La guerra de los generales

México, 25 de julio (Lasillarota.com).- 1.- La guerra contra las drogas lanzada por el presidente Felipe Calderón para legitimarse en el poder, ha provocado también graves daños colaterales entre la clase militar.

2.- El desgaste de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y de la Marina (en menor medida), sus excesos, las violaciones a los derechos humanos, su actuación fuera del marco jurídico y más allá de las seis tesis de jurisprudencia de 1996 para darle alguna corporeidad a la presencia bélica en las calles del país, rivalizan con el choque de mandos que se vive al interior de la dependencia que encabeza el general Guillermo Galván.

3.- La guerra calderonista contra el narco le permitió a la Sedena recobrar el papel de actor político que en la era priista la llevó a colocar diputados federales, senadores, diputados locales y gobernadores como parte de la cuota por los servicios prestados a la nación.

4.- Sin proponérselo, pero percibiendo que la dinámica del enfrentamiento llevaría a los militares a una posición central para el mantenimiento de la estrategia de choque contra el crimen organizado, las fuerzas armadas (léase Jefes) se hicieron indispensables, se extendieron hacia el norte del país para controlar cuerpos policiacos, para administrar corporaciones, probar una y otra vez estrategias de combate al crimen en todos sus órdenes, desplegar, reubicar y rearmar y adiestrar –cuando era posible– a los penosos, mal pagados, mal armados y dudosamente éticos policías municipales y estatales.

5.- Pese a que los militares y navales tampoco entregaron buenas cuentas en las misiones de pacificación, desmembramiento criminal y control de la seguridad, sus comandantes y jefes consiguieron ubicarse como el fiel de la balanza de cara al poder político ostentado por los civiles.

6.- Sedena y Marina saben que en ellos descansará la siguiente fase de la lucha contra el crimen, en la que se contempla la creación de una policía nacional de corte militar, con preparación militar, con armas de última generación y con atribuciones que rebasan lo hasta ahora visto en el sexenio castrense.

7.- Mayores presupuestos, la previsible inserción de militares y marinos en operaciones conjuntas con otros ejércitos, una presencia más amplia en el territorio nacional a partir de las funciones de un cuerpo policiaco nacional que permita el mismo tiempo el regreso de las tropas a sus cuarteles, son algunos de los escenarios inevitables que tiene  a los generales de la plana mayor de la Sedena en pie de guerra para suceder a Guillermo Galván.

8.- Como botón de muestra basta el affaire de la compra de equipo de inteligencia por parte de la Sedena, con un costo de 5 mil millones de pesos, adquirido para combatir al crimen organizado con mejores condiciones tácticas.

9.- Los expertos de la Sedena dicen que pese a lo escandalosa que suena la compra del material, en realidad es un gasto menor que no alcanza ni supera las adquisiciones de los helicópteros Cougar (8 mil millones de pesos) o los aviones Spartan (poco mas de seis mil millones de pesos) con los que se ha dotado a las fuerzas armadas.

Ello sin contar los sistemas de radares y misiles que se instalarán en el sureste del país o bien el incremento de aeronaves no tripuladas Ermes (actualmente hay seis) de la empresa israelí Elbit Systems para la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) en operaciones de alto impacto contra cárteles de la droga.

La Marina en tanto, dispondrá en el corto plazo de sus propias aeronaves no tripuladas, desarrolladas por personal naval desde 2010.

10.- Más poder, mayor presencia en zonas conflictivas, preeminencia militar en una sociedad que avanza hacia la militarización como medida inquietante para intentar reducir la violencia y la inseguridad.

Más presupuesto, mayor presencia en la esfera de las decisiones políticas ligadas directa o indirectamente a la agenda de seguridad interior de México.

De ahí la naturaleza de la otra guerra, la de los generales que no se dan tregua y se espían, se siguen, se balconean, se dejan fuera de la sucesión militar, se escuchan, se leen entre comida y comida, se toman fotos muy sonrientes en actos públicos al lado del general secretario; se miden y buscan alianzas dentro y fuera de los cuarteles para convertirse a toda costa en DN-01.

No hay reglas.

Redacción Lasillarota.com

De Orden Superior

Opinión

 

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