México, 12 de julio.- En los Estados Mayores de la Defensa y de la Marina, el análisis de escenarios y la prospectiva especializada de cara a las elecciones del 1° de julio eran claros y ominosos: Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ganará en las urnas.
No había otro escenario, no había posibilidad alguna de que Ricardo Anaya y mucho menos José Antonio Meade pudieran amenazar o enturbiar la cómoda ventaja que el tabasqueño llevaba en las preferencias electorales.
Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN) y el Estado Mayor General de la Marina (EMG) le dieron seguimiento al paso de AMLO y Morena tan pronto se oficializó su candidatura.
En ambas instancias se evaluó al candidato de Morena y a sus oponentes. Se llevó una bitácora especializada y un seguimiento detallado de la forma en que avanzaban las campañas, del crecimiento en las preferencias electorales, del entorno y la coyuntura en que se iban dando las giras, las declaraciones de cada candidato y sobre todo se tenía una calificación precisa del impacto de los candidatos en las redes sociales dentro y fuera del país.
Con esa información y el apoyo de empresas especializadas en análisis de coyuntura y prospectiva electoral, Sedena y Marina concluyeron meses antes de las elecciones, por caminos separados, que no habría forma de detener a López Obrador en su camino a la presidencia de la república y entendieron que él sería su próximo Comandante Supremo.
La inminente victoria de AMLO estaba apuntalada además por la ola de violencia incontrolable que vive el país, por el precio de las gasolinas, por las fluctuaciones del peso frente al dólar, por la corrupción sin freno que azota a la nación y por la impunidad abierta que permite el desorden de la actual administración, señalaban las consideraciones entregadas a la Sedena y a la Marina.
Tan contundente y frío era el panorama para las fuerzas armadas, que fue la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) la primera en buscar un acercamiento con la gente de López Obrador para garantizar una transición relajada, pero sobre todo para tratar de convencer a sus asesores de la necesidad de respetar la dinámica interna para seleccionar al próximo secretario de la Defensa.
La presentación del gabinete -mucho antes de las elecciones de julio- y el anuncio reiterado en los medios de comunicación y en las giras de campaña de que los titulares de Sedena y Marina serían militares en retiro (señal de desconfianza hacia los mandos activos y candidateables), cimbraron más a los generales en Lomas de Sotelo.
Los acercamientos eran urgentes para hacer recapacitar a la gente de Obrador sobre la necesidad de reconsiderar las formas y tiempos en la decisión sobre quién sería el sucesor del general Cienfuegos.
Andrés Manuel López Obrador, candidato ganador de las elecciones presidenciales, designó a un equipo de expertos en temas militares para acercarse a las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y de Marina-Armada de México (Semar) con el objetivo de explorar escenarios e ir adelantando el proceso para elegir a los sucesores del general Salvador Cienfuegos Zepeda y del almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, en un contexto político previsto por la cúpula castrense.
El equipo de transición del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) encargado de los acercamientos con los mandos de la Sedena está encabezado por el general retirado Audomaro Martínez Zapata, a quien López Obrador anunció en diciembre de 2017 como el próximo titular de la Defensa Nacional.
El otro anuncio que sacudió momentáneamente a la cúpula militar y naval en México fue el del almirante retirado José Solano Ochoa, otro amigo de Obrador que fue presentado como el próximo secretario de Marina si el tabasqueño ganaba las elecciones de julio. Y las ganó.
Desde hace dos semanas, la gente de Obrador se reúne con mandos de la Plana Mayor de la Sedena a través de enlaces civiles y militares, para acordar los términos y terrenos de una transición militar sui generis, en la que las tropas y mandos militares y navales han sido duramente criticadas por el candidato ganador y próximo Comandante Supremo, a quien la milicia no ve con buenos ojos y quien tiene apenas una pálida idea de lo que son hoy las fuerzas armadas mexicanas.
Con ciertas rispideces y altibajos en los encuentros, los enviados de AMLO han tenido acercamientos con los mandos de la Sedena y han hecho una primera revisión de los expedientes y las propuestas del general Cienfuegos para elegir al divisionario que lo sucederá en el cargo.
Militares en retiro como el general Julio Olaya Valadez y Carmelo Terán Montero asesoran al general Audomaro Martínez en la ruta crítica hacia la selección del nuevo secretario de la Defensa.
El general Olaya Valadez tuvo algún papel posterior a la detención del general Jesús Gutiérrez Rebollo (detenido en 1997). Un mes después de la captura del militar que encabezó desde la Procuraduría General de la República (PGR) el combate al narco, fue detenido en Jalisco por policías judiciales militares el capitán Juan Rodríguez Valenciano, aparentemente vinculado al mismo caso en el que se acusó a Rebollo de nexos con el cártel de Juárez.
En 2002, el general Olaya Valadez se acercó a los familiares del capitán Rodríguez Valenciano para asegurarles que se encontraba bien, que estaba preso en la ciudad de México y seguramente saldría al finalizar el sexenio de Vicente Fox.
El general Olaya perteneció al servicio de Intendencia, ascendió a general Brigadier en 1990 y fue ratificado en ese grado en junio de 1991. Fue militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI) por el cual llegó a ser diputado federal suplente, en 1997, del general Miguel Ángel Godínez Bravo, a quien en su momento el presidente Vicente Fox buscó para ofrecerle encabezar la Sedena.
Godínez Bravo, quien fue Jefe del Estado Mayor Presidencial (EMP) de José López Portillo, rechazó la invitación de Fox argumentando que era un militar institucional y leal perteneciente al PRI.
En marzo de 2012 López Obrador tuvo acercamientos más serios con un sector de la milicia: el de lo generales retirados. En marzo de ese año, los amigos de AMLO lo sentaron con un grupo de divisionarios, generales de brigada y brigadieres en retiro con los que comió y habló sobre la situación del personal que dejaba de prestar sus servicios al ejército y las dificultades que enfrentaban en la vejez.
En esa reunión, Obrador habló de devolverle al ejército su carácter nacionalista, así como de crear mecanismos de control y rendición de cuentas de los militares, pero controlado por civiles y puso sobre la mesa la idea de establecer un mando único en la Sedena. El general Julio Olaya Valadez fue uno de los militares retirados que asistió al encuentro.
Otro general destacado y en el retiro desde hace muchos años es el oaxaqueño Carmelo Terán Montero, quien también asistió a ese encuentro y ha sido un personaje muy cercano a López Obrador desde hace tiempo. El general Terán tuvo mando de tropas en Chiapas durante el alzamiento zapatista en 1994, encabezando el “Agrupamiento Terán” que operó en el municipio de Ocosingo, teniendo como base la ranchería de Las Tacitas.
El “Agrupamiento Terán” fue uno de los 12 que formaban parte de la Fuerza de Tarea Arcoíris, creada por el general Mario Renán Castillo para contraatacar y aplastar al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Los generales Renán y Terán -y casi todos los que estuvieron al frente de algún agrupamiento en Chiapas- hicieron cursos especiales en la Escuela de las Américas (School of the Americas, SOA), ubicada durante décadas en Fort Gulick, en la zona del Canal de Panamá. La SOA fue conocida como el centro de excelencia para la formación de oficiales y jefes en operaciones de contrainsurgencia.
El general Carmelo Terán hizo el curso de Inteligencia Militar entre el 10 y el 28 de abril de 1972 en la SOA. En 2006, cuando el entonces candidato a la presidencia por el PAN, Felipe Calderón Hinojosa, se registró ante el Instituto Nacional Electoral (INE), el general Terán fue uno de los militares que lo acompañaron ese día.
Fue también en 2006 cuando López Obrador declaró abiertamente que el general Audomaro Martínez sería el encargado de cuidar su seguridad durante la campaña electoral y después, cuando ganara la presidencia de la república.
Apoyado por mediadores civiles y por militares en el activo (se habla del general Jorge Andrade Ramírez, de la 30 Zona Militar en Villahermosa, Tabasco), el general Audomaro aceptó de inmediato la invitación de la Defensa Nacional para un primer encuentro de alto nivel.
En él se expusieron las condiciones en las que la Sedena arribaba a las elecciones presidenciales, así como la inminente llegada al poder de Obrador y algunos detalles del proceso sucesorio en la Defensa Nacional, en el que los enviados de Cienfuegos advertían sobre los riesgos de romper la tradición y las formas de elegir al nuevo DN-1, mencionando al menos dos candidatos sugeridos por el alto mando para asumir el cargo.
Fuentes militares indicaron que ahí se habló del general de División Roble Arturo Granados, actual Subsecretario de la Defensa, y del también divisionario Felipe Gurrola Ramírez, Inspector y Contralor General de la Defensa y el Oficial Mayor, el general Emilio Zárate Landero.
El primer encuentro fue aceptable, pero también delimitó el entusiasmo de la cúpula de la Sedena al escuchar que los enviados de Obrador descartaban de inicio al Subsecretario como uno de los integrantes de una eventual terna para elegir al definitivo sucesor.
En el segundo encuentro sostenido entre los mandos militares y el general Audomaro y sus asesores no apareció el nombre del Subsecretario de la Defensa. En su lugar se mencionó al Comandante de la Primera Región Militar, el general Uribe Toledo Sibaja, como un elemento que podía ser elegible.
El general Gurrola subió como primera opción y el general Toledo Sibaja como la segunda, seguido del general Zárate Landero y por el Jefe del Estado de la Defensa Nacional, el general Alejandro Saavedra Hernández.
Sin embargo, la rispidez del segundo acercamiento se dio cuando los enviados de AMLO dejaron en claro que respetarían las ternas que fueran surgiendo hasta llegar a una definitiva, pero ello no significaba que el nuevo DN-1 debiera salir de la plana mayor de la Sedena o de algún otro mando, unidad o cargo.
Es decir, con o sin terna, la gente del general Audomaro anunciaba que el futuro Comandante Supremo de las fuerzas armadas mexicanas se reservaba la posibilidad de decidirse por un militar que no figurara en la propuesta final. La postura causó desconcierto y malestar entre los mandos de la Sedena.
No hubo entrega de documento alguno referente a candidatos a DN-1. Lo que recibieron los asesores de López Obrador fue un apretado resumen sobre el estado que guarda la Defensa Nacional, sus avances, sus retos y proyectos y sus carencias actuales producto de recortes presupuestales.
En la agenda del general Audomaro no hay registrada una tercera cita con los mandos militares.
Jorge Medellín
@JorgeMedellin95
Estadomayor.mx

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