México, 26 de diciembre (Impacto).- Sin duda Enrique Francisco Galindo Ceballos tiene méritos suficientes para encabezar a la Policía Federal en el primer tramo del gobierno de Enrique Peña Nieto, pero en la limpia de todo lo que huela a Genaro García Luna y en obsequio de algunos de los firmantes del Acuerdo por México, se echó al cesto de la basura la experiencia de Luis Cárdenas Palomino.
Su jubilación tempranera nada tiene que ver con casos polémicos como el de Florence Cassez, los aún no del todo aclarados hechos de Tres Marías y del Aeropuerto Internacional Benito Juárez en los que participaron agentes a sus órdenes, sino en problemas familiares.
Desde que su ex cuñado Humberto Castillejos fue designado director jurídico de la Presidencia de la República era previsible su salida del servicio público.
Con Cárdenas Palomino se pierde, entre muchas otras cosas, la experiencia en la investigación de secuestros que condujo a la liberación de muchos mexicanos, pero se dirá que son cosas de la renovación.
Por lo demás no es enteramente cierto que García Luna sufra persecución o algo por el estilo dada su relación con el general colombiano Óscar Naranjo Trujillo, asesor de Peña Nieto en materia de seguridad. Durante muchos años controlaron las fuerzas policiacas en los dos países más importantes para la industria del narcotráfico continental.
De hecho, la conformación de la Policía Federal, según el concepto de García Luna, fue una mala copia de la policía colombiana dirigida por Naranjo Trujillo.
Pero lo importante es que el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, ya tiene comisionado de la Policía por más que sea encargado del despacho y se desempeñe en otra Secretaría en tanto no se resuelva la inconstitucionalidad de las reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública.
Precisamente el supuesto de que nombramientos como el de Galindo Ceballos tendrán que ser ratificados por el Senado de la República fue aprovechado para cortar de tajo la carrera de Cárdenas Palomino. No pasaría el retén de los padres de la patria, se argumentó con razón.
Pero el retén del Senado se pudo obviar colocándolo en otra posición menos llamativa que la del Comisionado.
A menos que las fuentes nos fallen (y en estos temas nunca ocurre), el nuevo comisionado tiene un problema que no es menor: a pesar de su estancia por dos años en el Sistema Nacional de Seguridad Pública no ha pasado los exámenes de confianza.
Desde luego el asunto se puede resolver cambiando a quienes realizan los exámenes o simplemente afiliarlo al SNTE para que no requiera evaluación.
O aceptando como verdad absoluta la recomendación de Manuel Mondragón que seguramente desdeñó los problemas que tuvo en San Luis Potosí, en donde fue jefe de la policía.
Juan Bustillos
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