El Presidente

Si bien la cuenta debe ser en contrario, una enumeración de todas las trampas en las que no ha caído, lo más importante es que tomó posesión como presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

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Que se puso a chambear como lo que es, el primer mandatario.

¿No sería lo natural? El tema es que venimos de mandatarios que no entendieron bien esto, o en su caso no quisieron asumirlo con la intensidad brutal que ha mostrado López Obrador.

Son muy pocos días para exigir resultados. Como bien define la excepcional portada de El Sol de México del domingo 10 de marzo, el Presidente no tiene contrapesos.

Tampoco tiene horario. Tampoco juega Golf. Tampoco deja de trabajar al medio día. Tampoco se ha encerrado en su oficina. Tampoco se ha creído que es gerente general de una empresa.

Andrés Manuel ha cambiado, con inmensa fuerza, el paradigma del poder presidencial. Le bastó su decisión, unos pocos días, su terquedad, unos cuantos viajes en avión de línea, unos cuantos discursos, detenerse en la carretera, unos cuantos mítines a reventar, apapachar a todo aquel que se le acerca.

Tenemos, a cien días del cambio de gobierno, una nueva interpretación del poder presidencial. Infinitamente accesible, desperdiciado por los periodistas que lo entrevistan cada mañana, apreciado por la gente, fiel a lo que nos contó en campaña que iba a hacer. Un poder presidencial que no conocíamos. Que únicamente conocíamos en libros de historia.

A su lado hay un grupo de colaboradores que se desdibujan, que llegan a la exageración de Marcelo Ebrard de desaparecer completamente, o la incoherencia de Olga Sánchez Cordero como rutina. Imposible, además, comunicarse con ninguno de ellos, ni siquiera con el “Jefe de Prensa” de la Presidencia, Jesús Ramírez. Ninguno está disponible nunca. Ninguno responde a ninguna llamada, incluido Alejandro Gertz, pasando por Julio Scherer, llegando a Lázaro Cárdenas.

Parecería que en la medida en que Andrés Manuel se acerca a la gente, se convierte en el mandatario más accesible del planeta, sus colaboradores, excepción de Irma Eréndira, excepción doblemente excepcional del general Luis Cresencio Sandoval, se subieron a un ladrillo de poder.

Junto a ellos, primer círculo de un nuevo poder, los gobernadores abucheados que todavía no entienden de que lado masca la iguana, los opositores que no se ven, menos se sienten en la realidad nacional.

¿Qué hemos vivido en estos 100 días primeros del sexenio? Contestaría que lo más importante es la asunción al poder de un mandatario. Que tenemos Presidente. Que tenemos un presidente que ha roto todos los esquemas con éxito. Que se atreve a responder preguntas cada mañana. Que viaja por todo el país para escuchar. Que sigue respondiendo a quien le habla, en la calle, en una gasolinera, en una fonda, en una fila de aeropuerto. Que por primera vez tenemos un poderoso sin círculos de poder, sin vestiduras de poder, sin protocolos de poder.

De lo demás, apenas estamos en el comienzo…

Isabel Arvide/@isabelarvide/Estadomayor.mx

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