Militares y Navales; lo que tenemos, lo que viene

México, 24 de febrero.- El Ejército, al Fuerza Aérea y la Marina están atrapados en una colosal paradoja: llevar adelante la misión de modernizarse, evolucionar (adentro y afuera de la institución) y lograr la independencia tecnológica y estratégica con respecto del extranjero en medio de una de las peores crisis del sistema político mexicano, sumido en la corrupción la violencia sin control y la impunidad como sello distintivo.

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Con una política presupuestal de manga ancha para sacar adelante la mayoría de sus proyectos de inversión (adquisición de armamento pesado, compra de equipo y material bélico, construcción de unidades militares e infraestructura para fabricar armas, cartuchos, blindados, aviones de entrenamiento, patrullas costeras, patrullas interceptoras y buques de largo alcance), militares y marinos han aprovechado la coyuntura de debilitamiento y descontrol creciente del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto para ganar terreno, hacer política y llevar más allá sus agendas de crecimiento y cambio.

Con Peña Nieto, las secretarías de la Defensa Nacional y de Marina han recibido en conjunto 579 mil 538 millones, 739 mil 259 pesos de presupuesto (421 mil, 001,766,764 pesos para la Sedena y 158 mil 536 millones, 972 mil 495 pesos para la Marina), cifra que seguramente crecerá hacia el final del sexenio, como siempre ocurre, para completar los pendientes.

Con Felipe Calderón el Ejército, la Fuerza Aérea y la Marina recibieron 354 mil 299 millones, 757 mil 489 pesos para iniciar y sostener la ofensiva contra el narco y para, al mismo tiempo, intentar una incipiente modernización y rearme obligada por la misión encomendada, que ni por asomo acabó o mermó el poder de los cárteles.

El presupuesto otorgado a las fuerzas armadas en este sexenio supera ni más ni menos en 225 mil 238 millones, 981 mil 770 pesos a lo ejercido entre 2007 y 2012, y hablamos del presupuesto aprobado. Lo ejercido al final, lo real, elevará esta cifra.

Pero las fuerzas armadas siguen adelante, porque con guerra o sin ella el cambio es inevitable e inaplazable. El Ejército está en el proceso de la mudanza de la Industria Militar hacia los terrenos del parque industrial La Célula, a las afueras de Puebla.

En terrenos e instalaciones básicas donadas por el gobierno poblano, la Sedena levanta muros y coloca los cimientos de las naves industriales las que se ubicarán cerca de 22 factorías para insumos y equipo bélico. De ahí saldrán el vestuario, las armas y cartuchos para las tropas.

Granadas de mano, granadas de 40 milímetros de baja velocidad, aditamentos para dispararlas fabricados en la Sedena, fusiles FX-05 Xiuhcoatl para todo el Ejército, blindados ligeros Kitam y DN-XI, transportes blindados Cimarrón para mover a las tropas, nuevas versiones de blindados DN Toro y blindados de reconocimiento 4×4 también serán fabricados también en las nuevas instalaciones.

La joya de la corona es el Proyecto Azteca, que deberá entregar este año sus primeros cuatro aviones entrenadores turbohélice a los cadetes del Colegio del Aire. La Subdirección General de Industria Aeronáutica Militar es la encargada de sacarlo adelante junto con las siguientes etapas para desarrollar en el futuro aviones a reacción de diseño y hechura mexicanos.

Sin embargo, pese a los esfuerzos y planes que llevan adelante la Sedena y la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), es imposible no mencionar que los años del gobierno de Enrique Peña Nieto y del general Salvador Cienfuegos son también los de la peor etapa de la aviación en los últimos veinte años.

Los 57 accidentes registrados a la fecha en la FAM en lo que va de este gobierno, los 33 miliares muertos y los 88 heridos resultantes nos dicen a gritos que algo está mal en nuestro ejército del aire.

Con Vicente Fox la cifra de accidentes en la FAM fue de 34. Con Felipe Calderón fue de 38. El número de militares fallecidos en ambos gobiernos está a punto de ser rebasado por el actual (con Fox murieron 33 elementos y con Calderón 36).

¿Qué está sucediendo en la FAM?

 

En la Marina, las energías y los proyectos se han centrado en la necesidad de reactivar a la casi inerte industria de construcción naval para, de paso, comenzar a proyectar el poder marítimo nacional que durante décadas fue empolvándose en las vitrinas de la Armada ante la indolencia de legisladores, secretarios y presidentes.

La construcción en astilleros de la Marina de la primera Patrulla Oceánica de Largo Alcance (POLA), una fragata holandesa Sigma Clase 10514, que costará cerca de 10 mil 500 millones de pesos, es la punta de lanza para llevar a la flota naval mexicana a niveles de profesionalización y fortaleza como nunca ha tenido.

En este contexto, la compra de armamento avanzado por 98.4 millones de dólares para semejante nave ha sido convertida por la supina ignorancia de legisladores que siempre ignoraron a las fuerzas armadas, en una especie de afrenta o locura armamentista.

Los planes son ambiciosos, pero no disparatados. La Marina quiere y necesita cuatro navíos como la POLA que está en proceso de construcción.

Mejores militares

Las fuerzas armadas que heredó Peña arrastraban factores de atraso, desgaste y sobre exposición mediática como consecuencia de su papel en la guerra antidrogas iniciada en el anterior gobierno.

La guerra antinarco diseñada sobre las rodillas, con escasa o nula inteligencia (civil y militar) de fondo para soportar una sangría que nadie imaginó, se tradujo en la fragmentación de los cárteles, en su conversión en organizaciones más pequeñas, más dinámicas y móviles, insertas en núcleos urbanos (léase Tláhuac, por ejemplo), con un poder de cooptación menos visible, mas efectivo y menos costoso, operando en otros delitos e incrementando como nunca las cifras de violencia, homicidios e inseguridad.

No es gratuito ni artificial que México tenga varias ciudades y municipios entre los más violentos del planeta (Tecomán, Acapulco, Matamoros, Reynosa, Coatzacoalcos, Xalapa, Los Cabos, Cancún, Nayarit, Ecatepec).

El resultado ha sido el fracaso estrepitoso de una política y estrategia de combate al crimen organizado (y común) que el gobierno de Peña Nieto se comprometió a llevar a estadios de normalización y tranquilidad para las familias.

Este escenario se tradujo en un inevitable desgaste en las fuerzas armadas -habilitadas como policías de facto- no solo por la ineficacia de los cuerpos policiacos del país, sino también su corrosión y corrupción rampantes.

Por si fuera poco, a la par del desgaste militar vinieron los abusos de la tropa y de oficiales contra civiles inocentes y contra civiles de grupos delictivos que habiendo sido detenidos, sometidos y desarmados fueron ejecutados. Estas ejecuciones fueron ocultadas o tergiversadas por la tropa y los hechos ilícitos, crímenes finalmente, solapados por sus jefes, exhibiendo a una cadena de mando que en determinados casos se caracterizó por la simulación y el menosprecio a la doctrina de respeto a los derechos humanos.

Si bien la cantidad de quejas y denuncias contra las fuerzas armadas ha disminuido notablemente (en gran medida por la labor de contención de la Dirección General de Derechos Humanos y la Unidad de Vinculación Ciudadana -UNIVIC), el problema real ahora no es que sean menos o que éstas generen menos Recomendaciones de la CNDH.

Lo grave es que las violaciones a los derechos humanos se dan pese al adoctrinamiento que han recibido casi un millón de tropas (no es que tengamos esa cantidad de soldados y marinos, sino que los que existen han recibido varias veces capacitación, cursos, conferencias y talleres al respecto) y que sigue sin permear a fondo.

La Sedena ha recibido en este gobierno 2 mil 848 quejas que le han generado 14 Recomendaciones, de las cuales 2 ya fueron cumplidas y 12 siguen en trámite. En cuanto a la Marina, la institución ha recibido 18 Recomendaciones que les generaron 123 puntos a cumplir. De esta cifra, 81 puntos se han cumplido en forma total y 42 en forma parcial, señala la Marina que no menciona en ningún texto o informe cuántas quejas ha recibido por violaciones, abusos o crímenes cometidos en este gobierno o en el anterior.

La incapacidad del Estado para responder a este panorama convulso y cada vez más explosivo se tradujo, paradójicamente, en un amplio espacio de maniobrabilidad política y judicial para la Sedena y la para la Semar, cuyos altos mandos comenzaron a presionar a diputados y senadores y a diversos sectores de la sociedad para impulsar la Ley de Seguridad Interior (LSI) que les diera amplias facultades para actuar como policías investigadores con condiciones y atribuciones metaconstitucionales.

La LSI fue aprobada en el Congreso de la Unión, pero también ha sido impugnada desde diversos frentes por presentar artículos que contravienen a la Constitución Política y por abrir la puerta a un manejo o actuación discrecional de los militares y marinos en el contexto de conflicto sociales.

Toda esta discusión se da precisamente a unos meses de las elecciones federales en las que se elegirá al nuevo presidente de la república y uno de los candidatos, el más fuerte y perfilado para llegar al poder, no es del agrado del Ejército ni de la Marina.

Ahí vienen los rusos

La única formula de triunfo electoral que posibilitaría la permanencia del status quo prevaleciente en la Sedena y en la Semar sería un triunfo del PRI y de su candidato José Antonio Meade, y eso no va a suceder. Luego entonces, el general Salvador Cienfuegos Zepeda y el almirante Vidal Francisco Soberón Sanz ya se hicieron a la idea de que el hombre que los ha tachado de represores del pueblo muy probablemente será el nuevo presidente de México y el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Esto significaría la llegada de dos secretarios de la Defensa y de Marina procedentes del retiro, no de las planas mayores de ambas dependencias. El general Audomaro Martínez Zapata y el vicealmirante José Manuel Solano Ochoa son los hombres de López Obrador en las máximas posiciones miliares del país.

No serán bienvenidos. No tendrán más que el apoyo al que obliga el cargo a sus subalternos. Más combustible a la hoguera.

Para completar el cuadro de un régimen decadente y corrupto, en los últimos meses las fuerzas armadas han vivido momentos difíciles con accidentes fatales y situaciones de abuso que siguen empañando sus esfuerzos de modernización.

La noche del 16 de febrero todos los reflectores de los medios de comunicación nacionales y extranjeros iluminaron la estructura metálica del helicópteroUH-60M de la Fuerza Aérea en el que viajaban el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, el comandante de la VIII Región Militar, el general Alfonso Duarte Mújica, y otros funcionarios del gobierno del estado quienes volaron desde Puerto Escondido hacia Santiago Jamiltepec, comunidad azotada por el sismo que horas antes se había sentido en seis entidades del país.

Lo primero que se supo en las redes sociales fue que el aparato en el que viajaba Navarrete se había desplomado al llegar a Oaxaca y que el dato era real, que estaba confirmado. Suficiente información para desatar las alertas en todas partes. Minutos después de conocido el dato, el propio funcionario daba la cara y explicaba en vivo para la televisión lo que a él y a sus acompañantes les acababa de suceder.

Estamos bien, con algunos golpes, pero hay varios fallecidos entre la gente, alcanzó a decir con serenidad el secretario. Los siguientes minutos fueron devastadores. El aparato, un Black Hawk matrícula 1071 perteneciente a Escuadrón Aéreo 101 con base en Santa Lucía, Estado de México, había caído sobre dos vehículos con dos familias abordo.

Catorce personas fallecieron mientras esperaban el aterrizaje de un helicóptero en el que venían los funcionarios encargados de revisar, ordenar y supervisar la ayuda humanitaria que paliaría sus pérdidas por el temblor.

La Marina creyó que la mala suerte de un fatal accidente en el que el propio secretario de la Defensa ya tiene un culpable casi con todo y sentencia, no la tocaría. Error. La mala suerte y de nuevo los excesos del oficio militar que no está hecho para respetar civiles, alcanzaron también a la Armada de México.

En Matamoros, Tamaulipas, un comando de la Unidad de Operaciones Especiales (UNOPES) de la Marina culminó meses de trabajo de inteligencia de campo y de gabinete con la detención de Alfredo Cárdenas Martínez, El Contador, sobrino de Osiel Cárdenas Guillén, fundador del Cartel del Golfo.

Lo que en principio pintaba como una detención realizada en las calles de Matamoros cuando los marinos le ordenaron a El Contador detenerse porque iba a exceso de velocidad, localizando en su camioneta drogas y armas, terminó por ser una mentira con sellos oficiales.

En realidad, los marinos llegaron a la casa de El Contador, desconectaron casi todas las cámaras de seguridad, entraron a su casa, lo ubicaron, lo sacaron, lo subieron a vehículos navales, se llevaron su camioneta y en algún punto de la ciudad montaron la escena de su detención. Todo falso. Los abogados del detenido presentaron cuatro videos mostrando cómo había ocurrido todo. Un juez federal ordenó la libertad de Alfredo Cárdenas debido a que la captura fue “ilegal”.

Abuso, vergüenza, tiempo perdido, enojo y amplia frustración en la Marina, la institución más confiable para los mexicanos en los últimos seis o siete años, según la encuesta que sea.

La Ley de Seguridad Interior y su ominoso articulado revolotean en la cabeza.

¿En quién confiamos?

 

Jorge Medellìn

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx

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  2 en “Militares y Navales; lo que tenemos, lo que viene

  1. Avatar
    ANA
    01 de marzo del 2018 en 08:02

    Las fuerzas armadas han demostrado ser una parte importante para nuestro país ya que sin ellos n las calles no habría quien frenar a los delincuentes, es de admirar el trabajo y sacrificio que hacen los militares , salir de casa dejar a su familia por cuidar el bienestar de todo un país.

  2. Avatar
    Cesar Napoleón Moctezuma Villafuerte.
    26 de febrero del 2018 en 13:47

    La ineptitud, corrupción, impunidad, negligencia e indolencia rebasó y abrazó a todo sus sistema a Peña Nieto, a tal grado que perderán la Presidencia.

    Por otra parte se augura que por ser mas incompetente y corrupto también Lopez Obrador el país puede orillarlo a una fotografía de Venezuela.

    La política contrarresta la actuación de las Fuerzas Armadas para su conveniencia; pero al final están involucradas ; los Secretarios de las Fuerzas Armadas, no maniobraron para contribuir a que no se visualizara un panorama como el que se avecina, un Presidente que en el próximo 2024, dejará otra vez a uno de sus hij

    Como decimos los Mexicanos: Faltan los huevos de Pancho Villa.

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