México, 25 de mayo.- En el principio de mi historia, aterrada como sólo los jóvenes pueden estarlo, la frontera norte del país era “territorio comanche” donde los periodistas experimentados eran expresión excelsa de misoginia. Ahí, cuando la realidad estaba a punto de ganarme la primera partida, Joaquín me tomó de la mano, solidario, para decirme punto a punto cómo debía caminar ese andarivel tremendo.
Ya era López Dóriga el reportero que había cubierto guerras y se tuteaba con el Presidente de la República, ya era también el hombre sencillo y abierto que no tiene vanidades.
De eso hace, ya, más de cuarenta años.
Joaquín ha sido, entonces, hoy, el reportero por excelencia. Como dice, no sabe jugar golf, no le interesa cocinar, no tiene otra pasión que el periodismo. A eso, a ser reportero, se ha dedicado estos más de cuarenta años. A eso habrá de dedicarse el tiempo que vendrá, poco o mucho.
El anuncio de que abandona el noticiero de Televisa por la noche, tiene que ser bienvenido por quienes lo queremos. Adriana en primer sitio. Porque habrá un poco, poco aunque sea, más de tiempo para la vida. Para los hijos, para los nietos, para la familia, para los amigos, para todo lo que Joaquín ha pospuesto siempre.
Vaya que es absorbente esta profesión. La noticia no espera, los reporteros menos. López Dóriga ha transcurrido su vida entre giras internacionales, guerras, cónclaves papales, desastres naturales, y corrupción del poder que igual coloca en el quinto cielo a sus protagonistas, que los ha mandado a la cárcel. Desde su trinchera ha sido testigo.
¿Y qué significa ser testigo? Justo eso. Atestiguar, ser ojos y oídos del otro, de la sociedad, de aquel que no está presente.
López Dóriga se formó en el periodismo de las redacciones, de las guardias, de ese agobio en el pecho por ser el primer en tener la nota, de esas hormigas en el estómago por haber logrado la “de ocho”. No ha tenido otra ambición, no ha puesto fábricas, restaurantes, escuelas… no ha hecho sino buscar la nota cada día, cada hora.
¿Es suficiente? Es, será siempre suficiente para quienes creemos que este oficio, maravilloso y devastador, es el nuestro.
Quien tenga afición taurina entenderá qué quiere decir Salir por la Puerta Grande que es lo que hoy hace Joaquín. Porque por bueno que sea el torero, por magnífico que sea el toro, por espléndida que sea la corrida, para salir por esa Puerta Grande se necesita la coincidencia de público y jueces. Es lo más difícil que puede suceder.
Y eso es lo que hace Joaquín, salir por la Puerta Grande en su mejor momento, en plenitud de capacidades y aceptaciones. A su tiempo. En su momento.
Lo que no quiere decir que se retire. No se le ocurra a ninguno pensarlo. Es, simplemente, una manera de tomar más vida entre las manos para los suyos. Lo que sus amigos le agradecemos.
¿Qué ha hecho López Dóriga en estos más de cuarenta y cinco años de ser reportero? Ser reportero, dan ganas de decir “carajo” ser reportero como si se pudiese nombrar lo que eso significa. Desde los días en que había que buscar donde “picar” la nota para que pasara por el hilo del telégrafo, cosa que ya no se recuerda frente al teléfono satelital, hasta entender los tiempos del twitter y conseguir más de seis millones de seguidores. Cada día ha estado en su trinchera, diversa si es su micrófono o el de Televisa, distinta si es su columna o su mensaje en redes sociales, pero siempre congruente consigo mismo.
Yo, primera persona del singular, me siento profundamente orgullosa, enriquecida por el privilegio de haberlo conocido estos muchos años. De haber sabido siempre de su solidaridad plena, de haberlo visto cubrir la nota a punto de entrar al quirófano, de haberlo escuchado lúcido y aleccionador.
También, lo admito, voy a extrañarlo por las noches, como una cita con la realidad, como un encuentro con lo que vimos, supimos, quisimos entender ese día.
Joaquín es, seguirá siendo el referente nacional del periodismo. Pese a quien le pese…
Isabel Arvide
@isabelarvide
Estado Mayor MX
