Felipe Ángeles, único general mexicano de tres ejércitos

En el aniversario luctuoso de su nacimiento, 13 de junio de 1869.

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Ciudad de México, 13 de junio.- Felipe Ángeles tuvo, a lo largo de su vida, varios oficios. El de militar que disfruta las batallas que aniquilan al enemigo. El del militar que se crece en la expresión contraria a la del superior cuando cree tener la razón moral. El del educador que pretende engrandecer conocimientos del estudiante. El rebelde que no sigue las órdenes de Venustiano Carranza. El del hombre pragmático fiel a su esquema matemático de la realidad. Y, también, el del hombre humanista preocupado por los demás, e intrigado sobre la existencia de alguna divinidad, de vida después de la muerte.

Sobre todos estos oficios sobresale el del militar leal al poder civil, encarnado en el presidente Francisco I. Madero.

Que, dentro de esa cualidad de lealtad, no obedece órdenes superiores de un jefe, en este caso Venustiano Carranza, que no respeta.

Ese ser humano tan complejo, se entendió con Francisco Villa en quien encontró cualidades que muchos historiadores no le han reconocido, en 1916 escribió: “Me enorgullece haber sentido por largos meses el afecto y la estimación de un hombre como Villa, y me entristece el pensar que, entre todo el montón de intelectuales del país, no hay un hombre de las energías de Villa… sepan que estoy con Villa”.

La batalla de Zacatecas fue la mayor, la más fuerte, la más enconada y la que mayor número de víctimas tuvo de todos los combates de la Revolución Mexicana.

Afirma el historiador Pedro Salmerón: “A muchos historiadores les parece que el plan de ataque era un alarde de fuerza en el que Ángeles y Villa no pensaron en la vida de sus hombres. Un análisis general de la campaña nos permite advertir lo contrario: sabían que una lenta batalla de desgaste, una repetición de los combates de La Laguna, era superior a las fuerzas y recursos de la División del Norte e idearon una manera de resolver violentamente la contienda en unas pocas horas”.

De esta batalla afirma Adolfo Gilly, en su libro Felipe Ángeles el Estratega: “Es también, ante la terquedad de Venustiano Carranza, el ajuste de cuentas de Villa y de Ángeles con su mando autoritario, su ignorancia del arte de la guerra y sus maniobras políticas contra la División del Norte. Es por fin la fusión, en los afectos y los peligros de la guerra, de la voluntad de dos personalidades desiguales, Villa y Ángeles, contradictorias entre sí y extrañamente complementarias”.

Esta batalla, desde el ángulo estrictamente castrense, demostró la importancia de la Artillería. Las ametralladoras usadas en la Revolución disparaban hasta 500 balas por minuto. También se armaron con fusiles Mauser y carabinas 30-30. Cuando el general Felipe Ángeles estudió en el Colegio Militar no existía el Arma de Artillería, en la Revolución tuvo a su disposición los cañones Schneider-Cannet y Saint Chahumond-Mondragón que tanto había ponderado en las aulas, como instructor. El estudio de las armas, de la pólvora en la guerra, de la estrategia propiamente ejecutada, fue una de sus mayores obsesiones.

El jefe militar que ganó varios de los combates más importantes de la Revolución, nunca tuvo tropa suya, nunca fue un caudillo, sirvió como militar que era, a las órdenes de otro: Madero, Carranza, Villa. De otro, sin ambición de convertirse en cabecilla de un grupo. Sin ambiciones políticas, ni de fortuna, ni de poder. Fue el único que recibió, varias veces, el ofrecimiento de ser Presidente de la República y no lo aceptó, mientras sus jefes peleaban por ganar la designación de ese puesto político.

En un contexto difícil de entender a la distancia, los villistas, junto con el general Ángeles, no habían roto con Venustiano Carranza definitivamente, o no lo habían hecho formalmente, pese a los telegramas cruzados. Eran enemigos en privado, y los dos, a su vez, enemigos de Victoriano Huerta que poco tiempo después de su triunfo en Zacatecas, el 15 de julio de 1914, abandonaría Palacio Nacional.

En ese ámbito, tan complejo, Carranza decide destituir a Felipe Ángeles de la subsecretaría de Guerra, posición que seguía ostentando, aunque fuese en el papel. Y en su pago. Justo al ganar la batalla de Zacatecas. Esto trajo, obviamente, un quebrantamiento que estuvo acompañado de un tono conciliatorio… difícil de asimilar. Pero en los meses siguientes Carranza y Villa, con sus generales leales, fueron coincidentes en el combate a la gente de Victoriano Huerta.

Carranza publicó que la razón de su decisión era por la “insubordinación” del General. Una vez más Ángeles parecía no complacer a sus jefes… “Esta Primera Jefatura del Ejército Constitucionalista, que es a mi cargo, ha dispuesto que con esta fecha cese usted en el desempeño del puesto de subsecretario de Guerra por convenir así al buen servicio y a buen nombre del Ejército Constitucionalista, por no haber sabido usted corresponder a la confianza que le ha dispensado esta jefatura, cometiendo una falta grave de insubordinación…”.

La vida del tres veces general, nombrado por tres ejércitos, Felipe Ángeles, es excepcional en la conjunción -para algunos imposible, para muchos militares siempre infinitamente imposible- de insubordinación y lealtad. Era leal a Villa e insubordinado a Carranza, que en los hechos era su jefe superior.

Isabel Arvide / @isabelarvide / EstadoMayor.mx

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