Cuarteleras

México, 30 de octubre.- Aquel desayuno del pasado 22 de octubre, aquel encuentro de más de medio millar de generales en retiro con el general secretario Luis Crescencio Sandoval, va a replicarse, se está replicando en muchas de las 12 Regiones y 46 Zonas Militares del país.

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El 4 de noviembre, por ejemplo, les tocará a los generales en retiro que viven en los alrededores de la 46 Zona Militar de Ixtepec, Oaxaca, escuchar al general Erwin Rodolfo Solórzano, comandante de zona, explicarles cómo va o hacia dónde debe dirigirse la Sedena que encabeza el general secretario y manda el Comandante Supremo Andrés Manuel López Obrador.

En términos amplios, los comandantes de zona o de región se reunirán con los generales en retiro para leerles o explicarles el folleto informativo que el general Sandoval les mostró el 22, el día del desayuno en Lomas de Sotelo, como lo dio a conocer Estado Mayor hace unos días.

En ese encuentro el secretario de la Defensa Nacional les habló a los generales sobre 13 puntos o temas que su administración considera relevantes y que están en marcha o van a llevarse a cabo en lo que resta del gobierno.

Guarda Nacional (reclutamiento y perspectivas), Uso de Uniformes y Divisas, Creación de Tres Batallones de Servicios Especiales de la Policía Militar, avances en la construcción de las instalaciones de la Industria Militar en el predio de La Célula (Puebla), el programa Sembrando Vida, avances en el entrenamiento de tropas, policías y civiles en el Centro de Entrenamiento Conjunto de Operaciones de Paz de México (CECOPAM), Relaciones Bilaterales con los Estados Unidos, la creación del Doctorado en Desarrollo y Seguridad Nacional, el programa de Becas para los Hijos de Militares, las importancia de las Redes Sociales, la modernización de aeronaves empleadas en operaciones de detección e intercepción, la creación de un Sistema de Enlace de Datos y Situación Táctica, así como la Transferencia de Material de Vuelo para vigilancia estratégica, son los temas que escucharán los generales en las reuniones.

Mientras esto sucede, la ciudadanía, los partidos de oposición y hasta militares y policías siguen esperado una explicación lógica, coherente y verdadera sobre por qué fracasó de manera brutal el operativo en Culiacán para detener a Ovidio Guzmán López, hijo menor de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo.

Y es que a nadie han convencido las tres, cuatro, cinco o nueve versiones de los hechos que el gabinete de seguridad ha ofrecido y filtrado a columnistas y medios de comunicación para justificar el fracaso de la fallida captura de Ovidio.

Ninguna de las versiones difundidas alcanza a explicar qué fue realmente lo que ocurrió y quién o quiénes fueron los responsables del triunfo del cártel de Sinaloa sobre el Estado mexicano y la 4T, es decir, quién o quiénes debieron haber renunciado y de qué manera es necesario y urgente que se rehaga la estrategia de seguridad y en particular la dirigida a combatir a los grupos de la delincuencia organizada, que brilla por su ausencia.

El primero en la quema de funcionarios era el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, inexperto en temas de seguridad, pero protegido a capa y espada por el mismísimo presidente López Obrador para evitar su salida y la primera gran debacle del sexenio en menos de un año de mandato.

La declaración del habitante de Palacio Nacional reconociendo que no sabía del operativo y luego componiendo para señalar que supo, pero después, no en su momento, pero que apoyaba la decisión (¿de quién o quiénes?) de liberar a Ovidio para evitar una masacre en las calles de Culiacán, no fue sino un carrusel de desaciertos, opacidad, incapacidad de enfrentar una crisis y manipulación mediática.

Al final, militares, jueces, gobernantes y el aparato de seguridad y justicia quedaron exhibidos y exhibieron sus limitaciones en un operativo fracasado por todos los costados, de arriba abajo, de izquierda a derecha. De tal magnitud fue el fracaso que hasta Ovidio y sus amigos debieron agradecerle al Comandante Supremo De las Fuerzas Armadas haberle respetado la vida y no haberlo golpeado ni torturado.

Lo único cierto entonces es que, al final, los Fuchi y los Guácala sí funcionaron.

(Nadie sabe para quién trabaja)

Centinela

Y ya cerca del final de año, la tropa, la bendita tropa, se frota las manos y hace sumas y restas y cálculos y no para de contar las horas y días para recibir el bono y aguinaldo por los servicios prestados a la patria.

¿Se quedarán con las ganas?

El general secretario se sinceró un poco con los generales en retiro que atendieron su invitación para desayunar en privado y de plano les dijo que la Sedena va a atravesar zona de turbulencia financiera, porque el gobierno federal quiere todas las castañas del presupuesto para hacer crecer a la de ya a la naciente Guardia Nacional.

Ese año debe tener al menos 50 mil efectivos  a los que habrá que equipar y entrenar y desplegar, y eso cuesta dinero, mucho dinero, y los pocos o muchos recursos que la Sedena esperaba recibir en 2020 y 2021, pues sencillamente se irán a las arcas de la GN.

El siguiente paso es recibir civiles para engrosar las filas de la corporación y ver si los que lleguen califican para la vida militar (no civil) que rige la corporación. Basta ver la lista de mandos territoriales de las 32 Coordinaciones que encabezarán a los ex policías militares y navales en el país.

Redacción / EstadoMayor.mx

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  1 para “Cuarteleras

  1. Avatar
    Luis Campos Campos
    07 de noviembre del 2019 en 12:34

    En una dictadura de izquierda, el único que ordena y dice que hacer es el líder y si alguien hace lo que no le ordenaron simplemente se elimina, pero en este caso, llegar a esta solución dramática, lo único que revelaría es confirmar de donde salió la orden y quién es el responsable de todo el “Circo”, lo cual se opone a decir: me equivoqué. Situación que un militante de izquierda nunca hará, porque sus valores no se lo permiten, ya que un mesías, un iluminado, un Gurú, no tiene derecho a perder su carácter divino; entonces se busca un chivo expiatorio entre los que menos importan, o la comunicación aclaratoria se hace tan confusa que acaba por aburrir, pues al final, para entrar al circo, ya se agotaron los boletos.

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