Se calientan los verdes

México, 25 de agosto (La Razón).- - PRIMER TIEMPO: Se destapó el primer relevo del general Galván. Uno de los grandes temas de los últimos meses en la prensa política es el relevo en la titularidad de la Secretaría de la Defensa con la llegada del nuevo gobierno. Tradicionalmente, el Presidente entrante no decide sobre uno en particular, sino sobre una terna que le entrega el secretario saliente. Lo que no es usual es que ese juego de sillas vacías que se realizaba en sigilo, se ventile ahora en la opinión pública. La arena que han escogido es El Universal, donde este viernes el subsecretario de la Defensa, el general Carlos Demetrio Gaytán, se llevó el principal titular del diario con una conferencia que dio en la Universidad Anáhuac. Gaytán habló de la necesidad de construir un Plan Nacional de la Defensa —o sea, su visión programática—, y subrayó la urgencia de que es importante que se construya una política de Seguridad Nacional —que defina en términos modernos lo que actualmente existe—, y una de Seguridad de Defensa —que engloba la regulación de la tropa en tareas de seguridad pública—. Es decir, planteó —y el periódico fue su megáfono— su plan de trabajo para que lo escuchen en donde deben. Pero esta información tiene una alterna, publicada el mes pasado en el mismo diario, donde el protagonista fue otro general, Moisés García Ochoa, director general de Administración de la Sedena, para entender lo que está pasando.

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A diferencia del trato editorial con el general Gaytán, con Ochoa la información fue negativa pues se le acusó de haber firmado contratos para la adquisición de equipo para espionaje político. En esa quemada a Ochoa, se soslayaron detalles importantes. Es cierto que firmó los contratos, pero esa es su responsabilidad en la Sedena, y sí son equipos de escucha, para renovar los que tienen —como otras dependencias— para el combate a los delincuentes y enemigos de la Nación. ¿Pueden ser utilizados con fines políticos? Sí, pero ese tipo de giro no se deja por escrito en ningún lado, como tituló el periódico. El fondo de este manejo diferenciado es que hay un grupo que quiso desbarrancar al general Ochoa, el más visible de los generales en la línea de sucesión, y el mismo u otro, que ensalzó al general Gaytán, quien irrumpió por la puerta grande como el primer destapado para el relevo.

- SEGUNDO TIEMPO: ¿Dónde está el caballo negro? Las aguas movedizas en la administración pública están pintadas de verde. El general Carlos Demetrio Gaytán forma parte de una triada de la Caballería militar que incluye a otro general en la línea de sucesión en la Secretaría de la Defensa Nacional, Luis Arturo Oliver Cen, jefe del Estado Mayor, y el general Roberto Miranda, recientemente jubilado por edad, que trabaja en el equipo del aún no presidente electo, Enrique Peña Nieto. Aunque nunca se ha dado, no hay ley que impida que el Presidente llame a un general en retiro para ocupar el despacho principal de la Secretaría, lo que debe saber el general Miranda, ex jefe del Estado Mayor Presidencial de Ernesto Zedillo, quien también ha dado varias entrevistas de prensa para dar a conocer lo que piensa debe hacerse en el campo de su expertise. Quizás el general Miranda considere que puede ser él, y no sus dos amigos, quien ocupe el despacho mayor en Lomas de Sotelo. Pero no es el que más ocupa la niña de los ojos de Peña Nieto, según afirman conocedores del tema, sino el actual Oficial Mayor de la Sedena —el relevo de Miranda—, el general Roberto Cienfuegos, quien ya estuvo hace seis años en una terna para ese gran despacho y la perdió con el general Guillermo Galván en el último, literalmente, minuto. El general Cienfuegos es ampliamente respetado en las Fuerzas Armadas y, de todos los principales aspirantes a la Secretaría, es quien más discreto ha sido. No ha publicado libros ni otorgado entrevistas. Lo que en política suele ser un activo, en las Fuerzas Armadas se considera un error. Pero las cosas han cambiado mucho y cuáles serán los parámetros de la decisión, son un misterio. En todo caso, los jugadores alrededor de las sillas vacías, hasta ahora, son sólo ellos.

- TERCER TIEMPO: Mientras llega el relevo, el general se cura. La trascendental discusión en la Suprema Corte de Justicia de los últimos días, donde estableció límites al fuero militar, y determinó que cualquier delito de uno de los suyos que cometa contra civiles o que no se relacionen a la disciplina militar deberá ser juzgado en un tribunal civil, provocó una ola de especulación sobre lo que podrían pensar en la Secretaría de la Defensa. ¿Cómo reaccionarán al volverse más susceptibles a castigo al no existir una ley que los blinde en sus tareas de policías en la lucha contra el narcotráfico? ¿Había necesidad de que esta tensión se elevara al final del sexenio? En el sexenio anterior, en los tiempos del desafuero del ex jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, el presidente Vicente Fox, le pidió al general secretario, Clemente Vega, que en caso de protesta social en las calles, los soldados estuvieran listos para actuar. El general Vega le respondió a su comandante en jefe que estaba de acuerdo, siempre y cuando la orden se la diera por escrito. Vega tenía en mente el descrédito del Ejército por la matanza de Tlatelolco, que no se ha podido subsanar desde 1968, y no quería que una vez más por un mal manejo de civiles, el costo se lo llevaran los militares. Fox no ordenó nada por escrito y se neutralizó la petición. La pregunta era si el próximo secretario de la Defensa le diría algo al próximo Presidente cuando le pidiera ir a las calles a cumplir funciones de policía. El actual secretario, el general Guillermo Galván, no dejó que volara más la especulación. Arregló que el procurador militar, el general Jesús Gabriel López, diera una entrevista a Reforma, donde habló por su boca: “La Sedena acatará la decisión que tome la Corte, pero no significa que se disminuya el ímpetu de la institución en el combate a la delincuencia organizada en apoyo de las autoridades civiles”. Tranquilos, dijo el general, nadie come lumbre. El mensaje, entendido por quienes tienen que oírlo, tiene una velocidad transexenal.

Raymundo Riva Palacio

La Razón

Opinión

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