Bitácora de vuelo



México, 7 de abril.- Si el gobierno de Enrique Peña Nieto puede autorizar la liberación de recursos por mil 500 millones de pesos para la compra de un avión ejecutivo destinado a los mandos territoriales y a la plana mayor de la Sedena, ¿daría también luz verde para adquirir aparatos como el poderoso carguero A 400M (Atlas-400) de Airbus?

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O quizá esté interesado también en la compra de una flota de cuatro a seis helicópteros de transporte pesado CH-47 Chinook, ofrecidos hace exactamente cuatro años a los titulares de la Sedena y de la Semar durante una visita oficial a la base militar de Fort Hood.

Quizá la modernización militar aérea pase por la compra de material de segunda mano pero de tecnología avanzada (comparada con la de los dos únicos tigres F-5E de la FAM que están operables), como los jets F-16 que Israel acaba de dar de baja o como el lote de 16 aeronaves de este tipo que hace un año los Estados Unidos le ofrecieron a México para rearmarse mientras las arcas nacionales permitían reunir lo suficiente para una flota de aviones nuevos.

La siguiente posibilidad en el horizonte es la de los rusos, cuya empresa estatal Rosoboronexport (que aglutina a diversas compañías del ramo militar y civil) mejora sus ofertas y condiciones de servicio a las fuerzas armadas mexicanas cada vez que puede, a la menor provocación, a la menor oportunidad.

Y esa oportunidad de hacer negocios en serio está a la vuelta de la esquina, tan cercana como los días 26, 27, 28 y 29 de abril, cuando se celebre otra edición de la Feria Aeroespacial México 2017 (FAMEX 2017), a la que acudirán 205 empresa y 16 delegaciones de 15 países.

El terreno y las condiciones para hacer negocios en lo militar son más que propicios. Los casos de empresas de nivel mundial, con sus productos más acabados, tendrán una coyuntura adecuada.

Aunque la FAM logró recuperar sus Hércules C-130J luego de extensos overhauls en Canadá, la idea de hacerse de una flota adicional de aparatos Chinook nunca le ha parecido descabellada al alto mando y mucho menos a los mandos de la FAM.

De entrada, se dispondría de material aéreo nuevo, no usado o con muy pocas horas de vuelo, además de que el abasto de piezas y los cursos de adiestramiento y actualización de sistemas quedarían garantizados a un horizonte de al menos 20 años.

Este paquete prestaciones de un proveedor para un usuario no es nuevo, pero tiene una especial importancia si se toma en cuenta que con el bloque de aparatos viene también una especie de rebaja, condicionada a una promesa del comprador: no hacerse de más equipo ruso.

Y los rusos, que para los negocios (militares) son más que insistentes, vienen a la FAMEX 2017 con propuestas más agresivas e imaginativas y con antecedentes fallidos para colocar en la FAM un lote de helicópteros de ataque Alligator o Mi-24 Hind.

Mucho antes de que Ilya Tarasenko, presidente de la firma MiG -fabricante de los cazas súper sónicos que intentarán marcar la pauta en aviones de combate en la siguiente década- anunciara su sincera intención para que la FAM se hiciera de una flota de Mig-35, otros negociantes de su país, menos afortunados pero igual de persistentes, intentaron venderle a la Marina y a la Sedena material aéreo de última generación.

Desde sus oficinas en la zona de Las Palmas, el joven Maxim Sokolov, representante de la estatal Rosoboronexport, hizo cuanto intento estuvo a su alcance para congraciarse con los mandos navales clave para darle el visto bueno a la compra de más equipo ruso Mi-8 o Mi-17.

Los hipos de Rosoboronexport resultaron ser auténticos caballos de batalla tanto para operaciones de ayuda a población civil en casos de desastre como para traslado de tropas en operativos contra el narco.

Pilotos de la FAM relatan que máquinas como los míticos Black Hawk UH-60L (Lima) o UH-60M (Mike) sencillamente no aguantaban el tren de trabajo ni igualaban las capacidades de los rusos en determinadas condiciones de clima y a distintas alturas.

Pero… el abasto de piezas, el refaccionamiento de los aparatos era tardío, era deficiente, era costoso y poco confiable. Los técnicos rusos terminaban casi siempre sugiriendo la canibalización de otros helicópteros mientras llegaban las piezas necesarias para que los helos volvieran a alzar el vuelo.

El joven Sokolov no se rindió y logró que tanto la Marina como la FAM aceptaran el overhaul de sus hipos (19 aeronaves) como una acción de buena fe y entendimiento con miras a la posibilidad de lograr mejores contratos en condiciones favorables para todos.

Pero (otra vez) las cosas se quebraron en el camino. En 2009, la Marina hizo efectivo el contrato de reparación y actualización de tres helicópteros Mi-17 a razón 1 millón 200 mil dólares por aparato, que serían puestos a punto en los talleres de la empresa en Rusia.

Las cosas se complicaron paso a paso y de manera escandalosa para todas las partes involucradas, porque la Procuraduría Militar General de la Federación Rusa descubrió que al menos uno de los aparatos enviados por la Marina a reparar, llevaba uno de sus motores con reporte de robo.

Las autoridades rusas retuvieron el aparato y se negaron a entregarlo a México hasta que se aclararan las cosas. Mientras, la Marina que encabezaba el almirante Mariano Francisco Saynez, exigía la devolución del activo que ya estaba listo y por el que se había cubierto ya la totalidad del costo de la hojalatería y pintura contratadas.

Pero los rusos dijeron no, se quedaron con el helo, Saynez se quedó con el coraje y la procuraduría rusa acabó descubriendo el paradero del motor robado en alguna bodega del Báltico, bajo otra matrícula, disfrazado de envío no militar.

Además de perder tiempo, dinero y esfuerzo, la Marina quedó agraviada por las acusaciones de la autoridad judicial militar rusa, que señaló primero a los mexicanos por el motor robado, se negó a entregarles lo pactado, terminó reconociendo que el problema era netamente ruso y acabó destrozando la relación que había colocado a México como la segunda nación latinoamericana con más material bélico de la ex Unión Soviética.

Esa fue la última vez que la Marina y la Sedena tuvieron acercamientos con los rusos y sus aparatos voladores de guerra.

No queremos nada con esa gente, es muy conflictiva, indicaron en su momento mandos navales.

Alguien de la Marina le contó la historia a Excélsior, que en 2014 revivió el caso para frenar a los rusos y sus nuevos intentos para colocar aviones, helicópteros, misiles, y toda clase de material bélico en el gobierno de Peña Nieto. No hubo éxito entonces.

El acercamiento de las fuerzas armadas mexicanas (sobre todo de la Marina) con los Estados Unidos que gobernaba Barack Obama, permitió anticipar que los rusos y sus máquinas de guerra eran cosa del pasado, que no volverían más.

Sin embargo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su postura antimexicana cambiaron la dinámica de la cooperación bilateral en el terreno militar condicionándolo todo a nuevas reglas.

Los escenarios no están del todo claros en este tema y esto abre las puertas, otra vez, a la especulación y a la idea de qué tan conveniente es diversificarse y adquirir material de otros países precisamente para evitar una férrea dependencia y presiones políticas que afecten la cooperación militar binacional.

Agudos en la lectura de estos escenarios, los rusos están de regreso con sus paquetes rodo incluido, comenzando por la tentadora y nada despreciable posibilidad de hacerse de un escuadrón integrado por las aeronaves de caza más avanzadas del mercado, los Mig-35.

El siguiente gigante interesado en el mercado mexicano, civil y militar, es Airbus, que viene decidida colocar tres o cuatro de sus A 400M en la FAMEX 2017 con planes interesantes y agresivos de expansión.

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx



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