En la boca de todos…

México, 3 de agosto (Redacción).- Esta semana, la agenda mediática se ha centrado en la reciente consignación por parte de la PGR de Tres generales y un Teniente Coronel por presuntos nexos con el crimen organizado.

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En vista de los anterior diversos columnistas dedicaron sus espacios editoriales a la discusión de dicho escenario, aquí los más relevantes:

 

Periódico: La Razón

Columna: Marcaje Personal de Julián Andrade

“…La historia penal mexicana indica que se debe ser cauto en los juicios, ya que en más de una ocasión los grandes anuncios sólo han sido el prólogo de fiascos de gran envergadura.

Lo más grave para los grandes casos judiciales, y más en los que está implicada la política, es que nunca hay final feliz, ya que cualquier desenlace tiene graves implicaciones.

No se necesita mucha imaginación para prever las consecuencias que se derivarán de que tres generales del ejército hayan estado al servicio de los barones del narcotráfico, pero peor aún, sería terrible amanecer un día con que siempre no, que alguien se equivocó y que los testigos protegidos no fueron lo confiables que se esperaban.

Los generales no se improvisan, y la pérdida de cada uno de ellos y en circunstancias en las que está en litigio su honorabilidad, representa un alto costo en inversión y, más grave, en la moral de los mandos más jóvenes…”.

 

Periódico: Milenio

Columna: Duda Razonable de Carlos Puig

“…No tengo idea si el general Tomás Ángeles es culpable o no de lo que se le acusa. Pero creo que la PGR tampoco la tiene.

Las pruebas contra Ángeles son “una denuncia anónima vía telefónica con fecha 17 de marzo de 2010; la declaración ministerial del testigo protegido con clave Jennifer (Roberto López Nájera, quien trabajaba para el presunto narcotraficante Édgar Valdez Villarreal, La Barbie), y la declaración ministerial del mayor Iván Reyna Muñoz. Asimismo, el 25 de mayo le fue mostrada a sus defensores la declaración ministerial del testigo protegido con clave Mateo (Sergio Villarreal Barragán, El Grande), extraditado a Estados Unidos un día después de haber declarado contra Ángeles Dauahare.

Jennifer dijo haberse enterado que el militar recibía medio millón de dólares al mes por filtrar información al cártel de los hermanos Beltrán Leyva.

Mientras que Mateo dijo haber presenciado una reunión entre el general y líderes del narcotráfico, en julio de 2008, además de entregarle una maleta con 5 millones de dólares en efectivo (MILENIO, 27 de julio).

De dónde quedaron los mentados cinco millones de dólares, la PGR no sabe nada. Ni de la justicia, ni la presunción de inocencia, ni de las garantía de los mexicanos…”.

 

Periódico: Reporte Índigo

Columna: Matanceros de Ramón Alberto Garza

“…No causó sorpresa, pero sí indignación en los círculos militares, la consignación del general Tomás Ángeles Dauahare.

Era de esperarse que el gobierno, y sobre todo el guionista que lo metió en esto, pagara el precio necesario para no hacer el ridículo de decirle: “Usted disculpe”, después de más de dos meses de arraigo.

Pero está claro que, en fondo y forma, el proceso está viciado, desaseado, por decir lo menos. Es innegable el tufo de una agenda muy personal de quien busca perpetuarse transexenalmente en el poder.

De fondo, por dar un ejemplo, se desestimaron pruebas irrefutables que daban fe de que en los días en que ocurrieron ciertos hechos imputables de un presunto delito, el presunto inculpado no estaba en México. Su pasaporte así lo acredita.

De forma, salvo que den pruebas muy contundentes en contrario, pareció una burla aquello de colocar en el boletín de la PGR a los generales –en especial a Ángeles Dauahare– junto con narcotraficantes como “La Barbie”, “El Indio”, “El Arquitecto” y “El Denis”…”.

 

Periódico: La Jornada

Columna: Generales, entre el escándalo y el descrédito

“…En otro momento de la vida nacional, la detención de altos mandos castrenses por presuntos vínculos con la delincuencia organizada y su consignación a un penal federal habría sido una buena noticia y una muestra de voluntad de moralizar y depurar las instituciones del Estado. En la circunstancia nacional presente, sin embargo, el episodio remite inevitablemente al historial de una procuración de justicia facciosa, turbia y caracterizada por la fabricación de culpables y el uso político, que además ha sido señalada, en este caso particular, por un conjunto de excesos e irregularidades en los procesos de detención y arraigo de los militares referidos…En suma, las detenciones comentadas arrojan un saldo desolador para los pretendidos afanes legalistas que guiaron el discurso de la administración federal en turno: en el mejor de los casos, y si las acusaciones contra los mandos castrenses detenidos resultasen ciertas después de todo, se confirmaría que la delincuencia organizada ha podido infiltrar altos cuadros de las dependencias de seguridad nacional, con los riesgos que ello implica para la población y la viabilidad del propio Estado. Por otra parte, si resulta cierto que el proceso contra los generales inculpados no es más que un nuevo montaje de la procuraduría, quedaría de manifiesto la catástofe que padece la procuración de justicia en el país…”.

 

Periódico: El Universal

Columna: En la Línea de Félix Fuentes

“…LA MANO DURA en contra del general Tomás Ángeles Dauahare y otros tres generales no es aplicada —con esa fuerza— a la delincuencia organizada. Los militares fueron recluidos en la prisión de alta seguridad del Altiplano del Estado de México, por supuestos nexos con el narcotráfico.

La Secretaría de la Defensa Nacional entregó a los generales a la PGR. Esta decisión es contraria a los reclamos de esa dependencia al Congreso de la Unión para no legislar en el sentido de que los militares sean enjuiciados por autoridades civiles…”.

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