México, 18 de junio (La Razón).- Si como demuestran varios países, la atracción de talento es uno de los pilares en que han fundado buena parte de su éxito, el reclutamiento del general Óscar Naranjo, ex director de la Policía Nacional de Colombia, para brindar, entre otras actividades que realizará, asesoría externa al gobierno de Enrique Peña en seguridad, es una decisión ciertamente heterodoxa pero inteligente y correcta.
Junto al legendario William Bratton, que fue sucesivamente jefe de policía en Boston, Nueva York y Los Angeles, el de Naranjo es el ejemplo de eficacia más célebre en los cuerpos de seguridad del hemisferio. Sus logros en el combate al narcotráfico y la guerrilla en Colombia son bien conocidos, pero lo son menos los rasgos de una personalidad singular.
Hijo de un general de policía que también fue director de la misma corporación, Naranjo nació y creció en la policía. Desarrolló rápidamente virtudes como la capacidad para aproximarse a problemas sofisticados, comprender y explicar de manera sencilla diagnósticos y estrategias complejas, mantener un nivel de total disciplina y eficacia, y preservar la integridad de la institución, pues, como alguna vez le advirtió en privado a un muy alto funcionario mexicano, “nunca, nunca, nunca subestimes el poder de corrupción de la delincuencia organizada”.
Buen comunicador, Naranjo ingresó a la Universidad Javeriana a estudiar periodismo y cuando tenía que escribir una crónica para una clase, su padre le hizo acompañar a un grupo de policías que iba a rescatar a uno de los primeros secuestrados en el país; dicen que la experiencia le hizo dejar la universidad y matricularse en la escuela colombiana de formación policial.
Naranjo empezó en las áreas de inteligencia. Fue jefe del grupo de contrainteligencia de la Dirección de Investigación Criminal, desde donde construyó uno de los sistemas más eficientes en la persecución y captura de algunas de las más grandes organizaciones criminales.
Quienes en México lo han conocido personal y profesionalmente, subrayan que posee las características esenciales para su misión: liderazgo, visión, plataforma y proceso de diseño y construcción institucional.
De buen juicio, tiene un enfoque refinado de la estrategia y la táctica en el despliegue de la fuerza del Estado, para la recuperación territorial y la desarticulación de las bandas criminales. Conoce a fondo la situación mexicana y las semejanzas y diferencias con otros países problemáticos, y en algunas ocasiones ha manifestado su impresión de que, si bien en México hay una debilidad institucional en materia de justicia y seguridad, existen fortalezas también institucionales para construir más y mejor Estado, y para hacer de la formación ciudadana un activo en esa estrategia.
Naranjo ha interactuado por años con mandos policíacos y militares mexicanos, sabe el papel que le toca, sus alcances y límites, y cómo agregar valor a la estrategia del nuevo gobierno. Será un asesor muy útil, sin duda, así que no caigamos en la ruindad de regatearle mérito a la decisión de ficharlo.
Otto Granados
Opinión
La Razón
