La responsabilidad del joven Murat en los crímenes



México, 6 de junio.- “Confieso que he pecado de palabra, obra y omisión”, dice la liturgia católica. El agregado de “omisión” es, relativamente, nuevo. Consecuencia de algún Cónclave de la modernidad, cuando se dieron cuenta de las muchas derivaciones de no hacer nada, de mirar a otro lado, de cerrar la boca.

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Que es, justamente, lo que ha hecho el joven Alejandro Murat. Mientras juega a “gobernar”, mientras recibe las diarias instrucciones de su padre, mientras pone la responsabilidad en manos de quien haya ordenado el otro Murat.

Por eso, hubo más de 400 asesinatos en Oaxaca en los primeros cuatro meses del 2018, según cifras oficiales. Sin ninguna detención de los responsables. Por eso, por su grave omisión, es que mataron a dos mujeres, y a su chofer, en Juchitán la semana pasada.

Pamela Terán era candidata a concejal. Junto a ella viajaba, en la camioneta, la fotógrafa María del Sol Cruz Jarquín.

¿Por qué querrían asesinar a dos mujeres jóvenes?

Producto de la violencia y de la impunidad en que se ha regocijado Murat mientras cuenta dinero en sus cuentas en el extranjero, y piensa en qué casas o departamentos sumará a su colección, estas muertes nunca debieron suceder.

Más grave todavía es que la fotógrafa, María del Sol, no debía estar ahí. Ella trabajaba, según el testimonio de su madre periodista, en la Secretaría de Asuntos Indígenas y fue obligada, usos y costumbres heredados de José Murat, a “cubrir” a los candidatos de Juchitán.

¿Por qué? Porque, exacto, así es como hacen las cosas los priístas de Oaxaca. Y si no iba, si no aceptaba las órdenes de su jefe, María del Sol, hubiese perdido su trabajo.

¿Es ilegal? Obviamente. Pero en Oaxaca gobierna, en los tiempos que le quedan libres de su afición a correr y otras un poco más frívolas, Alejandro Murat. Y todos en el gobierno deben ponerse a las órdenes de los priístas en tiempo electoral.

El fracaso en seguridad no solamente es de Murat, también de la Semar que envió, o permitió al capitán José Raymundo Tuñón Jáuregui que fuese nombrado titular de Seguridad Pública.

Sin haber pasado a retiro, con 30 años de experiencia, habiendo sido agregado naval en Washington y ayudante del Secretario de Marina. O sea, que, pese a su carrera militar, no hay capacidad ni entrenamiento para enfrentar el problema de la inseguridad. O no se quiere hacerlo.

Lo cierto es que la participación de elementos de la Semar, en activo, en actividades de seguridad pública ha sido, hasta hoy, un fracaso.

Alguien debía entender que no son policías.

La inmensa “omisión” de Tuñón Jáuregui, su regodeo e incapacidad ante los asesinatos quedó manifiesta en esta declaración, en el pasado febrero: Si bien la situación es tensa, porque tenemos asesinatos, no estamos del todo mal…

¿Qué pensará que es “estar mal”?

¿Cuántas mujeres, cuántos jóvenes, cuántos más tienen que morir violentamente en Oaxaca para que realmente “estén mal”?

Por lo pronto, ya hay un operativo federal, como suele haber cuando el escándalo rebasa lo local. Y el joven Murat apareció, sonriente, para las fotografías como suele hacerlo…

 

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estadomayor.mx



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