Cárceles, ridículo nacional

México, 20 de septiembre (Crónica).- La crisis del sistema penitenciario está a la vista de todos. Lo ocurrido en Coahuila es un eslabón más en una cadena de calamidades que a todos avergüenza. Las cárceles son de los flancos más débiles de la guerra del Estado mexicano en contra de las bandas del crimen organizado. Lo es porque impide cerrar el círculo. Las fuerzas federales y los policías estatales hacen en ocasiones su trabajo, atrapan delincuentes, el ministerio público sustenta el caso y el juez los sentencia a pasar en la cárcel, para que dejen de un peligro para la sociedad. En eso están y los reos se escapan, huyen por túneles, saltan muros, se esconden en carritos de la ropa sucia, o simplemente caminan a la calle por la puerta principal, donde los esperan cómodos para llevarlos a su destino.

Ante la vergüenza colectiva los políticos recurrieron a lo que saben hacer: pelearse entre ellos. Se tiraron la bolita. No fui yo, fuiste tú. En lugar de diseñar respuestas de fondo, contundentes, se ponen a forcejear en una esquina del ring. Mientras se pican los y se jalan el pelo, los reos fugados se mueren de risa. Ante el ridículo nacional la gente ha lanzado toda clase de propuestas. Una de ellas es concesionar el servicio. Que privadas, nacionales o extranjeras se hagan cargo de las cárceles. Puede salir caro, pero es una respuesta a una necesidad. ¿Ustedes creen que si la prisión de Piedras Negras estuviera bajo control de una , digamos, de Israel o de Alemania, los presos se hubieran caminando por la puerta?

Legisladores.—Pasan los días y no hay avances en la investigación de los asesinatos de los diputados. Si la impunidad persiste, los ataques contra los representantes populares se repetirán. La única forma de contenerlos es atrapar a los responsables, presentarlos ante el juez y que terminen en prisión y claro evitar, en la medida de lo posible, que se escapen, pero de eso nadie puede estar seguro. Los mensajes de condolencias entre representantes de los diversos partidos políticos son muestra de civilidad, pero lo que realmente haría una diferencia importante es que atraparan a los responsables, aunque sea para ver qué se siente hacer justicia.

Cooperación.—Los presidentes Santos, de Colombia, y Peña, de México, están destinados a trabajar muy cerca en los próximos años. Son naciones hermanas que tienen un enemigo en común: las bandas de traficantes de droga, que han desestabilizado a las instituciones y sembrado el miedo, aquí y allá. La comunicación fluida, la instrumentación de acciones conjuntas, compartir información sustantiva y aprender de las experiencias, están en la agenda de los mandatarios. El tráfico de drogas es un delito trasnacional. Es obvio que un solo país no puede con el desafío. México y Colombia tienen que trabajar unidos y buscar que Bolivia y Perú se sumen para conformar un frente común. De otra forma, aislados, seguiremos en el fondo de la barranca. Para obtener resultados diferentes tenemos que hacer las cosas de manera distinta. Una forma novedosa, sólo explorada por encimita, sería emprender una colaboración internacional real, a fondo.

El Jefe.—¿Quién entiende a Marcelo Ebrard? Cuando debió ser audaz, fue timorato. Ahora que está con un pie en la calle se muestra resuelto y echado para adelante. Durante demasiado tiempo como Jefe de Gobierno no quería hablar del tema de la sucesión presidencial, ahora lo hace a cada rato aunque faltan seis años para las decisiones. Marcelo hubiera sido un buen candidato. Tenía sobre López Obrador una ventaja enorme: no cargaba con el fardo de los negativos. Pero dio un paso al lado muy extraño, apoyado en supuestas encuestas que nunca vieron la luz pública. Además, podía presumir de los logros de su administración a la vista de la gente. ¿De qué logros hablará dentro de seis años?

Es pregunta. ¿Se vale usar a la policía cibernética para responder, de manera anónima e indirecta, como si fueran ciudadanos comunes, a las críticas que se hacen a los mandos de la Policía Federal?

Juan Manuel Asai

Crónica

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