La Sedena y el gobernador “Barret”

México, 24 de julio (Lasillarota.com).- ¿En qué mundo cree que vive el gobernador Mario López Valdez? ¿En qué país? Aspirar a que sus policías tengan mejores armas para combatir a las bandas del crimen organizado que las asedian puede ser muy legítimo, pero solicitar que les den permiso para portar AK-47, fusiles Barret (también podrían estar en el mismo stock pistolas “matapolicías” y bazucas) es una locura. Y una desmesura adicional solicitar esto a la Secretaría de la Defensa Nacional, como si a esta le bastara escuchar las plegarias de un gobernador para dar el “sí”.

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Que un gobernador como Malova desee armas más potentes para su guerra es ya muy cuestionable desde todos los puntos de vista. Desde el que se quiera, empezando por discutir qué lugar deben ocupar las armas en la lucha contra las bandas del narcotráfico. Y se pudiera debatir también sobre los niveles de capacitación que tienen los policías estatales, no solo en el manejo de armas sino para actuar en situaciones de alarma, los grados de confianza que acreditan, empezando por sus mandos, etcétera.

¿De dónde sacó que solo con solicitar las armas decomisadas a los narcos la Defensa le daría luz verde? ¿De dónde el insulto a la inteligencia al venir a decir a Sinaloa que el titular de la Sedena, Guillermo Galván Galván, ya se lo autorizó?

De acuerdo con el comunicado que el gobernador envió en jueves 12 de julio, le habría explicado al titular de la Defensa “la postura de los cuerpos policiacos, que están dispuestos a enfrentar a la delincuencia, pero siempre y cuando se les ponga en la misma capacidad de fuego con rifles automáticos y también con los fusiles Barrett, así como con vehículos blindados”. (O sea que si no es así tienen derecho a correr).

“Quiero decirles —continúa el boletín— que creo que fue una gestión exitosa. El general Galván ha mostrado la disposición y la voluntad de apoyar en todo lo que la ley lo permite dándole apoyo a nuestras fuerzas policiacas del estado, en virtud que se reconoce el desempeño que han tenido nuestras fuerzas policiales”.

Y ya en tercera persona, expresa: “El gobernador de Sinaloa se mostró confiado en que pronto deberá llegar armamento para que nuestros policías no estén en situación desventajosa cuando sufran alguna emboscada o algún ataque por parte de la delincuencia”.

Malova se quedará esperando dichas armas. La Sedena tiene facultades para autorizar a gobiernos estatales y municipales, de acuerdo con el artículo 11 de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, el uso de armas que son de uso exclusivo del Ejército y de las Fuerzas Armadas, cuando ha sido expuesta y documentada una necesidad.

Pero si esto ocurriera, bastaría el primer precedente para que todos los gobiernos estatales agobiados por la violencia y muchos municipios, pidieran lo mismo. Lo cual no sería posible complacer, ni conveniente, a menos que alguien esté pensando encuernar el país.

Bien o mal, con éxito o sin él, México ha desarrollado instituciones y estructuras que participan ahora en la elaboración de políticas públicas en materia de seguridad. Una de ellas es el Sistema Nacional de Seguridad Pública, que nació con la misión primordial de articular y coordinar a las instituciones de Seguridad Pública de los tres órdenes de Gobierno, estableciendo directrices, alineando las políticas públicas y poniendo en práctica sistemas de planeación estratégica, entre otras cosas.

Así que, con todas las facultades que el titular de la Sedena tenga de acuerdo con la Ley, no puede tomar decisiones ignorando las directrices del Sistema Nacional de Seguridad, cuyo órgano máximo de dirección es el Consejo Nacional de Seguridad Pública, presidido, por ley, por el presidente de la República y en el cual participan los gobiernos de todas las entidades federativas.

Parte del mismo debate debe ser la probidad de las policías que tiene Malova empezando por su jefe de la Policía Ministerial, Jesús Antonio Aguilar Iñiguez, investigado y perseguido por la PGR desde que mataron a Rodolfo Carrillo Fuentes y se descubrió que su plana mayor de comandantes estaba coludida con diferentes grupos de narcotraficantes.

Y si se quiere mirar un poco más arriba, cuestiónese por qué, a un año y medio de que Malova llegó al poder, su secretario general de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros, no ha cumplido su obligación de presentar el examen de control y confianza. Por algo ha de ser.

Como hace diez años, cuando Chuytoño era también director de la Policía Ministerial, a esta corporación se le acusó de levantones, secuestros simulados para la exhibición pública, canje de víctimas por víctimas desde la Unidad Especializada Antisecuestros, escuadrones de la muerte y enriquecimiento ilícito de su titular. Y ahora también las policías están siendo cuestionadas por casi todo eso, en una repetición costosa de la historia.

En este contexto, una de las zonas que más denuncias acumula es la norte, donde uno de los personeros de Aguilar Íñiguez, el comandante Jesús Carrasco Ruiz, ha sido acusado hasta de ladrón.

A esta policía es a la que el gobernador Malova pretende armar con más poder de fuego “para enfrentar a los malos”. Con estos antecedentes.

Bola y cadena

FUE DE MUY MAL GUSTO, además, que el gobernador planteara esta “necesidad” una semana después de que una horda de policías ministeriales atacó a una mujer y cinco niños en Bamoa, hiriendo a tres de los menores, evidenciando la escasa preparación que tienen y el peligro que su “nerviosismo” representa para la sociedad civil.

Sentido contrario

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR presentó el viernes el Plan Nacional en Defensa de la Democracia y de la Dignidad de México, para reforzar la demanda del Movimiento Progresista que pide anular la elección presidencial por la presunción de la millonaria compra de votos mediante operaciones, dice, que pueden tipificarse como lavado de dinero. Eso y el movimiento #YoSoy132, dará gas a las protestas hasta el 1 de diciembre. Que la sangre no llegue al río.

Humo negro

SI HÉCTOR MELESIO CUEN fuera capaz de voltear hacia un espejo, se daría cuenta que no hay allí ningún monero, sino la iracunda y triste imagen de sí mismo.

Ismael Bojórquez

La Silla Rota

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