Militarizar la frontera, la necedad de campaña de Trump



Foto: Gage Skidmore

México, 4 de abril.- El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, amenazó al gobierno de México con enviar tropas a la frontera común para detener el flujo migratorio mientras se construye el muro que dividirá a ambos países.

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Trump se reunió con periodistas que cubren la información de la Casa Blanca y ahí dijo que su gobierno comenzará a tomar acciones de tipo militar en relación con lo que ocurre en la frontera con México. El presidente reveló que ya se ha reunido con su secretario de Defensa, Jim Mattis, para hablar sobre esta idea y ver si es viable y cómo se implementaría.

Las amenazas del presidente estadunidense se dieron horas antes de que la marcha Viacrucis Migrante 2018 llegara a la frontera con los Estados Unidos. La marcha salió el 25 de marzo del estado de Chiapas y estaba integrada por cientos de migrantes hondureños, guatemaltecos y salvadoreños que se organizaron para alcanzar la línea fronteriza con Norteamérica y exigir respeto a su derecho a buscar una vida mejor más allá de su tierra.

En los días previos a que la marcha saliera de Oaxaca, la prensa ultraderechista de ese país incrementó sus ataques hacia los migrantes y Trump reaccionó con sendas declaraciones quejándose de lo débiles que son sus leyes para atacar el fenómeno de la migración, de la falta de nacionalismo y la falta de interés en defender a la patria de una invasión de indocumentados.

La cúspide de los ataques derechistas y del presidente se dio cuando el mandatario dijo a los reporteros que estaría dispuesto a emprender acciones de tipo militar para garantizar la seguridad fronteriza mientras se concreta la construcción del muro fronterizo.

“Vamos a proteger nuestra frontera con nuestro ejército”, dijo Trump luego de que el gobierno mexicano permitió la llegada y la salida de poco más de mil migrantes centroamericanos hacia la frontera con los Estados Unidos.

Sin embargo, lo cierto es que la militarización de la frontera no es algo nuevo y en los hechos se ha dado desde hace mas de 150 años, con la construcción de fuertes, bases, guarniciones y toda clase de instalaciones bélicas estadunidenses en el sur de su territorio, desde la costa del Pacífico hasta el Atlántico, cubriendo los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas.

 

Rodeados

Hoy, en el sur de los Estados Unidos existen al menos 46 instalaciones militares de todo tipo repartidas a lo largo de los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas; desde la costa del Pacífico -en Sacramento- hasta las costas del Atlántico, unas millas arriba de la frontera con Tamaulipas.

De las poco más de 46 instalaciones militares existentes, 16 son Bases de la Fuerza Aérea Estadunidense, otras 16 pertenecen a la Marina de los Estados Unidos y 7 más son Fuertes, algunos construidos hace más de cien años. Muchas de estas construcciones ya han sido clausuradas y hoy son puntos de atracción turística para excursionistas e historiadores, cono el Fuerte Ord, inaugurado en 1917 y cerrado en 1994.

En tanto, el Fuerte Hunter Liggett sigue operativo y es la sede de entrenamiento de la 80° División de Infantería del Ejército de los Estados Unidos, en donde se hacen ejercicios de fuego real y se han entrenado a tropas enviadas a Medio Oriente.

En Arizona están los Fuertes Huachuca y Huachuca Wilcox, construidos en 1877. La red de comando y señales del Ejército de los Estados Unidos, el Centro de Inteligencia y el Centro Auxiliar de Radio de las fuerzas armadas norteamericanas se encuentran también en Fort Huachuca, al igual que el Centro de Radares Aerostáticos de la empresa Lockheed Martin.

En el estado de Texas aparecen el Fuerte Bliss, el Fuerte Sam Houston, el Fuerte Hood y las Bases de la Fuerza Aérea de Melrose, Cannon, Laughlin, Lackland, Orange Grove, Cabaniss, Randolph y Waldron.

El Fuerte Bliss es la sede la 1ª División Blindada del Ejército Norteamericano y es también en donde se entrenan las tropas de Artillería Aérea y los Sargentos Especializados del Ejército. Ahí operan el 32 Comando de Defensa Aérea y de Misiles, así como la 11ª Brigada de Artillería para Defensa Aérea, el 204 Batallón de Caballería y la 978 Compañía de Policía Militar.

En Texas está también el Fuerte Hood, el más grande e importante de los Estados Unidos, con capacidad para albergar a 70 mil militares y civiles. Es sede de la 4ª División de Infantería, la 1ª División de Caballería y el 3er Cuerpo del Ejército de los Estados Unidos.

En esta constelación de instalaciones militares figuran Bases Navales de Submarinos, Centros de Armamento Naval, Bases de Infantería de Marina, Estaciones Aéreas de la Marina y de la Infantería de Marina, Campos de Tiro, Campos de Prueba, instalaciones médicas navales, Estaciones Navales Avanzadas y centros de entrenamiento de los US Navy SEALS (Coronado, California).

 

“Cerraré la frontera”

Durante su campaña presidencial, el entonces candidato republicano Donald Trump advirtió en más de una ocasión que de llegar al poder se encargaría de sellar la frontera con México para detener el flujo de migrantes ilegales, drogas, dinero, sustancias prohibidas y terroristas.

Desde 2016 Trump aseguraba en sus discursos que obligaría a México a pagar de alguna forma por la construcción de un muro que frenara la entrada de indocumentados en los mas de 3 mil kilómetros de frontera.

Pero hace tres décadas, especialistas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) concluyeron que sellar militarmente la frontera con México para evitar el paso de drogas y personas era logísticamente complicado, estratégicamente costoso, militarmente desgastante y no resolvería por completo del problema del tráfico de drogas, dinero, armas y personas.

El Teniente Coronel de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Stephen Howard, publicó en 2001 un documento de trabajo titulado La Guerra Militar contra las Drogas -Demasiados recursos, muy poco resultados- (Air Power Journal. Octubre, 2001), en el que criticaba la fallida estrategia de combate al narco basada en la militarización, comparando sus resultados con el gasto económico que había significado hasta entonces para los contribuyentes de su país.

En un recuento sobre las tantas flaquezas y las pocas virtudes de la política norteamericana para combatir a los cárteles de la droga dentro y fuera de México y de los Estados Unidos, Howard señalaba los riesgos y escenarios de conflicto generados por una política multinacional en la que se habían empeñado en años 179 mil 500 millones de dólares con resultados temporales y escasos.

Tan sólo el Departamento de Defensa había gastado 348.8 millones de dólares en apoyo a actividades de inteligencia “para romper fuentes de abasto nacionales y extranjeras”.

Todas las actividades del Departamento de Defensa destinadas al combate  al narco sumaban (sin contar sueldos y raciones de alimentos diarias para el personal operativo dentro y fuera de los Estados Unidos) 159 mil millones de dólares en diversas iniciativas, proyectos y acciones de combate e interdicción de drogas.

En su artículo, Howard cita informes elaborados en 1987 cuando el Congreso recibió el Informe de la Estrategia Internacional para el Control de Narcóticos de ese año, en la que se revisaba si eras posible cerrar y controlar la frontera con México para resolver el problema del tráfico de drogas.

Sus resultados concluyeron que, de inicio, se necesitarían 96 batallones de entre 500 y 900 efectivos de manera permanente para comenzar un despliegue que acabaría por echar mano de al menos 500 mil soldados estadunidenses, con sus equipos y material bélico necesario para intentar un sellamiento fronterizo.

Stephen Howard señalaba a detalle lo que se necesitaba entonces para impedir el paso de drogas, armas y personas de manera ilegal hacia los Estados Unidos, destacando que tal escenario se centraba solo en la frontera con México y que los otros puertos y puntos de entrada al país no estaban contemplados en tal estrategia.

 

“Too much”

Los hallazgos del estudio de 1987 indicaban que “una fuerza suficiente para vedar y cerrar las fronteras estadounidenses a los contrabandistas de drogas necesitaría 96 batallones de infantería (aproximadamente de 500 a 900 efectivos por batallón), 53 compañías de helicópteros (de 15 a 30 helicópteros por compañía y aproximadamente 200 efectivos), 210 barcos patrulleros (tripulaciones de 30 a 120 dependiendo del tamaño y clase de barco) y 110 aviones de vigilancia (que podrían requerir de 6 a 11 escuadrillas con 100 a 300 efectivos por escuadrilla)”.

En el informe, agregaba Howard, “se estableció que para vedar adecuadamente a los narcotraficantes, se necesitarían aproximadamente 500.000 efectivos y sus equipos acantonados permanentemente en la frontera de Estados Unidos y México”.

Sin embargo, agregaba, “el informe sugiere que incluso a ese nivel de esfuerzo, sería un desperdicio de recursos en vista de que los narcotraficantes se aprovecharían de cualquier deficiencia en las “defensas” de la frontera”.

 

Para poner en perspectiva el reto de la interdicción, añadía el mando de la USAF en un dato más que revelador, “tan sólo se necesitan 13 camiones con remolques de cocaína para satisfacer un año de la demanda en Estados Unidos. Estados Unidos cuenta con 12.300 millas de costa, 300 puertos de entrada y más de 7.500 millas de frontera con México y Canadá”.

Se calcula que del 55 al 70% de las drogas ilícitas entran a Estados Unidos por la frontera mexicana, puntualizaba Howard.

El teniente coronel menciona luego el testimonio del general retirado Barry Mac Caffrey, ex zar antidrogas, quien aseguraba en una declaración ante el congreso que los esfuerzos para contener el tráfico de drogas en el sudoeste norteamericano eran insuficientes y solo habían hecho que los narcos crearan nuevas rutas de trasiego.

En otras palabras, sentenciaba Howard, “detener drogas en la frontera es matemáticamente imposible”.

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx



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