Fragata



México, 9 de abril.- Obligada por las circunstancias, la presión mediática y de organizaciones civiles de Tamaulipas, la Marina-Armada de México (Semar) finalmente tuvo que reconocer lo que siempre fue un secreto a voces y que la dependencia trató de ocultar y luego minimizar: que al repeler las tres emboscadas de sicarios del Cártel del Noreste (CDN), sus tiradores selectos en plataforma aérea dispararon sobre una camioneta y mataron a una madre y a sus dos hijas menores de edad, dejando herido a su papá.

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La nociva dinámica de enredos, ocultamientos y dobles o triples versiones de un hecho alcanzó de nuevo a la Marina -que no ha explicado ni medianamente lo sucedido hace un par de meses en Culiacán durante una operación en el que cuatro civiles armados que vigilaban una fiesta familiar y aparentemente se habían rendido ante un grupo de marinos vestidos de civil, aparecieron muertos tras un enfrentamiento con el personal naval-.

Esta vez sucedió en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Durante la madrugada del pasado de 25 de marzo elementos de la Marina fueron atacados en tres ocasiones por comandos del Cártel del Noreste (CDN) con todo tipo de fusiles, ametralladoras y pistolas, en una acción que se extendió hasta la carretera que lleva al Aeropuerto y la Ciudad Deportiva.

Fueron tres las emboscadas, montadas con precisión, superioridad numérica y mayor volumen de fuego de los sicarios. Semanas antes, la Marina había detenido en Matamoros, Tamaulipas, a José Alfredo Cárdenas Martínez, El Contador, líder de una fracción del Cártel del Golfo (CDG) y sobrino de Osiel Cárdenas Guillén, fundador de esa organización criminal.

La captura fue ampliamente publicitada por el gobierno federal, que terminó haciendo el ridículo, junto con la Marina, porque los abogados del detenido demostraron que los partes informativos de la operación eran falsos, inventados, ya que el arresto no ocurrió ni en la forma ni en el lugar ni las condiciones relatadas por el personal naval.

La Marina aseguró en sus primeros reportes y en los documentos de consignación ante la Procuraduría General de la República (PGR) que El Contador había sido detenido durante un patrullaje en el que se le ordenó detenerse para una revisión a su vehículo. Al hacerlo, los marinos le encontraron armas y droga y lo condujeron a instalaciones navales para luego trasladarlo a la Ciudad de México, según la primera versión que nadie cuestionó, hasta que aparecieron los abogados del sobrino de Osiel.

Sus defensores consiguieron algunos videos de seguridad de la zona donde vivía Alfredo Cárdenas y lograron demostrar que el convoy de la Marina llegó hasta las puertas de la casa del detenido, sus integrantes se desplazaron por el lugar creyendo haber desconectado todas las cámaras de seguridad. Luego entraron a la casa de El Contador, lo ubicaron y esperaron a que saliera con las llaves de una camioneta, lo subieron a una de las Hummer navales y personal de la secretaría los siguió en el auto particular hasta otro punto cercano al fraccionamiento San Francisco.

Ahí estacionaron la camioneta, subieron al objetivo, tomaron fotos y video y concluyeron el montaje de la captura con la detención de Cárdenas Martínez. Todo esto fue denunciado por los abogados del detenido, ofreciendo pruebas documentales -lo detuvieron sin orden de aprehensión, ingresaron a su casa sin permiso, inventaron las condiciones de la detención y alteraron el papeleo presentado ante la PGR- horas antes de que se cumpliera el plazo legal para aportar elementos a favor del acusado.

Finalmente, un juez federal desestimó todo lo hecho por la Marina y ordenó liberar a El Contador. Montaje. Mentira. Aplicación de la ley como sea. José Alfredo Cárdenas regresó al norte. Se les esfumó. La suerte de los marinos que debieron cumplir con el operativo para su captura -porque eso era, no una detención circunstancial tras una revisión aleatoria- es un misterio.

El trabajo de inteligencia, seguimiento y colaboración con agentes de los Estados Unidos para dar con una de las casas de Cárdenas Martínez se fue a la basura. El almirante Soberón y su gente guardaron silencio. Se tragaron el embuste de sus oficiales de Fuerzas Especiales y de Infantería de Marina que quisieron irse por el camino más corto.

Con las emboscadas de Nuevo Laredo ha sucedido algo similar al caso Tlatlaya de la Sedena -con una cadena de mando torcida, oscura y protegida por la propia institución-, parecido al cuento de la niña fantasma Frida Sofía en los sismos del 19 de septiembre, semejante a las muertes de los cuatro civiles armados en Limita de Hitaje, Culiacán, en donde la Marina nunca ha aclarado si los marinos acusados de robo, amenazas, golpes y de la muerte de los guardias de la puerta, eran suyos o clonados.

Y luego ocurre lo del helicóptero disparando desde al aire su Vulcan Minigun calibre 7.62 sobre el toldo, las puertas y el cofre de la camioneta en la que viajaban la familia Rojas Santos.

El silencio naval ante el hecho de la muerte de civiles inocentes.

Las versiones de marinos y de gente ajena acusando de antemano al padre de las niñas de formar parte de algún grupo del narcotráfico.

Las versiones corregidas y aumentadas de la Semar para tratar de acomodar lo evidente, negando que desde su aeronave se hubieran hecho disparos sobre la familia.

Las supuestas palabras de marinos al acercarse a la camioneta: “nos equivocamos”.

Nuevamente el silencio naval. Las investigaciones a toda velocidad de la PGR y de grupos civiles para saber qué había ocurrido.

Los rumores sobre los cuatro partes informativos diferentes, alterados, acomodados de los marinos y sus jefes para cuadrarlos con la historia oficial. Demasiado tarde.

Lo ocurrido en Nuevo Laredo es una tragedia para todos. Para la familia de la madre y sus niñas muertas cuando regresaban a casa por una carretera en la que no debieron estar. Para los habitantes de una ciudad y un estado que siguen más inmersos que nunca en la dinámica de la ruleta rusa que los gobiernos de todos los niveles dejaron crecer. Para los marinos que estuvieron en la operación de defensa tras ser atacados arteramente en tierra, cazados en la madrugada como animales.

Tragedia también para quienes se en cargan aun de manejar la información de inteligencia y no tuvieron la imaginación ni la sensibilidad de prever una venganza por las capturas y afrentas al crimen organizado en una región en la que ni el propio presidente de México se atreve a poner un pie.

El problema no es si los marinos dispararon sobre unan familia inocente a sabiendas de lo que hacían. No lo es porque queda claro que no tenían idea de que ellos no eran el enemigo. Dispararon porque tenían que hacerlo y en las condiciones del ataque y la contraofensiva era imposible saber quién era quién.

El problema es, sigue siendo, la dinámica de la mentira, de la doble o triple versión, del ocultamiento, del manoseo y distorsión de la cadena de mando en la que nada queda claro, se encubre al militar o marino abusivo y se protege al oficial o jefe del eslabón correspondiente, haciéndole creer a la gente que vamos ganando la guerra…aunque no lo parezca.

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx



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