El hubiera del “Modelo Coahuila”

La intención y el fracaso de limpiar las policías durante el sexenio de Humberto Moreira

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México, 8 de octubre.- Lo que se llegó a conocer como “Modelo Coahuila” surge a principios del 2008 como una iniciativa mía y del gobernador Humberto Moreira ante el deterioro de la seguridad en las colindancias de su entidad y los señalamientos presidenciales de complicidad criminal en las instituciones locales.

Más allá de poner las policías locales en manos de jefes militares su originalidad, y en lo que consistió su gran eficiencia, fue en la determinación que tomamos juntos para separar el ámbito de lo político, del poder local, del tema de seguridad.

O al menos esa fue, de los dos, nuestra intención original.

De tal manera que el “Modelo Coahuila” determinó reglas de trabajo de los jefes militares totalmente distintas. Desde su llegada a la entidad por nombramiento directo del Secretario de la Defensa Nacional, sin recomendaciones o conocimiento previo. La más importante su independencia de los políticos locales, que en el caso de los presidentes municipales corruptos o temerosos de los narcotraficantes fue especialmente valiosa y determinante para mantenerse en su puesto pese a presiones de todo tipo.  En Piedras Negras, antes del asesinato del coronel Navarro a los 19 días de haber sido nombrado titular de la policía municipal, el Edil vino a pedirle a Moreira que lo quitase sin éxito.  En Parras regidores locales acusaron al general Bibiano Villa en represalia por no hacer excepciones a las faltas administrativas de sus familiares.

La línea del gobernador Humberto Moreira fue “hasta donde tope”…

Esta autonomía fue la causa de los principales problemas que tuvimos, sobre todo al enfrentar a poderes locales como el del primero procurador y luego fiscal, Jesús Torres Charles, cuyo hermano fue el principal protector de los Zetas en la entidad.

Chocamos con la corrupción al más alto nivel.  Día tras día.  Chocamos todos, Humberto Moreira incluido porque él ordenaba, él daba instrucciones y no se cumplían.

Asimismo los jefes militares, dieciséis, que tuvieron bajo su mando a cerca de 200 militares en retiro y ex militares, tuvieron el mismo sueldo, condiciones de trabajo, prestaciones y trato de parte del gobernador que en ningún momento se reunió a solas con ninguno de ellos para, precisamente, mantener totalmente aparte sus intereses políticos o locales de las razones de seguridad.

A eso debe agregarse la gran coordinación con los jefes de zona y región militar que tuvieron una injerencia directa con su operación. Todo esto con mi coordinación directa, que en los hechos resolvía cualquier diferendo con los civiles.  Excepto, obvio, el tema Torres Charles.

Respeto, autonomía, buenos sueldos, buena protección en cuanto a escoltas, vehículos blindados, cursos, trabajo en equipo nos permitieron posponer el resquebrajamiento de la seguridad en el Estado.  Y mantener las cárceles en orden, recuperando su control de manos de los Zetas como sucedía antes de la llegada del general José Luis García Dorantes a la Subsecretaria de Gobierno.  No tuvimos fugas, no teníamos “códigos rojos” cada día, no vivimos la violencia cotidiana de Coahuila hoy ni encabezamos el número de ejecuciones en el país como hoy.

Nuestros resultados, nuestros otra vez, de Humberto Moreira, los militares y mío, fue muy distinto.

Fue un experimento más que interesante que terminó, desafortunadamente para todos en la distancia y los resultados confrontados en Ciudad Acuña, tanto por el enfrentamiento con Torres Charles como lo que entonces yo ignoraba: Que detrás de esto afloraba la contraposición de intereses de los hermanos Moreira en el tema de seguridad.

Supongo, otra vez visto desde la perspectiva del tiempo pasado, que no solamente en esto.

Hoy no tengo duda alguna de que Torres Charles se sostuvo en su puesto por la cercanía con Rubén, quien lo llevó a trabajar con él al Ayuntamiento de Saltillo.  También por la generosidad, mal entendida, de Humberto que ponía muchas decisiones en manos de Rubén.

Y una y otra y otra y otra vez el gobernador Humberto Moreira se comprometió con el jefe de la Región Militar y conmigo a quitarlo.  La última vez comiendo los tres en palacio de gobierno el 15 de septiembre del 2009.  Una y otra y otra vez escuchó nuestros señalamientos sobre los actos criminales del hermano del entonces Fiscal y, me consta, ordenó que fuesen impedidos, investigados, castigados sin conseguirlo.

Una revisión, muy somera, a los hechos criminales de Ciudad Acuña donde hay un subjefe de policía municipal detenido junto con decenas de policías por presuntamente haber participado en el homicidio de José Eduardo Moreira, hijo del exgobernador Humberto, nos permite asumir con toda la fuerza precisa que de haber continuado el “Modelo Coahuila” esto no hubiese sucedido.

Así, con todas las letras.

Y no hubiese sucedido porque esta “complicidad” de la policía municipal, aquí casi como institución porque hablamos de un jefe y muchos hombres bajo su mando, jamás hubiese existido.

Durante nuestro tiempo tres jefes militares estuvieron a cargo de dicha policía, el general Ubaldo Ayala Tinoco, el coronel Salvador Méndez Cachiú, y el general Negrete.  Todos ellos documentaron amenazas de los Zetas, todos hicieron su mejor esfuerzo para contener su control y corrupción, intentaron cambiar a casi toda la policía porque (más del noventa por ciento) no eran aptos y no pasaron los exámenes de confianza.

Los nuestros, los particulares autorizados por el gobernador Moreira, porque los que hacía la Fiscalía de Torres Charles daban resultados totalmente contrarios, donde la mayoría interesadamente aprobaba.

Desde la llegada del general Ayala el hoy presunto asesino, el subdirector de la policía municipal de Acuña, Rodolfo Castillo Montes, fue cesado de sus funciones policiacas.  Y, por razones del poder local, obtuvo un espacio en el gobierno municipal… pero lejos de la policía.

Situación que se mantuvo durante los mandos militares siguientes.

¿Qué quiere decir esto?  Que la manera de imponer disciplina, control, de los jefes militares dio como resultado, inmediato y continuado, alejar a quien con el tiempo demostró ser un criminal bajo el mando directo de los Zetas.

Quitarle su placa, su poder, su control social bajo el membrete policiaco, hubiese bastado para que Eduardo Moreira no acudiese a una cita con él.  Para situarlo donde verdaderamente estuvo siempre al lado de los criminales.

Esta separación, primer paso esencial para cambiar el sistema de seguridad publica en el país, de los policías y los criminales con placa de autoridad policiaca, fue lo que conseguimos.  Y lo que se derribó a nuestra salida, volviendo a instaurar el control criminal en las policías municipales, como vemos hoy trágicamente en Ciudad Acuña.

Otro tanto pasaba en Monclova donde un atentado contra el general Pacheco costó la vida de tres de sus escoltas, o el ya mencionado asesinato del coronel Navarro en Piedras Negras.

Se trataba en un primer paso importantísimo, esa fue la intención de Humberto Moreira y mía, de no permitir que las policías locales más importantes estuviesen en manos criminales como hoy han demostrado estar.

El tema, pues, trágicamente, está inmerso en la decisión política.

No todos los militares, en activo o en retiro, tienen aptitud y capacidad para funciones policiacas.  Pero la mayoría tienen cualidades de valentía, disciplina y vocación de trabajo que permiten de manera muy eficiente recuperar estas instituciones de la corrupción criminal en que están inmersas en todo el país.  Para, a continuación (lo que ya no tuvimos suficiente tiempo para alcanzar como meta) iniciar una profesionalización que permita que los policías sean funcionarios públicos con decisión y capacidad para proteger a la sociedad.

El hubiera es inválido y muy triste frente a la muerte dolorosa de un joven como Eduardo Moreira, pero si hubiésemos estado en Ciudad Acuña como lo hicimos en durante buena parte de su gobierno, no habría sucedido la tragedia que se está viviendo frente al cadáver de un hombre joven, bueno, que no tenía por qué desconfiar de alguien que era aparentemente un jefe policiaco…

Isabel Arvide

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  23 en “El hubiera del “Modelo Coahuila”

  1. Avatar
    28 de octubre del 2013 en 17:50

    ANIMO DOÑA ISABEL ARVIDE: EL MODELO COAHUILA,SIRVE…SOLO FALTA VOLUNTAD POLITICA….

  2. Avatar
    IM P
    08 de octubre del 2012 en 23:07

    Ahora resulta que Humbertito es una amor, un dechado de honestidad, POR FAVOR!!! Ese pendejo viajaba casi a sus anchas por Coahuila sin proteccion porque estaba arreglado con los Zetas!!! Igualito que Fidel Herrera, solo que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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