Cuarteleras



México, 26 de septiembre.- ¿Cómo se han establecido o estructurado durante décadas los sueldos de los soldados, pilotos y marinos de México? ¿Dé qué manera se verán afectados con la llegada del nuevo gobierno que ha anunciado la eliminación de la compensación garantizada que ha sido parte sustancial de los haberes para las fuerzas armadas?

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Integrantes del Ejército, de la Marina y la Fuerza Aérea nos comparten sus inquietudes sobre este tema de cara al cambio de régimen y las afectaciones salariales que sufrirán si las modificaciones planteadas como parte de la política de austeridad sigue golpeando a las familias de cientos de miles de militares en el activo y en el retiro.

La deserción, el subempleo y una nueva crisis en la moral de la tropa amenazan el trabajo y los cambios perfilados en el Ejército y la Marina en la llegada de Andrés Manuel López Obrador y el partido Morena al poder.

 

HABERES ARBITRARIOS

No cabe duda de que la inseguridad nacional, es uno de los principales problemas de la actual administración y la continuidad de las fuerzas armadas en las calles a falta de policía eficiente anunciada por el ejecutivo electo multiplica la urgencia de modernizar estas instituciones, entre otras razones para evitar o minimizar “daños colaterales a la sociedad”, sin responsables intelectuales, como los hechos acumulados que la historia resguardará para siempre.

Un análisis superficial a la administración de las fuerzas armadas podría sugerir que el alto grado de inseguridad que amenaza nuestro pueblo tiene parte de su origen en el cheque en blanco que proporciona el contenido de la fracción XIII, apartado “B” del artículo 123 constitucional.

Y esto se explica, porque, en las fuerzas armadas y de seguridad pública a través de las relaciones laborales y el control de la cadena de mando, el citado precepto constitucional, deposita todo el poder de esas instituciones armadas en manos de sus titulares, quienes comúnmente toman decisiones de alta responsabilidad nacional de manera arbitraria e inclusive algunas veces descalificando su consejería jurídica, debido entre otras causas a que no están obligados a comparecer ante el congreso de la unión cuando las cosas salen mal.

Un claro ejemplo en las fuerzas armadas lo constituye el “haber o haberes” (sueldo base) de cada uno de los grados de las jerarquías militares, pues aunque la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas Mexicanas en su artículo 4/o. fracción X lo define, como “la percepción base que se establece en el tabulador que expide la Secretaría de Hacienda y Crédito Público”, salvo prueba en contrario, el monto es arbitrario y a partir de ese monto se calculan las demás prestaciones salariales, y beneficios laborales.

La pregunta obligada entonces es ¿en qué se basan para establecer el monto del haber? Tomando en cuenta que hoy en día las políticas económicas han alcanzado tal sofisticación que brindan muchos instrumentos para la toma de decisiones en esta materia; ¿cuál sería entonces la razón para que el monto del haber siga siendo arbitrario? o ¿debería basarse en el costo de la canasta básica?, regida por el mercado y monitoreada por el INEGI Y CONEVAL entre otros.

Esto viene a cuenta, en virtud de que la nueva administración anunció como una de sus medidas de austeridad republicana, la eliminación de la COMPENSACION GARANTIZADA, y si esta se lleva a cabo de manera tajante, los “haberes o sueldo base” de los integrantes de las fuerzas armadas claramente serian insuficientes en relación con el costo de la vida, y la dinámica laboral sui generis que viven los militares y sus familias.

Pero vale la pena resaltar la relación notablemente desproporcional entre el sueldo base y la compensación garantizada que reciben todos los militares en el activo.

En qué momento y con qué objeto se decidió deprimir el Haber o sueldo base, y depositar la mayor parte del poder adquisitivo de los salarios de los militares en la Compensación Garantizada.

Así las cosas, con el haber establecido de manera arbitraria y sumamente deprimido, debe considerarse que sus efectos son de gran impacto a la comunidad militar, a sus respectivas familias y de manera indirecta a toda la sociedad mexicana cuando esta decisión arbitraria se convierte en el origen de otro problema mayor, como fue aquel momento en que muchos militares desertaron y nutrieron las filas de la delincuencia organizada previo al sexenio del expresidente Felipe Calderón.

 

Los militares que ingresaron a las fuerzas armadas antes del periodo 1994 al 2006 no olvidarán el grado de marginación padecida a causa de los bajos salarios establecidos en ese periodo, y tampoco olvidarán que en el periodo 2000-2006, la cúpula militar tomo la decisión arbitraria de implementar el sistema de “supuestos incentivos salariales” denominados NIVELES, que eran cantidades equivalentes a 15 veces el salario base o más, los cuales eran pagados a los oficiales subalternos a criterio del comandante o director de la unidad, y había puestos o cargos donde no fueron otorgados, por lo que esos lugares eran zonas de castigo, de marginación.

La historia de los Niveles terminó en corrupción-pura, donde muchos comandantes otorgaban los niveles a sus consentidos, a quienes se humillaban o hacían la barba, o a quienes estaban dispuestos a entregarle al comandante hasta la mitad del famoso Nivel.

Hubo casos verdaderamente vergonzosos, donde un coronel con más de 40 años de servicio sin Nivel ganaba diez veces menos que un capitán con Nivel, o los casos de los Capitanes y Jefes de la Fuerza Aérea que por no ser de la categoría de Arma, ganaban varias veces menos que los Subtenientes Pilotos Aviadores recién egresados que si tenían NIVEL, por criterio de su comandante.

Fue hasta finales del año 2007, bajo el criterio del General Galván Galván, que las cosas cambiaron; desaparecieron los problemáticos Niveles y restructuraron los salarios de manera justa en proporción al Grado Militar, como habían estado antes y como hasta ahora permanecen.

Con esas malas experiencias institucionales, debe considerarse que por el bien de todos los que formamos parte de la República Mexicana, los sueldos del personal de las fuerzas armadas y de las policías de los tres niveles de gobierno, no deben estar en manos de los titulares de esas instituciones, y tampoco la facultad de imponer las condiciones laborales; por lo que el contenido de la fracción XIII, apartado “B” del artículo 123 constitucional se debe reformar, y agregar a la Ley del Trabajo un apartado especial para, las fuerzas armadas, las policías, los ministerios públicos y el servicio exterior mexicano, debidamente armonizados con las últimas reformas constitucionales en protección de derechos humanos, la frase “se regirán por sus propias leyes” ya quedó obsoleta para un país democrático y moderno como el que anhelamos.

La historia jamás borrará el hecho de que miles de militares hayan desertado en el periodo crítico 1994-2006 y menos que muchos de ellos se hayan incorporado a la delincuencia organizada, y aunque los motivos exactos quizás nunca los sabremos, los altos funcionarios de las fuerzas armadas ya debieron aprender que salvo excepciones, la escala de valores de una persona además de la educación y adoctrinamiento, tiene como base la cobertura de los bienes básicos de su núcleo familiar.

Dicho lo anterior, es innegable que la democratización de las fuerzas armadas significa actualizar un modelo obsoleto, burocrático e ineficiente, que no responde a las nuevas realidades y retos del siglo XXI y que obliga a la revisión y el debate público sobre el papel de las Fuerzas Armadas como imperativo del proceso de consolidación de la democracia.

 

Redacción

Estadomayor.mx



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  2 en “Cuarteleras

  1. Rosa María Bella Vázquez.
    03 de octubre del 2018 en 19:43

    Es muy cierto….. Las leyes y reglamentos en las FF.AA., ya son en su mayoría obsoletas. Eso de que el mando siempre tiene la razón es una aberración.
    La implementación de niveles sólo ocasionó que a los comandantes les interesará más su hueso que su tropa y quienes recibían esos niveles no dijeran ni pío por temor a perder su nivel. Qué bueno que los quitaron.
    Los militares retirados estamos en el abandono total. (Malos Servicios Médicos, falta de pago justo de Prevención Social, Mal trato en Oficinas BANJERCITO, ISSFAM y Oficinas o Cuarteles de SEDENA)…. En su momento servimos día y noche a nuestra Patria, dejamos toda nuestra juventud en las filas y hon nos tratan peor que pordioseros.
    Nadie se atreve a tratar el asunto de los militares en retiro.
    Soy subteniente de Transmisiones Retirada, pie veterano de personal femenino radioperarador de Transmisiones y jamás aparecemos en las revistas del Ejército.

  2. 27 de septiembre del 2018 en 22:06

    Soy militar retirado, y a los marinos No se nos cubre compensación garantizada, y tampoco tenemos apoyo por parte de la SEMAR, la prueba es que desde el año 2000 no se nos cubre como debe de ser la previsión social múltiple, lo que da a malos entendidos, quien y en que nivel se están quedando con ese dinero? Envié una solicitud personal a los secretarios de SEDENA y SEMAR y a EPN sobre la posibilidad de establecer una sucursal del ISSFAM en el Golfo de México y otra en el Pacífico, pues ir a la cdmx es costoso, pero como no les interesa y no les preocupa no contestaron, espero se haga algo en favor del personal RETIRADO, gracias y bendiciones.

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