La necedad de Borge contra el crimen organizado. Historia de una detención

Cozumel, Quintana Roo, 20 de septiembre (Redacción).- Tan sencillo como la voluntad de romper todos los círculos perversos de complicidad.  Ese es el principio del cambio.

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Y todo comenzó en Cozumel con la orden del gobernador Roberto Borge de limpiar la Isla, su casa, de delincuentes.

Primera detención. Cayeron “Chino Moy”, Moisés May Náhuatl y Erick Isaías Tep, “El Negro”. Con droga, mucha. Primera fuga en las instalaciones de la PGR.  Primer descalabro afortunado.  Porque de ahí fuimos a una reunión en la Guarnición Militar para hablar de los temas de seguridad.

De donde saldría asombrada, indignada, enfurecida por la inmensa tolerancia de todos los protagonistas a cargo del tema de seguridad pública con un personaje llamado “Mateo” o “M” quien, me enteré era el gran distribuidor de la droga en Cozumel.  Había fotografías y, también abundantes “biografías” del tipo, conocimiento social y personal de sus actividades.  Seguimiento rutinario, burocrático que no llevaba a nada.

Era un referencial compartido. Un señalamiento de un mal ajeno, como si no fuesen por mandamiento constitucional responsables de perseguirlo y detenerlo.

“Mateo”, me enteraría para documentar mi asombro, visitaba la Isla con impunidad consentida.

Tanta indignación tuvo un interlocutor privilegiado: Borge.  Y esa realidad, tan incómoda para decir lo menos, concluimos que había que cambiarla.  Había que detener a Mateo Gabriel Domínguez Bouloy.

Se volvió una obsesión compartida.

Porque detrás de una detención hay, necesariamente, una investigación.  En este caso, además, fue importantísima la voluntad del gobernador.  Cada paso, cada información, cada avance, a todas horas, contó con su interés y aprobación.

¿Por qué esto es tan significativo?  Respuesta simple: Es la decisión vital más importante del hombre en el poder político.  El querer saber, escuchar, enterarse es lo que permite vencer al crimen organizado.  Punto.  Los gobernadores pueden jugar a ignorar la realidad creyendo que su omisión no es complicidad, o como Borge pueden elegir el camino de los valientes.  Otra vez punto.

Esta, la de la voluntad del gobernador Borge, fue la ruta que nos llevó hasta detener en Yucatán a este personaje nefasto que con ganancias millonarias se encargaba de distribuir la droga en Cozumel, jefe de un “Cartel” local a sus 34 años.

Eran los primeros días de julio del 2012, largo fin de semana que comenzó el viernes siete.

Hubo mucho trabajo.  Se vencieron inercias e intereses.  Se caminó brazo con brazo con las autoridades navales, se contó con el trabajo vital de la gente del Almirante Conrado Aparicio Blanco.  Se hizo todo lo que se tenía que hacer en el marco de la Ley con el procurador Gaspar Armando García Torres. Chocamos con la actitud del capitán Eduardo Isidro Sánchez, entonces director de Seguridad Pública Municipal.  No solamente contra él.

La estructura del sistema de aplicación de justicia mexicano parecía ir en contra nuestra porque los jueces no nos otorgaban ordenes de aprehensión pese a las afirmaciones de sus cómplices ante la autoridad ministerial.  Había que detenerlos y no frustrarnos porque salían en libertad a las pocas horas.  Llevamos a delincuentes una y otra vez ante el ministerio público, confiscamos vehículos, decomisamos mariguana.

Investigamos, investigamos, investigamos.  Pedimos apoyo, pedimos apoyo a todos, insistimos hasta darle forma al expediente del Mateo.

Todo inició en viernes siete del mes siete.

Ese día le dije por primera vez al gobernador Roberto Borge que íbamos a detener al “Mateo”. Y él me dijo que sí, que adelante.  Una afirmación esencial para todo lo que siguió.

Y ganamos la batalla. Todos.  Porque de la mano del valor de quienes físicamente lo detuvieron, autoridades federales y locales, compañeros que comparten esta lucha contra el delito, iban nuestros afanes.  Y, sobre todo, insisto porque es esencial, la voluntad política valerosa de Borge.

Domínguez Bouloy es cozumeleño, hijo de un emigrante yucateco y otra emigrante beliceña avecindados hace muchos años en Cozumel.  Entre los delitos más recientes se le responsabiliza según testigos presenciales de los recientes “levantones” de narcomenudistas.

Un cálculo muy conservador de sus ganancias, que recibía en Yucatán, en un rancho cercano a Celestum donde presuntamente cosechaba chile habanero, habla de dos millones de pesos mensuales.  Comenzó a “vender” droga al relacionarse con Jazmín Arjona “La Campanita”, hoy su competidora.  Esto a través de un noviazgo con Liliana Arjona, su prima.

Hoy Quintana Roo es un poco más seguro…

Isabel Arvide

Estado Mayor

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