Calderón le deja tarea a Peña

México, 4 de septiembre (La Razón).- El presidente Felipe Calderón acaso intuye que pasarán años antes de que se pueda realizar un balance sereno de su gobierno y en particular en uno de sus ejes más importantes, pero al mismo tiempo polémicos: el de la seguridad.

Por ello en mensaje con motivo de su sexto informe de gobierno insistió en que en el tema de combate al crimen no existía otra alternativa que enfrentar a las bandas de delincuentes con toda la fuerza y de frente.

Uno de sus argumentos más importantes, e inquietantes, es aquel que señala que los maleantes estaban desafiando al Estado mismo en algunos lugares del país.

De nueva cuenta recordó que no se hizo lo suficiente en el pasado y que el cambio mismo en el mercado de las drogas, donde aumentó el narcomenudeo y en el que los cárteles tuvieron la oportunidad de armarse mejor, generó el clima de inseguridad que aún padecemos.

La crítica al pasado ya no fue tan contundente como hace un año, lo que demuestra pragmatismo y realismo político.

La única posibilidad con que cuenta Calderón de que su legado en el tema de la seguridad no sea desestimado va a radicar en la relación que establezca con su sucesor, Enrique Peña Nieto.

Tampoco se equivoca en buscar acuerdos, porque sabe por su propia experiencia como legislador, que hay posibilidad de amarrarlos si se hacen bien las cosas y se construye una relación de respeto.

Por eso el Presidente hizo una defensa de lo logrado en los últimos años, y de lo que considera una verdadera transformación en la Policía Federal.

Tan sólo el número de elementos es un abono a esa tesis, ya que la fuerza pasó de 6 mil integrantes en 2006 a 36 mil en 2012 y todo ello sustentado en un nuevo modelo de policía, que tiene como objetivo el lograr mejores resultados por medio de recursos científicos y de inteligencia.

El presidente Calderón no niega errores, y no podría hacerlo sobre todo después de lo ocurrido en Tres Marías, pero insistió en que se debe actuar con justicia a la hora de los balances, no condenando a las instituciones por la mala actuación de unos pocos.

El presidente Calderón, sin embargo, sigue sin tener un discurso adecuado en el recuento de los daños.

Buena parte de las discusiones en los próximos años va a tener que ver con los 50 mil muertos y las circunstancias en que ocurrieron estos hechos.

El argumento de la rivalidad delincuencial es solo uno, pero está lejos de explicar el fenómeno en su totalidad.

En cada uno de los países donde han ocurrido tragedias de semejante magnitud, se ha tenido que elaborar todo un proceso de reconstrucción histórica y México no será la excepción.

De ahí que sea vital para quien todavía vive en Los Pinos que la próxima administración retome, o no condene, los ejes fundamentales de la estrategia.

Julián Andrade

Opinión

La Razón

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