El “inusual” desagravio de EPN a las fuerzas armadas



México, 29 marzo.- Campo Militar 1-A, Ciudad de México. Aquí sí aplauden. Y mucho. Son al menos 30 mil almas uniformadas batiendo palmas, celebrando la orden superior para convivir unos minutos con su Comandante Supremo en un acto “inusual”, fuera de agenda, sin efeméride alguna.

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Y como nunca o casi nunca en lo que va del sexenio, el presidente avanza entre uniformes pixeleados y algo dice, algo comenta con la gente pero no se escucha nada de tanto y tan nutrido aplauso que lo enmarca al caminar, detenerse, continuar, detenerse y darse cuenta de que el choque de manos no cesa y es para él.

Pero son tiempos de arrebato preelectoral, momentos de presión y caída libre en encuestas de opinión para las fuerzas armadas (más para el Ejército, porque la Marina sigue viento en popa en los niveles de confianza de la ciudadanía).

El contexto es de severo cuestionamiento y oposición a leyes que amenacen con militarizar aún más el quebradizo esquema de combate a la delincuencia (organizada y de la otra).

Las críticas, exigencias y señalamientos son crecientes dentro y fuera del país sobre un desgastado ejército cuyo jefe dio de sí; se enojó, manoteó sobre la mesa y consiguió una presión inédita sobre los legisladores para que la voz de la milicia fuera escuchada y atendida por la vía de la aprobación de la Ley de Seguridad Interior.

El enojo militar pintaba muy bien, pero algo pasó en el camino. Académicos, grupos civiles, activistas, legisladores de oposición y especialistas en temas de seguridad alzaron la voz para frenar la aprobación y consiguieron congelar por el momento la inminente ley que, advertían, daría más facultades y menos controles a los militares.

En esas estaban el general secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, y el almirante secretario de Marina, Vidal Francisco Soberón, cuando Peña Nieto les insistió por tercera vez para que organizaran un acto de acercamiento a las familias de soldados, pilotos y marinos para homenajearlos y reconocer públicamente su sacrificio.

Se acordó la fecha, que originalmente era el viernes 24 de marzo. La tropa y la marinería fueron informadas por distintas vías un día antes, pero el encuentro se movió para el martes 28 porque la idea era la de inaugurar también diversas instalaciones en el Campo Militar Número 1-A.

Peña aprovecharía la inmejorable y blindada ocasión para sumarlas a los logros sexenales en una suerte de mini informe presidencial, mini convivio, mini sesión de selfies que enmarcó el acercamiento a la milicia y el desagravio encabezado por su Comandante Supremo ante los embates preelectorales de Andrés Manuel López Obrador y otros convocados anónimos.

Peña llegaba a los dominios militares, innecesariamente escoltado por media docena de guardias presidenciales con sus respectivo chicharito al oído, vestidos de negro, rapados, tan ominosos con los militares como lo son con los civiles gobernados desde Los Pinos.

Inusual, muy inusual si se toma en cuenta que Peña estaba en las entrañas de la Sedena, ante miles y miles de soldados, pilotos y marinos y cientos de sus familiares. ¿De veras esperaban o temían agresiones o algo rudo por parte de ese universo humano?

En los sitios de internet de la Sedena y en su página de YouTube el mensaje llegaría a las 12 regiones, 46 zonas y bases aéreas militares del país. No faltó quien dio rienda suelta a la esperanza de un anuncio espectacular de aumento salarial o algo así.

No, ni en sueños. Con Felipe Calderón como mandatario y Comandante Supremo las fuerzas armadas recibieron un 90 por ciento de aumento salarial en todo el sexenio. Con Peña Nieto los incrementos salariales para soldados, pilotos y marinos no han rebasado el 25 por ciento en cuatro años de gobierno, y eso en forma prorrateada.

Lo que sí ha ocurrido de manera irrefrenable es la orden de liberar cuanto recurso e instrumento financiero exista para comprar armas, equipo, aviones, helicópteros, vehículos blindados, sistemas de radar, sistemas aéreos no tripulados, miras telescópicas, equipos de visión nocturna, maquinaria para fabricar armas cortas y largas Sig Sauer y diverso material para reforzar las operaciones contra la delincuencia organizada.

No, Peña no mencionó sueldos ni más prestaciones para los militares y sus familias, pero puntual les recordó sutilmente el dinero invertido en comprar todo lo necesario para que hagan mejor su trabajo –combatir a la delincuencia– aunque esa no sea una de las misiones para las que fueron creadas.

Primero lejano y arropado por los hombres de negro, Peña caminó por los callejones que formaban el escenario de su encuentro con la tropa de tierra, aire y mar. De los saludos lejanos y las sonrisas precisas, como en los días de campaña electoral, el presidente pasó a uno que otro apretón de manos y uno que otro abrazo controlado por el EMP.

Adelante, con sus secretarios de Defensa y Marina, lo esperaba un amplio templete en el que fue acompañado por la milicia y sus jefes para encabezar los honores a la bandera.

Luego quedaría solo, micrófono en mano, para pasearse sobre la alfombra verde, saludar de nuevo, explicarle a los presentes y a los no tanto las razones de si visita a la Sedena, encuentro que el propio Peña definió desde el principio como “inusual”.

Peña reiteraba su admiración y profundo respeto por las fuerzas armadas, pero sobre todo por sus familias ante el sacrificio cotidiano que significa ser compañero o compañera de un soldado, de un piloto o de un marino en el combate al crimen.

Y entonces dijo que les tenía tres mensajes, tres. Y la milicia, muy en un rinconcito de sus uniformes, se esperanzó pero la cosa no pasó a mayores. El primer mensaje era para reconocer su labor incansable. El segundo mensaje era para pedirle a todas y todos que le transmitieran a sus compañeros de armas ese reconocimiento a su sacrificio.

Para esos momentos, Peña Nieto ya había agarrado confianza y pedía que algún camarógrafo lo siguiera porque se iba a bajar e iba a caminar y saludar a la gente, a estar cerca de ella. El tercer mensaje lo dio ya entre la milicia y fue para recordarle a propios y extraños la importancia del apoyo moral que las familias le dan a cada mujer y hombre de las armas para hacer su trabajo.

¿No hay niños por acá?, preguntaba el comandante supremo para luego comentar que los hijos e hijas de militares pueden sentirse orgullosos de la carrera que eligieron sus padres. También la tropa y sus familias habían agarrado confianza y se acercaban cada vez más, cámara o celular en mano, para la foto con el preciso.

Peña Nieto se detuvo unos instantes para soltar la primera nota buena del día. Entre el rumor de la tropa, la mirada vigilante de los jefes y los rostros impasibles de Cienfuegos y Soberón, el presidente dijo que “las fuerzas armadas son garantes de que las instituciones del país funcionen (sic)” y procedió a fustigar a quienes se atreven a criticar la actuación de los militares.

Entonces la cosa cambió y Peña, de arriba abajo entre los uniformados, aprovechó la ocasión para rendir un mini informe de labores en el que habló de cifras y conceptos y de sus reformas, como la educativa, que ponderó y relacionó, con calzador, con los beneficios recibidos por los hijos de la tropa.

Luego, la segunda frase, idea, nota buena del día: no estamos en crisis, la crisis está solo en nuestras mentes, dijo el presidente para llevarse al día siguiente algunas primeras planas.

Tercera frase y nota: tenemos empleos, muchos empleos, más o menos  2.6 millones de empleos en el país y es por eso que los jóvenes está regresando a México, porque saben que acaban a encontrar trabajo.

Después habló de créditos a la vivienda, de tasas de interés muy bajas, de becas escolares, de combate a la desigualdad, de las bondades de la reforma fiscal y de los apoyos a los adultos mayores en todo el país, de seguros de vida para las mujeres de la cruzada contra el hambre y hasta de los comedores comunitarios.

A un costado del templete, el rostro del general Cienfuegos perdía brillo, el del almirante Soberón se tornaba indescifrable y el de Miguel Osorio Chong seguía igual. Vinieron entonces las notas principales del día, con dedicatoria anónima al peje Andrés Manuel López Obrador.

Quienes acusan a las fuerzas armadas de atacar al pueblo, por ignorancia o por dolo, atacan al país; quienes denigran a las fuerzas armadas, denigran a México, sentenciaba.

Peña pasó luego al discurso duro y advirtió que cualquier crítica a las fuerzas armadas era “inadmisible”. Sin más.

El comandante supremo regresó al templete y desde ahí aseguraba a sus soldados que “no nos hemos olvidado de las fuerzas armadas; hemos dedicado recursos para que cumplan sus misiones”. Nada más.

Para finalizar, Peña reveló su enorme gratitud y especial cariño hacia la comunidad militar; me siento como uno de ustedes, les dijo.

Entonces, para cerrar e inusual desagravio a las fuerzas armadas, el presidente se colocó el micrófono bajo el brazo y les regresó el aplauso que también los militares le respondieron.

Cienfuegos y Soberón lo recibieron en el pódium, lo abrazaron y acompañaron mientras abandonaba a explanada militar.

A la distancia, la tropa y sus familiares revisaban las fotos y videos logrados como único trofeo de una visita inusual que derivó en un ejercicio de catarsis mediática a falta de aumento salarial.

 

Jorge Medellín

@JorgeMedellin95

Estadomayor.mx



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  3 en “El “inusual” desagravio de EPN a las fuerzas armadas

  1. C Tnt Inf AlanHernandez
    03 de Abril del 2017 en 13:08

    Felipe Calderon compartia mas momentos memorables tanto con el personal militar como con los funcionarios de seguridad.
    Uno saluda el rango, no a la persona.

  2. Adriana
    01 de Abril del 2017 en 23:32

    porqué el gral Cienfuegos no defiende, no exige, no lucha, ni tiene empatía por el ejército, es fácil y bien conocido por todos por q es una persona sin escrúpulos que está demasiado vendido con el presidente actual. Lo ha mantenido como parte de su séquito y lo ha favorecido, con su avión, viajes y demás. La indignacion que el ejército mexicano tiene desde el soldado hasta los oficiales es la misma. Un ejército que ha dejado de valer, solo basta con llegar a cualquier unidad y ver cómo los mandos hacen uso de su “poder” para maltratar a sus subordinados. Han cometido tantas faltas que son ellos los que deberían ser procesados. Faltas que van desde ponerse a tomar en la unidad o llegar cayéndose de borrachos, robar dinero, pedir dinero a los soldados y oficiales para que obtengan su fanquicia misma que está señalada en los horarios establecidos. Centros de prostitucion en los planteles militares (especialmente en el de enfermeras y en las unidades de PM); son algunas de las cosas que todo mundo sabe pero que todo mundo calla. Existe una doble moral que sería necesario erradicar, pero como si ningún valiente levanta la mano por temor a las consecuencias. Las leyes no son justas ni parejas. No hace falta comparar los sueldos con otros niveles de justicia, cuando el abismo de sueldos entre generales y oficiales es enorme ni hablar con los de menos jerarquía.

  3. FLAVIO HUMBERTO BRAGA ALEMAN
    29 de Marzo del 2017 en 16:27

    El Honor de ser militar y el orgullo de servir a la Población y a la Patria,esa es la meta de la fuerzas armadas el hombre al que aplaudieron en 20 meses no sera su comandante, solo un ciudadano, con muchos problemas.

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