La lealtad que no está a prueba

“Aquí no hablamos de la puntita” comenzamos a escuchar los invitados a la Ceremonia para Conmemorar la Marcha de la Lealtad. No es que el general Luis Cresencio Sandoval lo estuviese diciendo así, con todas sus letras, pero ese era el significado exacto de sus palabras, de la ponderación de una lealtad que nunca está a prueba, de una lealtad que es.

Anuncios

Aseguró que la lealtad de las fuerzas armadas es “absoluta para las leyes, para nuestras instituciones, a nuestros valores nacionales; y la lealtad es inquebrantable con el Presidente de la República porque el pueblo lo eligió”.

Fue una ceremonia absolutamente militar. Con distintos protocolos que vinieron a probar que se puede tener seguridad, control, solemnidad sin lastimar a la gente, sin empujones, sin esa prepotencia con la que el Estado Mayor Presidencial controlaba, incluso, los eventos castrenses.

Desde temprano, una mañana fría, había un ambiente mucho más relajado. El secretario de la Defensa Nacional, anfitrión, estaba tan en medio de sus subordinados que era difícil descubrirlo. Un general más. Un jefe militar que tiene la capacidad, singular en verdad, de convivir con el uniforme de manera democrática.

No había círculos de poder. Ni líneas invisibles. Ni “edecanes” aventando a quienes lo saludaban, por el contrario, Luis Cresencio Sandoval parecía estar disfrutando de la nueva accesibilidad, la nueva camaradería que ha impuesto.

El presidente López Obrador subió en coche descubierto por la guardia de cadetes que cubría el camino a lo que, un día, fuese residencia de Francisco Madero.

Vinieron los honores pertinentes, y cuando le pasaron los micrófonos al mandatario, tabasqueño que es, en lugar de cumplir con el mandato de pasar lista, improvisó un discurso. Acerca de la “Decena Trágica”, del apoyo de una parte del Ejército, de los cadetes que acompañaron al presidente Madero Y remató diciendo: “Viva la lealtad del Ejército al gobierno civil, a las instituciones democráticas”.

Esa lealtad uniformada a la que habría de referirse el titular de la Defensa Nacional en su primer discurso oficial: “La lealtad puede expresarse como una definición… Estamos dónde se necesita y cuándo se necesita. Nosotros con lealtad damos todo por la patria… reiteramos nuestro firme compromiso de velar por el bien de México… la lealtad nunca está a prueba ni tiene mediaciones, no se improvisa, se es o no se es leal…”

O sea, la lealtad es un todo, no una hablada, no una “puntita“…

El presidente estaba muy contento. Difícil imaginar al López Obrador contestatario del sistema, al que hacía marchas por las carreteras, encabezar un acto militar tan arraigado en el espíritu castrense. Es obvio que se siente a gusto con estas manifestaciones de total subordinación, de militares a la autoridad civil que representa, y que el discurso del general Secretario fue hecho a la medida de los nuevos tiempos.

A la salida subieron a uno de los vehículos descubiertos que utilizó López Obrador a Porfirio Muñoz Ledo, entre dos, con otros dos sosteniéndolo. Vaya entereza de señor, qué ganas de cumplir con su papel…

Isabel Arvide/@isabelarvide/Estadomayor.mx

Anuncios

  1 para “La lealtad que no está a prueba

  1. Avatar
    Luis Campos Campos
    20 de febrero del 2019 en 12:29

    Que no trasquiversen la Historia, pero: Si en aquella época, hubiera existido lealtad de las Fuerzas Armadas al Gobierno de Francisco I. Madero no lo hubieran asesinado. En ese entonces la custodia de Don Francisco estaba en manos del General Victoriano Huerta (denunciado por el hermano del presidente, como traidor), quien era compinche del embajador de USA en México y Félix Diaz (coludidos en el pacto de la “ciudadela”) que pretendía la presidencia de Maderos. Por supuesto que hay una lealtad ineludible de las Fuerzas Armadas al cargo de Presidente de la República, pues así debe ser en una Democracia Republicana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *