México, 19 de septiembre (Milenio Diario).- El 16 de septiembre, dentro de los festejos por el CCII aniversario del inicio de nuestra Independencia, se hizo el acto más importante, el desfile cívico-militar, aunque como ingrediente principal en ese ínter, los días 13, 15 y 16 se observaron indicios importantes de la nostalgia de quienes dejarán sus cargos con la intención firme de convencer a la opinión pública de sus logros, que dejan un mejor país y desde luego, unas mejores fuerzas armadas, respecto a las que recibieron hace seis años.
El desfile, cuya columna y la responsabilidad de la organización, adiestramiento y presentación recayó en el general de división DEM Augusto Moisés García Ochoa, cumplió el objetivo de que el público conociera los medios con que cuentan las fuerzas armadas y que el empleo de éstos son en apoyo de la población civil en casos de desastres y de la seguridad pública.
Se exhibió parte de las adquisiciones que en el sexenio se hicieron para la modernización de las fuerzas armadas, en particular los materiales de vuelo, en los que destacaron las aeronaves de ala fija y móvil. Con ello se envió un mensaje sobre qué se ha hecho, en qué se ha invertido el presupuesto, ante la presencia de los principales responsables del manejo transparente de esos recursos como el Presidente, Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas; el titular de la Sedena, que es a la vez el alto mando del Ejército y la Fuerza Aérea, general Guillermo Galván Galván; el secretario de Marina Armada de México, almirante Francisco Saynez, y el general de división DEM Augusto Moisés García Ochoa, comandante de la columna de desfile y director de adquisiciones de la Sedena, responsable directo del manejo de los recursos públicos que la nación le ha asignado al Ejército y la Fuerza Aérea.
Mientras en el desfile los reflectores apuntaban hacia el general comandante de la columna del desfile y serio aspirante a ocupar el cargo que dejará Guillermo Galván Galván, en el suplemento dominical Enfoque de Reforma, Jésica Zermeño, refiriéndose a las fuerzas armadas, publicó con el título: “¿Es momento de un mando civil?”, las entrevistas al general de división DEM Rafael Paz del Campo; a Raúl Benítez Manaut, académico del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM, y a Diego Valadés, académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, en donde cada uno de ellos emite su opinión sobre el particular.
Para el general Rafael Paz del Campo es necesario crear un mando único para el control de las fuerzas armadas, por medio de una secretaría al mando de un civil, con lo que se descargaría a dichas instituciones de lo que representan las funciones administrativas y permitiría que los militares se dedicaran al ejercicio del mando; la comunidad internacional, las ONG y los defensores de derechos humanos aplaudirían la designación de un civil como secretario de Estado; se evitaría el desgaste inútil para obtener y justificar los recursos presupuestales para el soldado; el sexenio que termina evidenció la falta de un mando único que coordine las acciones con la Policía Federal, ya que al no existir ese órgano de control, cada mando por separado toma las decisiones y busca la dirección que sus intereses personales le aconsejan, dispone de los recursos, de los medios que considere necesarios, sin que exista entre estas organizaciones la coordinación indispensable para la entrega de resultados satisfactorios; se requiere la creación de un estado mayor conjunto para lo cual ni el Ejército ni la Marina están preparados.
Agrega que no se puede hablar de militarismo puesto que las decisiones de alto nivel hasta hoy han sido tomadas por el sistema político, su Comandante Supremo, los mandos militares no han tomado decisiones de ese tipo; asimismo, expone que se siente una profunda división entre los mandos de las Fuerzas Armadas, una descoordinación en la toma de decisiones y desconfianza en el intercambio de información.
Concluye indicando que es el momento de decidir lo que hará el gobierno de México con sus Fuerzas Armadas, ¿las reorganizará? ¿Las modernizará? ¿Les definirá sus misiones? ¿Les delimitará sus áreas de responsabilidad? ¿Les generará una nueva doctrina y un marco legal para su actuación?, o continuarán el camino del desprestigio, de su desaparición como tales, constituyéndose en una mala policía vestida de camuflaje.
A su vez, Raúl Benítez Manaut, académico del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM, opina que el nuevo gobierno debe impulsar una reforma militar y retomar la discusión sobre la creación de un mando conjunto coordinado por una Secretaría de la Defensa que esté conformada por civiles, ya que de no hacerse, las relaciones entre la clase política y los militares seguirán siendo opacas, de conveniencia, de desconocimiento y de descoordinación.
El abogado constitucionalista Diego Valadés opina que ya es tiempo de que México concluya su proceso de desmilitarización de la política, con mandos civiles al frente de las secretarías de la Defensa y Marina, con lo que se resolvería el problema de percepción en la sociedad mexicana; una salida intermedia sería nombrar un militar en retiro, hay una inquietud que no se había visto nunca en torno al próximo relevo de la Sedena, trasciende que hay pugnas importantes entre los jefes militares que aspiran a la Sedena. Eso nos debe hacer reflexionar.
La conclusión que se puede obtener de estas valiosas opiniones es que las fuerzas armadas requieren un cambio, que las disputas por la Sedena entre generales deben ser analizadas, que un secretario de la Defensa civil sería una de las soluciones a contemplar, así como la integración de éstas bajo un mando único que incluya a la Policía Federal, lo que nadie aconseja es que continúen las fuerzas armadas en la situación en que se encuentran, el nuevo gobierno tiene la palabra.
Javier Ibarrola
Fuerzas Armadas
Milenio Diario
