México, 9 de octubre (Impacto El Diario).- En este espacio calificamos de desmesurada la reacción de la viuda de Eduardo Moreira contra su tío político, el gobernador Rubén Moreira, a raíz de la ejecución de Eduardo, el hijo del ex gobernador, Humberto. “No sabes gobernar… maldito”, escribió en su tuit.
Las duras palabras encierran un problema familiar grave: El distanciamiento evidente de los hermanos Rubén y Humberto, que no pudo resolver ni su señora madre.
El distanciamiento fraternal sería la causa por la que Eduardo carecía de escolta, necesaria para un miembro de esa familia en una entidad en la que el crimen organiza masacres y escapatorias masivas de los penales.
Y todo porque Humberto dejó de tener importancia en la política nacional y su hermano Rubén, que lo sucedió en la gubernatura, se sintió libre de compromiso alguno, tanto que nada hizo para evitar la caída de su carnal de la presidencia del PRI, fraguada por Ernesto Cordero con la difusión de falsificación de documentos para contratar créditos para el gobierno coahuilense.
Rubén es gobernador por derecho propio gracias a su gran popularidad; el problema es que ésta la adquirió en la presidencia del PRI estatal gracias a que el gobernador, Humberto, decidió que su partido manejara los programas sociales.
La cuantiosa deuda del gobierno (la contratada legalmente y la adquirida con la falsificación de acuerdos del Congreso local y el falseamiento de registros en hacienda) fue invertida en la construcción de la candidatura de Rubén.
Por eso Humberto no entendió que su hermano actuase con desdén ante el problema creado por Cordero con la difusión de los documentos.
La caída de Humberto y el importamadrismo de Rubén fracturaron a la familia.
A esto se debe aunar la presunta mezquindad de Rubén a la hora de responder a las peticiones de su hermano para favorecer a sus allegados con algunas posiciones políticas.
Es probable que el gobernador calculara que la pérdida de futuro político de su hermano le abría a él nuevos horizontes o, quizás, supuso que poner distancia le beneficiaría.
Lo cierto es que Rubén se quedó solo y el resto de la familia hizo causa común con Humberto.
Todo esto sólo tiene que ver con la falta de protección con que se movía Eduardo; el resto, su ejecución, responde a móviles de otra naturaleza. La Inteligencia Naval presume que el crimen organizado se vengó, con la ejecución del hijo de Humberto, de la muerte del sobrino de un jefe mafioso.
Quienes ordenaron su ejecución supusieron que con ello lastimarían al gobernador.
Esta versión es la que se platica entre los priístas que conocen a Humberto y a Rubén; el más perjudicado es el gobernador de Coahuila, a quien ya se ve como una especie de Caín que envidiaba el éxito de su hermano, que no supo corresponder lo que hizo para llevarlo al gobierno y aprovechó su caída para construir su propio crecimiento.
Si el gobernador de Coahuila decide frecuentar los círculos priístas de la capital de la República, percibirá, de inmediato, el repudio. Injusto, quizás, pero esa es la percepción generalizada.
Juan Bustillos
Opinión
Impacto El Diario
