EPN, menosprecio militar

México, 20 de junio (Lasillarota.mx).- 1.- El fichaje del general colombiano Oscar Naranjo por parte del candidato presidencial priista Enrique Peña Nieto para que lo asesore en el combate a la delincuencia, es una acción propagandística, un movimiento con el que se intenta darle a la fallida estrategia antinarcóticos de México un tinte diferente.

2.- Peña Nieto y sus asesores (nacionales) hacen la jugada correcta en los momentos de mayor apuro prelectoral, apostando ahora por el discurso de la seguridad, del combate al narco y de la estabilidad o al menos de la pacificación como medida urgente y exigencia para cualquiera de los candidatos a la Presidencia.
3.- Presionado por encuestas que el PRI y sus aliados no pueden controlar y que establecen un empate técnico entre él y Andrés Manuel López Obrador a unos cuantos días de las elecciones, el priista opta por un giro inesperado que no tiene nada de gratuito.
4.- Anunciar al general Oscar Naranjo como asesor externo en materia de seguridad y combate al crimen organizado, molestó a un sector de las fuerzas armadas mexicanas, pero no a todos como se podía pensar.
Generales y Almirantes en activo reconocen que la experiencia y los éxitos de Naranjo serían vitales para avanzar en aquellos aspectos de la lucha en los que la violencia anuló o trastocó la estrategia antidrogas.
Sin embargo, militares y navales advierten también que la aportación del general colombiano para buscar soluciones concretas y rápidas sería una falacia.
5.- Múltiples análisis sobre el fenómeno del narcotráfico coinciden en señalar el carácter trasnacional y cada vez más complejo de esta manifestación delictiva. No habría problema entonces en proponer nuevos aires y posibilidades no exploradas para atacar al narco, pero las dinámicas detrás de este escenario tienen doble fondo.
6.- El general Naranjo no es un personaje de nueva aparición en el escenario de la política nacional. Se trata de un militar exitoso como policía antinarcóticos y anticrimen, con una reconocida hoja de servicios y de éxitos en materia de inteligencia, contrainteligencia y desmantelamiento de grupos delictivos.
7.- Peña Nieto lo conoció de cerca hace poco más de tres años, cuando viajó a Colombia a ver su forma de trabajo en el marco de la agudización de la violencia ligada al narco en el Estado de México. Fueron los años de las decapitaciones, de los cuerpos arrojados a la orilla de carreteras, de las narcomantas y los casos de desapariciones sin resolver, los años en los que la entidad se convirtió en uno de los corredores de los Beltrán Leyva, de la familia Michoacana, de células itinerantes de Zetas en busca de mayor control territorial.
8.- Sin embargo, el contacto para llegar de la mejor manera al general Naranjo no surgió en el PRI, sino en la Secretaría de Seguridad Pública Federal (SSPF) con la que el militar colombiano ha tenido magnífica relación en el gobierno calderonista.
9.- Enrique Peña Nieto obtuvo el contacto gracias a la mediación del secretario Genaro García Luna y a las buenas gestiones de los expertos en seguridad de Los Pinos. Esta doble pinza anticipa nuevas dinámicas.
10.- El mensaje peñista consiste en hacerle saber a la ciudadanía que la asesoría del militar colombiano no equivaldría ni a menospreciar a los militares de casa, ni a reconocer que la lucha es un fracaso y mucho menos que este es responsabilidad del Ejército y de la Marina.
11.- En la lógica peñista, contratar al general Oscar Naranjo no equivale a violar la constitución; más bien significa llevar a otro nivel la relación con el gobierno de los Estados Unidos para ensanchar la estrategia antinarcóticos aplicada en Colombia (Plan Colombia) y llevarla al plano hemisférico, cerrando la doble pinza al sur del Río Bravo.
12.- Se trata de un guiño muy vistoso del candidato priista hacia los Estados Unidos, sobre todo tras los pronunciamientos recientes del gobierno estadunidense en torno a la continuidad de la estrategia antidrogas en un eventual régimen priista.
13.- Peña Nieto y su gente responden así a las dudas de Washington, a la necesidad estratégica de los norteamericanos de consolidar una estrategia continental antinarcóticos, a las críticas sobre el fracaso de la guerra calderonista, convirtiendo sus saldos no en un sonoro fracaso, sino en un cambio y readecuación de la lucha a partir de una dinámica casi perfecta: privilegiar las operaciones de inteligencia para reducir la confrontación pasar a una ofensiva que mine los recursos financieros de los cárteles.
La respuesta matizaría también la imagen del Ejército y la Marina, resentida además por el desprecio inicial de Peña hacia las fuerzas armadas mexicanas para hacerse cargo de la lucha.
14.- El propio Naranjo lo declaró recientemente a The Washington Post (TWP), señalando que la estrategia que le recomendaría a Peña Nieto se basaría en el incremento y perfeccionamiento de operaciones de inteligencia y el “ataque rápido y eficaz” a las finanzas de los cárteles.
15.- Si Peña gana y el general Naranjo llega como asesor, García Luna quedará blindado y la SSPF seguirá bajo su influencia; Calderón quedará como un mandatario congruente que al final abrió la posibilidad de renovar el combate a un fenómeno cambiante, con una estrategia aprobada y celebrada en varios momentos por la Casa Blanca; el general Guillermo Galván y su sucesor no llevarán el sello del fracaso, porque el narcotráfico, siendo un fenómeno mundial, tiene que ser atacado a partir de experiencias exitosas en donde las haya.
Entonces, lo de Naranjo será una mera contribución para enfrentar un problema cuya solución escapa a lo doméstico.
16.- Al final, los militares y navales mexicanos sólo habrán hecho lo que está en sus manos contra esta forma de delincuencia, que anualmente mueve 300 mil millones de dólares en ganancias y lava cerca de 10 mil millones al año en México.
De esa cifra estimada por las autoridades norteamericanas, cerca de 3 mil millones de dólares van al cartel de Sinaloa, según el NYT.
En el fondo la intención de EPN no tiene desperdicio, porque si llega al poder bien podría prescindir del general Naranjo para no distanciarse más de la Sedena y de la Marina, pero habrá dejado constancia de su voluntad para continuar con una política antinarcóticos – y antirerrorista – continental del agrado de la Casa Blanca.

El menosprecio a los militares mexicanos será sólo un daño colateral que se cura con mayor presupuesto, prestaciones sociales y algunas curules en el Congreso.

Jorge Alejandro Medellín

Opnión

LaSillarota.mx


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