadores.

Todos están atentos y expectantes, menos uno,  el General de Brigada Marshall B. “Brad” Webb, quien pareciera que es el que está moviendo los hilos de los Navy Seals que capturarán al líder de Al Qaeda. Parece ser el líder de llevar a buen puerto el video juego más sofisticado jamás creado. En cambio, Obama luce tenso, con su mandíbula apretada, y sus dedos quizás entrelazados concentrando todos los deseos de que la operación sea exitosa y no un fiasco más a lo que han lo tenido acostumbrado todos los que dicen que, ahora sí, ya caerá el más odiado. Clinton es la que más sufre en la sesión. Está nerviosa y sin control. Sus ojos exhiben miedo y asombro por igual, y esa mano que trata de ahogar un grito fue descrita por ella después como el intento de frenar un estornudo por una alergia primaveral que había pescado por ahí. La celebración de la victoria quizás fue capturada, pero seguramente no tiene el valor dramático de esta imagen donde los historiadores de todo el mundo ven múltiples cruces de líneas de poder, todas ellas históricas y referenciales.

En el grupo retratado hay hombres y mujeres de diferentes razas, edades y cargos en un nuevo paisaje del poder estadounidense. No es estrictamente una imagen militar aunque su atmósfera bélica es innegable porque el General de Brigada Marshall B. “Brad” Webb es el único que porta uniforme. Además, el campo de batalla no se resume en un mapa como en tantas otras imágenes históricas sino que éste se concentra en una pantalla que no se ve, pero que captura la atención de todos. La realidad virtual, líquida, imantadora, envolvente, se vierte y se expande en esa Sala de Emergencias pequeña y claustrofóbica a través de varias computadoras personales y la invisible pantalla donde se proyecta un filme que sería la delicia del nazi Joseph Goebels. Un solitario mapa de la residencia del millonario saudí que será asaltada, sobre la computadora de Clinton, es una de las contadas pruebas de la transición tecnológica que resuma esta fotografía: ahora el papel da paso a la pantalla brillante para apresar y mostrar la realidad en tiempo real como si se tratara de un capítulo no filmado de la serie 24 horas.

En la única aparición que hace en la película de Bigelow a través de una pantalla de una televisión, Obama dice “América no tortura”, aunque el filme concentra en su primera parte varias sesiones que han levantado polémica por retratar, con crudeza, los sistemas de interrogatorio de la super potencia y que George W. Bush impulsó para capturar al responsable intelectual del ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001.

Y en distintos puntos del orbe, no se sabe cuántos ni en dónde, se acataron sus órdenes. Cuántos fueron torturados, cuántos murieron, también se desconoce. Obama, quien llegó al poder el 2008, dispuso acabar con esas prácticas y cerrar Guantánamo, en Cuba, donde se habían concentrado la mayor parte de los talibanes capturados tras invadir Afganistán e Irak. Calificado de tibio ante las intervenciones militares de sus país por los halcones republicanos, Obama, quien buscaba un segundo mandato presidencial, pudo utilizar para su campaña la operación que vería tiempo después y que anunciaría a todo el mundo el 2 de mayo de 2012, y que sería el pistoletazo de arranque para la polémica que suscitaría La noche más oscura porque, paradojas de la historia, Obama, quien detestaba la tortura, terminaría convirtiéndose un solvente presidente en guerra y más eficaz que su antecesor en el cargo.

La revista Time entrevista a Katrhyn Bigelow para que explique el arte de la oscuridad que hay en su película que es una de las más controversiales de los últimos años en la misma senda que Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola y La naranja mecánica de Stanley Kubrick.

La revista Time entrevista a Katrhyn Bigelow para que explique el arte de la oscuridad que hay en su película que es una de las más controversiales de los últimos años en la misma senda que Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola y La naranja mecánica de Stanley Kubrick.

No es una película, es una mentira

Tanto Jane Mayer en The New Yorker como Carle Glenn en el Huffington Post han criticado la película de Katrhyn Bigelow, pero es quizás Susan Estrich, colaboradora de tendencia demócrata del portal Noozhawk, medio estadunidense como los anteriormente mencionados, la que pone el mejor acento en la polémica que aún despierta La noche más oscura al no considerarla una película de ficción o documental sino una burda mentira de principio a fin.

La noche más oscura abre con una leyenda que advierte al espectador que lo que verá a lo largo de ciento cincuenta y siete minutos se basa “en relatos de primera mano sobre acontecimientos reales”, luego de trasfondo se escuchan las llamadas finales realizadas por los que están atrapados en las torres gemelas el 9 de septiembre de 2001. Entonces se despliegan escenas de tortura que algunos críticos han considerado innecesarias o extremadamente duras. Su inclusión ha sido justificada por Bigelow y su guionista, Mark Boal, aduciendo que tales secuencias abren “un debate” o forman parte “del debate” sobre el uso de la tortura, pero lo cierto es que en el filme no se debate estas prácticas en ningún momento, aunque Obama aparece diciendo tibiamente que “América no tortura”, y a final de cuentas se termina concluyendo que la tortura tiende a producir información falsa o ninguna en absoluto.

Estrich, quien formó parte de la campaña presidencial del demócrata Michael Dukakis, sostiene que La noche más oscura no es la única película que miente descaradamente, sino que también la película de Oliver Stone sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy está colmada de verdades a medias o, convenientemente, manipuladas.

“Yo quería ver una película sobre la caza de Bin Laden y sentirme orgullosa de los estadounidenses que arriesgaron sus vidas para darle caza, pero me encuentro ante un catálogo de torturas que los espectadores no saben si fueron reales o se trata de una ficción. También los realizadores olvidan que esta obra no será vista sólo por estadunidenses sino por todo el mundo porque el entretenimiento es la mayor exportación de Estados Unidos.

La noche más oscura, prosigue Estrich, propaga el mito de que los norteamericanos apoyan la tortura y que dependían de ella para realizar la mayor operación militar de los últimos años. “Esa idea se apoderará de aquellos que ya nos odian en el mundo y de los otros que aún no están seguros de lo mucho que nos odian”, advierte. “La película de Bigelow insulta el trabajo duro de los estadounidenses que arriesgaron sus vidas y también pone en peligro la de aquellos que siguen los pasos de otros terroristas porque consolida la idea de que no hay límite para el mal, ni para torturar, espiar, engañar, matar, con tal de lograr nuestras metas. En este sentido no somos tan diferentes de nuestros enemigos. En un momento del filme, uno de los héroes-torturadores le dice al detenido que si no coopera será enviado a Israel, y eso me aterró porque se le hace creer al detenido que allá, en Israel, se le matará aunque acá, en manos de sus captores, se le tortura sin cansancio. ¿Cuántas de las mentiras de esta obra esconden verdades reales?”.

Tantas críticas obligarona Bigelow a dar una respuesta. Escribió para ello un artículo que publicó el diario californiano LA Times y concedió una reveladora entrevista para la revista Time, también estadunidense, convirtiéndose de esta manera en la doceava cineasta que se gana la portada de la publicación al lado de Steven Spielberg, Woody Allen y David Lean.

En Time hace la primera aclaración: “La noche más oscura es una película, no un documental”. Es decir, se trata de una obra de ficción y no un registro real de lo que verdaderamente ocurrió en la captura de Osama Bin Laden.

“Mark Boal —guionista de la cinta— ha abierto una ventana para mí sobre cómo se puede hacer una película que es parte de las conversaciones y que sigue en curso”, expresó. “Fue una oportunidad de hacer una inmersión profunda en una historia contemporánea”. Como Apocalypse now, basada en la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, La noche más oscura es una obra que sitúa su trama en un tiempo preciso, pero sin pretender hacer una realidad exacta del mismo, justificó la directora.

En su texto publicado por Los Angeles Times sostiene: “Los expertos discrepan fuertemente sobre los hechos y detalles sobre la caza de Osama Bin Laden. Y he sido objeto de investigaciones, acusaciones y especulaciones por las escenas de tortura que, como todos sabemos, fue empleada en los primeros años de la caza. Eso no quiere decir que fue la clave para encontrar a Bin Laden, pero esto no significa que es una parte de la historia que podía ignorar. Me pregunto si algunos de los sentimientos expresados ​​alternativamente sobre la película podría ser más apropiadamente dirigidos a aquellas personas que crearon y ordenaron estas políticas de Estados Unidos en lugar de una película que lleva la historia a la pantalla”.

Estas aclaraciones, lejos de calmar las aguas, atizaron la polémica. Los senadores John McCain —él mismo prisionero de guerra torturado en Vietnam—, Dianne Feinstein y Carl Levin solicitaron a Sony Pictures que se pusiera a la película la advertencia de que el filme era una ficción porque se podía hacer creer al espectador que las coercitivas técnicas de interrogatorio revelaron el sitio donde estaba el complejo de Bin Laden en Pakistán.

Gimnasia verbal

 

Por glorificar la tortura y por presentar escenas de “torture porn”, La noche más oscura recibió una tunda de críticas en Reino Unido por cortesía del diario The Guardian. Sin tintes patrioteros, los ingleses retoman un informe de 2009 donde se detallan “las técnicas de interrogatorio mejoradas” de la CIA y que ya no son aquellas que retrata Bigelow en su película, curiosamente, escriben irónicamente los británicos, bastante apegadas históricamente a las que se realizaron después del 11 de septiembre. Es decir que las técnicas de ahogamiento por agua, privación de sueño y el dormir en pequeños ataúdes, fueron recreadas con gran fidelidad histórica por Bigelow. En suma, así fueron y así fueron filmadas, otra vez. Lo que es curioso, asesta The Guardian, es que ni FBI ni CIA se disputan la autoría en la creación, uso o resultados obtenidos. El informe citado detalla las técnicas usadas, pero sostiene que “ya fueron mejoradas” con todo lo que esto signifique dentro de una gimnasia verbal que se empezó a desplegar en todas las explicaciones en torno a la película.

Ramzi Kassem, abogado de prisioneros talibanes en Guantánamo, sostiene que la polémica en torno a la película sostiene que las prácticas de tortura son cosas del pasado cuando, para él, se trata de una práctica permanente y que la crueldad medieval de las mismas dejan huellas físicas y mentales permanentes en los prisioneros y que él mismo ha atestiguado.

En una colaboración con el Huffingtonpost, Kassem llama las cosas por su nombre sin usar “la gimnasia verbal” de la CIA y sus replicantes: “La película hace alusión a uno de los primeros actos del presidente Obama en el cargo: ordenar el cierre de los ‘centros de detención’ de la CIA y prohibir que esas cárceles operen de nuevo. Esa disposición a menudo se pasa por alto porque excluye las llamadas ‘instalaciones transitorias’ que se escapan a esa orden y que son esos ‘lugares negros’, totalmente clandestinos, que la senadora Dianne Feinstein lamentaba que todavía existieran y que no desaparecerán a largo plazo. El principal efecto de esta gimnasia verbal es preservar la capacidad de la CIA para mantener a los prisioneros bajo su control por el tiempo que puedan”.

La incursión de Abbottabad muestra claramente, contrariamente a lo que se ha dicho, que el ataque fue una ejecución ordenada donde no era importante capturar vivo a Osama Bin Laden, sostiene Kassem. De principio a fin, la película es una hilación de mentiras porque siempre es contada desde la perspectiva de los agentes estadounidenses implicados en la búsqueda del líder de Al Qaeda. Por eso no sorprende que los cineastas fueron “capturados” por los funcionarios del gobierno con una agenda para justificar sus crímenes. De hecho, tanto la cineasta como el guionista han sido acusados de recibir información privilegiada por parte de la CIA para la realización de La noche más oscura. Por eso, insiste el abogado, la película no puede ser neutral, no es más que un periodismo de guerra incrustado que  finje pasar por periodismo realmente independiente. Al final de cuentas, Bigelow es una cineasta incorporada, y, desde esa posición, su trabajo no puede ofrecer el punto de vista crítico ni el cuestionamiento que define el arte.

Además, si de periodismo se tratase, hay varios errores en la película. Errores de hecho en términos periodísticos y corregibles si se hubiera consultado a un periodista especializado en estos temas. Desde la pronunciación de algunos nombres hasta lo que ha provocado muchas risas en Pakistán porque los diálogos que ocurren allí son en árabe cuando esa lengua no se habla en la región donde fue capturado el mayor villano de Estados Unidos en los últimos tiempos.

Seguir la pista del kuwaití Abu Ahmmad, correo personal de Osama Bin Laden, llevó a la CIA a encontrar el refugio del líder de Al Qaeda en Abbottabad, a una hora de la capital paquistaní. La vivienda estaba cercada por muros de entre tres y cinco metros de altura coronados por alambradas. Y era ocho veces más grande que las casas circundantes. Desde su parte más alta se podía otear el entorno. Aunque la propiedad, con dos puertas de acceso únicamente, y contadas ventanas, tenía un valor de un millón de dólares no tenía ni teléfono ni servicio de internet.

Seguir la pista del kuwaití Abu Ahmmad, correo personal de Osama Bin Laden, llevó a la CIA a encontrar el refugio del líder de Al Qaeda en Abbottabad, a una hora de la capital paquistaní. La vivienda estaba cercada por muros de entre tres y cinco metros de altura coronados por alambradas. Y era ocho veces más grande que las casas circundantes. Desde su parte más alta se podía otear el entorno. Aunque la propiedad, con dos puertas de acceso únicamente, y contadas ventanas, tenía un valor de un millón de dólares no tenía ni teléfono ni servicio de internet.

Un estorbo llamado Osama Bin Laden

El descubrimiento del escondite de Osama bin Laden es “tal vez el mayor éxito de inteligencia de una generación”, dijo al periodista independiente Gareth Porter un eufórico y triunfante funcionario de la CIA. Porter, ni tardo ni perezoso, comenzó a investigar, cotejó versiones, recogió nuevos testimonios y publicó la verdadera historia detrás de esta operación en Truthout.

En realidad, para el periodista, Bin Laden estaba en el complejo en Abbottabad porque había sido forzado al exilio por el liderazgo de Al-Qaeda. También es mentira que la CIA fue la que lo encontró con sus propias fuentes de información, llámense torturas porno, intervenciones telefónicas, vigilancia personalizada, porque la Dirección de Inteligencia Inter-Servicios (ISI), que es la agencia de inteligencia paquistaní, ya tenía bastante información sobre sus rutinas y las razones de su ocultamiento. De esa información dispuso la CIA tan pronto fue verificada con líderes tribales de la región.

Buena parte de los argumentos de Porter se centran en los mismos documentos que fueron incautados en el refugio de Bin Laden y que han sido analizados por la CIA pero que aún carecen de acceso público. Hasta ahora, parte de su contenido ha sido divulgada, el 8 de junio de 2011, por la Associated Press, y en marzo de 2012 por David Ignatius, columnista de The Washington Post. Lo que divulgaron ambos medios son irrealizables y delirante proyectos para derribar aviones donde viaje el Presidente Obama o el General David Petraeus  para conmemorar el décimo aniversario de 11 de septiembre, pero sólo en nivel de propuesta. El “cómo hacerlo” y “quiénes han de hacerlo” no aparece por ningún lado.

“Lejos de presentar a Bin Laden como el tomador de decisiones del día a día o incluso ‘estratega’ de Al-Qaeda, los documentos mostraban a un hombre sueña con hazañas gloriosas que no estaban relacionadas con la realidad”, escribe Porter en su reportaje. “De hecho, durante sus seis años en Abbottabad, Bin Laden no era el jefe funcionamiento de Al-Qaeda en absoluto, sino una figura decorativa aislada que se había vuelto irrelevante para las operaciones reales de la organización”.

 

Tanto el recrudecimiento de la guerra contra los talibanes como el de una enfermedad, aún no determinada, que fue mermando la salud de Bin Laden hasta impedirle caminar llevaron a la cúpula de Al Qaeda, en 2003, a ordenar que el saudí dejara su refugio en Tora Bora y que se trasladara hasta el complejo de Abbottabad por razones de seguridad y para mantener su imagen de líder imbatible.

 

La shura o consejo de Al Qaeda ya pensaba en ese entonces que Bin Laden ya “se había convertido en una carga física y se estaba volviendo loco”. En su nuevo refugio propuso el plan de atacar y capturar el reactor nuclear de Pakistán en Kahuta porque, según él, allí había armas nucleares. Zawahiri, el segundo rango de Al-Qaeda, junto con el resto de la shura, trató de demostrarle que Kahuta era impenetrable porque la rodeaba un  batallón de infantería regular, tenía defensa aérea, perros guardianes, minas y un sistema de seguridad láser que abarcaba todas las instalaciones. Tanta era su insistencia que pronto varios comenzaron a dudar de su cordura y comenzaron a hacer chistes a sus costillas. En ese momento, por el hecho de que su lucha no podía tener un líder ridiculizable, se decidió aislarlo y hacerle creer que se tomarían en cuenta sus sugerencias. El mismo Bin Laden acepta su nueva condición y empieza a rodearse de su familia. Hacia mayo o junio de 2005 llegan con él sus dos mujeres, seis niños y cuatro nietos.

Tras la caída de Irak en manos estadunidenses y la destrucción  de las células de Al Qaeda en el país, se decide que todas las comunicaciones internas tenían que ser por escrito y no por teléfono o internet. Esa decisión aisló más a Bin Laden del mundo y de sus pares.

En febrero de 2011 la CIA reclutó a un médico paquistaní llamado Shakeel Afridi para intentar obtener acceso a la casa con el pretexto de una falsa campaña para probar la sangre de la gente para la hepatitis, según el testimonio de investigadores del ISI. Esta acción muestra que la CIA ya estaba dándole seguimiento a alguien que cree que es mensajero de Bin Laden al compuesto en Abbottabad, en julio o agosto de 2010. La historia de la confesión hecha bajo tortura y la revelación del nombre real del mensajero de Bin Laden o la llamada telefónica interceptada parecen ser otros momentos engañosos en el camino a Abbottabad.

Un año después, en agosto y septiembre de 2011, agentes del ISI, tras vigilar el complejo de todas las maneras a su alcance, piden ayuda a sus pares de la CIA para que ocupen nuevas y más modernas tecnologías en el asedio a un sitio donde creen que se esconde un pez gordo, pero en ese momento la cúpula militar elige el papel del incompetente para no desatar la furia de los simpatizantes de Al Qaeda en el país. Mejor parecer torpe que títere o eficaz, sostienen los estrategas. Y aquí es donde entra en acción el Equipo Seis de los Navy Seals.

La verdadera espía

Tanto los papeles del archivo de Osama Bin Laden, como el lugar donde fue arrojado su cuerpo al mar, podrán ser revelados con el paso del tiempo, confían periodistas, políticos e historiadores del mundo entero. Por lo pronto, lo que prevalece ahora son las versiones, no oficiales, de varios aspectos de este capítulo de la historia contemporánea.

Jessica Chastain es la actriz que interpreta a Maya, la agente cuyo empecinamiento, según muestra la película de Bigelow, llevó a la captura de Osama Bin Laden. Según publicó el diario británico The Guardian, Maya está inspirado en un agente conocido, hasta ahora, como “Jen” y que forma parte de la trama de “No Easy Day”, un relato de la misión que ha escrito Marcos Bissonnette, ex navy seal, bajo el seudónimo de Mark Owen.

Por su papel interpretando a la agente Maya, Jessica Chastain fue nominada para recibir el Oscar por mejor actriz. Chastain, es hija de un bombero y de una chef vegana por lo cual ella es vegetariana. Contrario a su papel, ella ha dicho sobre su actitud vegana: “No quiero torturar nada. Quiero vivir una vida en donde no esté contribuyendo a la crueldad en el mundo. Mientras esté en este planeta quiero que toda la gente que conozca se sienta agradecida de que estén aquí”

Por su papel interpretando a la agente Maya, Jessica Chastain fue nominada para recibir el Oscar por mejor actriz. Chastain, es hija de un bombero y de una chef vegana por lo cual ella es vegetariana. Contrario a su papel, ella ha dicho sobre su actitud vegana: “No quiero torturar nada. Quiero vivir una vida en donde no esté contribuyendo a la crueldad en el mundo. Mientras esté en este planeta quiero que toda la gente que conozca se sienta agradecida de que estén aquí”

La película muestra su paulatino endurecimiento. De ser una incómoda testigo de prácticas de tortura, pasa a encabezar sesiones de tortura ella misma. Sobrevive a un atentado al hotel Marriot y a otro ataque afuera de su casa. Su amiga Jessica muere asesinada por un coche bomba en Camp Chapman. Pero ella persiste en su búsqueda de hallar a Abu Ahmed, correo personal de Osama Bin Laden.

Aunque no hay certeza total de que se ha encontrado el refugio de Bin Laden, los hallazgos le son dados a conocer al Presidente Barack Obama en cinco reuniones que comenzaron a mediados de marzo del 2011. Los dos últimos encuentros tuvieron lugar el 19 y el 28 de abril de 2011. El viernes 29, Obama dio la orden para iniciar la misión Operación Lanza de Neptuno.

El 1 de mayo de 2011 se dio el pizarrazo de arranque para La noche más oscura. Maya, al regreso victorioso de los navy seals, que realizan su misión sin sufrir una baja, haberse apropiado de la mayor cantidad de documentos del archivo de Bin Laden y destruir uno de los helicópteros utilizados en la misión, es la encargada de identificar el cadáver que traen consigo los guerreros.

Es él. Misión cumplida. Obama anuncia al mundo su victoria. Poco después La noche más oscura obtiene cinco nominaciones a los oscares, mejor película, mejor guión original y mejor actriz, pero la película de Kathryn Bigelow se alza con el oscar por la mejor edición de sonido porque esa noche fue la noche Argo, otro gran ejemplo de propaganda política y de eficacia americana. El resto desde entonces es polémica.

Arturo Mendoza Mociño

Estado Mayor

 

 

 

 

 

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