Operación Cisne Negro: entre túneles y alcantarillas, cayó de nuevo el Chapo

Foto: especial

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Cien elementos de las Fuerzas Especiales de Infantería de Marina participaron en la detención; las tropas salieron del Cuartel del Alto Mando para capturar al capo que huyó por un túnel e intentaba llegar a Navojoa.

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México, 9 de enero.- Fue el seguimiento de inteligencia y no una llamada anónima lo que llevó a oficiales de la Marina a la recaptura de Joaquín Guzmán Loera en la Operación Cisne Negro, pero hubo algo más que aceleró su caída: su carácter narcisista y su necesidad de estar rodeado siempre por sus mujeres, por su familia de la que nunca pudo vivir alejado.

Además, el Chapo Guzmán tuvo la audacia y la osadía de buscar entre sus contactos y amigos a actrices y actores, a guionistas, para que comenzaran a filmar cuanto antes una película sobre su vida.

Esta fue una de las claves que permitió ubicarlo y seguirlo muy de cerca, tanto como para establecer dos puestos de vigilancia permanente frente a sus narices, en una casa del fraccionamiento Las Palmas, en el corazón de la pequeña ciudad de Los Mochis, en Sinaloa.

Desde una de las casas cercana a la que ocuparía dos noches antes de su captura, pacientemente, tres equipos de inteligencia naval observaron los movimientos de quienes entraban y salían, de quienes llegaban a quedarse o quienes se iban con maletas, paquetes, equipos.

Con los datos de inteligencia naval y con los perfiles elaborados por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) y por la Procuraduría General de la República (PGR), le espera se centró en la llegada de Guzmán Loera y de sus hijos e hijas, de su esposa Emma Coronel, que viajarían desde diversos puntos dentro y fuera de México para reunirse con él.

Dos circunstancias clave aceleraron la caída, por tercera ocasión, del jefe del cartel de Sinaloa: sus planes para iniciar la filmación sobre su vida y la imposibilidad de haberse encontrado con su familia en las fiestas navideñas.

 

Hábitos y costumbres

Le ocurrió lo que a otros capos históricos que terminaron en manos de la ley o muriendo en enfrentamientos con fuerzas de seguridad.

A Miguel Rodríguez Orejuela lo detuvo la Policía Nacional de Colombia en un lujoso condominio de la ciudad de Cali, en agosto de 1995, en una operación de desenlace insólito.

Informantes de la Policía Nacional habían indicado varias veces que el capo se aparecería en ese departamento por razones especiales. Operativos previos para capturarlo habían fracasado en esa ciudad, pero en aquella ocasión un factor fue decisivo para la captura: sus creencias religiosas.

Rodríguez Orejuela era devoto de la virgen y aquel seis de agosto era el día en que se celebraba su aparición. El condominio del lujoso fraccionamiento era el sitio preferido del narcotraficante para rezarle a la virgen. Su detención se dio en la madrugada de ese día porque el altar que el capo le hizo a la advocación tenía veladoras y su luz era la única visible en las ventanas del condominio que fue vigilado con binoculares y equipo de mira infrarroja.

Un comando especial burló la seguridad del narcotraficante, llegó a su departamento y lo detuvo cuando había acabado de rezar y estaba a punto de esconderse en un muro para pasar la noche y moverse a la mañana siguiente a otro sitio.

Ese mismo año, el Bloque de Búsqueda que operaba en Cali detuvo a su hermano, Gilberto Rodríguez Orejuela, El Ajedrecista, gracias al trabajo de una célula de mujeres que integraban una fuerza especial entrenada para detectar e identificar sin error lociones y perfumes usados por los capos más buscados.

El Ajedrecista era un tipo que se esperaba en su presentación y usaba lociones de manera frecuente. Uno de sus enlaces con el exterior era aún más aficionado a las fragancias y se perfumaba de más.

Las mujeres del Bloque de Búsqueda detectaron su loción en un patrullaje en el que simulaban hacer ejercicio cerca de un cerro. El olor de la fragancia las condujo a un callejón, luego a una cochera y después a un departamento oculto en donde, detrás de un librero, se escondía Rodríguez Orejuela.

La suerte de Pablo Escobar es conocida. El capo fue abatido en la ciudad de Medellín, Colombia, el dos de diciembre de 1993 cuando trataba de escapar de los agentes del Bloque de Búsqueda que lo habían ubicado por sus llamadas telefónicas para felicitar a su hijo por su cumpleaños. Escobar se enfrentó a balazos con agentes especiales y fue abatido en el tejado de una casa.

Al Chapo Guzmán la nostalgia y la necesidad de estar con su familia lo llevaron a relajar sus medidas de seguridad y a moverse en zonas no controladas por su gente. Se salió de su zona de confort, redujo su número de escoltas y acabó bajando de la sierra para encontrarse con sus hijas y con su esposa Emma Coronel.

 

¡ Luces, cámara, acción !

Meses antes, a finales de 2015, el Chapo y sus enlaces lograban reunirse con gente del mundo cinematográfico para hablar de los planes del capo sobre producir una cinta acerca de su vida, algo real, verdadero, fuera de toda especulación y fantasía.

Los encuentros entre sus abogados y los eventuales realizadores se efectuaron en Sinaloa y fueron documentados por la PGR y por la Marina. De las dinámicas obtenidas tras esas reuniones surgieron personajes y nuevos enlaces a seguir.

Ahí estuvo una de las claves para apretar el cerco en torno al Chapo, que pensaba encontrarse más adelante con la gente que haría la película sobre su vida. No hubo más tiempo.

Lo que siguió fue el despliegue naval en Los Mochis, gradual, silencioso, preciso en los alrededores del fraccionamiento Las Palmas, buscando y documentando rutas y posible formas de escape (las socorridas alcantarillas) que podría utilizar una vez que el operativo para detenerlo se pusiera en marcha.

Al menos tres enfrentamientos, con varias bajas tanto de sicarios como de marinos, precedieron la madrugada del 8 de enero. Los choques entre marinos y gente del Chapo iban delimitando cada vez más la zona en la que se movería el Chapo y que, a todas luces, estaba fuera de los límites de su perímetro seguro: Badiraguato.

Tras los enfrentamientos, Joaquín Guzmán redujo su número de escoltas, regreso a la sierra para abandonarla de nuevo y bajar poco a poco hacia Los Mochis, en donde vería a su familia. Un seguimiento puntual de inteligencia civil y militar a ambos lados de la frontera con los Estados Unidos reveló los preparativos de su esposa Emma y de sus hijas e hijos parar viajar a algún punto en Sonora en donde se encontrarían.

Desde la ciudad de México el comandante del Cuartel General de la Marina, el Vicealmirante Mario del Carmen Ríos Hernández -quien recibió el mando de tropas navales el año pasado- movilizó en dos semanas a un contingente de cien infantes de pertenecientes a Unidad de Operaciones Especiales (UNOPES) de la Armada de México.

Los marinos se distribuyeron en cuatro puntos alrededor de los fraccionamientos Las Palmas y Del Valle para detener al Chapo y a sus escoltas.

El seguimiento de inteligencia dio frutos. Tras un mes de vigilancia constante, Guzmán Loera y Jorge Iván Gastelum llegaron a una casa en la madrugada del 8 de enero.

El alto mando fue informado por el vicealmirante Ríos Hernández sobre la presencia confirmada del Chapo e inició el operativo de captura.

Los marinos fueron recibidos a tiros. Uno fue herido. La respuesta naval fue inmediata y contundente. Mejor adiestrados y preparados para el combate, los infantes se enfrentaron a un grupo armado con carabinas AR-15 equipadas con aditamentos para granadas de 40 milímetros, además de fusiles semiautomáticos Barret, calibre 50 milímetros y dos lanzacohetes rusos RPG-7 abastecidos con dos proyectiles y con otros dos más de reserva.

La refriega duró el tiempo suficiente para que Guzmán Loera y Jorge Gastelum huyeran por las alcantarillas del fraccionamiento, perseguidos por marinos que no lograban detenerlos.

Con la luz del amanecer, el Chapo y su lugarteniente decidieron salir a una calle por una de las alcantarillas para luego obligar a una persona a entregarles su coche para huir sobre la avenida Antonio Rosales y enfilarse a la radial que lleva a la carretera Los Mochis-Navojoa.

Las fuerzas federales fueron alertadas de que el Chapo y otra persona huían en un auto rojo sobre esa vía. De acuerdo con la versión oficial de la procuradora Arely Gómez, fuerzas federales (que no especificó) lo detuvieron y lo llevaron al Hotel Doux, un establecimiento de cuatro estrellas y 1,024 pesos la noche, ubicado a unos diez kilómetros de Los Mochis.

Ahí las fuerzas llevaron Chapo a la habitación 51 y esperaron la llegada de refuerzos para sacar al capo y llevarlo al aeropuerto en donde ya estaban las aeronaves de la Marina, de PGR, de la Sedena y de la Policía Federal.

Las fotos difundidas más tarde en redes sociales y que fueron filtradas por la Marina y por la PGR, mostraban a un Joaquín Guzmán Loera sorprendido, azorado, con una mirada desconcertada y una playera sin mangas, sucia, esposado y sentado al borde de una cama matrimonial en la habitación 51, minutos antes de ser sacado y llevado con Gastelum en una camioneta hacia el aeropuerto.

Por la noche, en el hangar de Marina, la procuradora Arely Gómez leyó una numeralia en la que destacó las 303 declaraciones tomadas por el Ministerio Público Federal desde el día de la segunda fuga del Chapo.

Mencionó también los 191 indicios recabados por peritos y especialistas en el lugar de los hechos (la celda, la regadera, el túnel y el pasadizo a una bodega conectada a una casa a un kilómetro de la prisión del Altiplano), los 142 requerimientos hechos a diversas autoridades para avanzar en el caso, las 111 inspecciones, los 32 cateos y 25 aseguramientos hechos para dar con el paradero del narcotraficante más buscado de México.

 

Jorge Alejandro Medellín

@JorgeMedellin95

Estado Mayor MX

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