Cuarteleras

Infiltrados

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Las revelaciones de la propia Sedena a la revista Proceso acerca de la infiltración de un soldado en activo dentro de la estructura de la Escuela Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, han abierto varios frentes.

En el Ejército, los elementos infiltrados en movimientos como el de la CNTE o en Antorcha Campesina o pusieran sus barbas a remojar por órdenes superiores, ya que el alto mando no quiere sorpresas y nuevas desapariciones en las que los levantados aparezcan luego con credenciales de la Defensa Nacional.

La Sedena mantiene seis operaciones con este perfil en Tamaulipas, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Sinaloa. En estos puntos la orden es bajar el perfil de sus Grupos de Información Sensible para no perder más gente.

Lo revelado al semanario indica que la Sedena sabe mucho más sobre lo ocurrido en Iguala, conoce a los verdaderos responsables de la desaparición de normalistas y, sobre todo, carga ahora sobre sus hombros la responsabilidad de no haber podido rescatar a su infiltrado en una operación documentada por el 27 Batallón de Infantería de Iguala.

Más o menos lo que le ocurrió hace poco a Obama con el fallido rescate de rehenes en Afganistán, donde la operación no solo fracasó, sino que en ella murieron los objetivos a manos de los Marines en una terrible y trágica confusión.

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Adiós a los rusos

¿Se acuerda usted de la dotación de helicópteros rusos Mi-17 que la Sedena y Marina comprarían para renovar sus flotas de cara a la temporada de huracanes?

Ambas secretarías anunciaron en sus presupuestos de egresos los proyectos para la adquisición de este material aéreo y aeronaval, pero al final y tras varias deliberaciones, militares y marinos le hicieron el feo a los rusos.

Fue a mitad del 2013 cuando la firma Rosoboronexport, con oficinas y personal especializado en México, puso toda su energía en cabildear la reparación de 19 aparatos Mi-17 para la FAM y otros 12 para la Marina. Además, el paquete incluía aparatos artillados, versiones hechas específicamente para combate aire -aire y aire tierra.

Los rusos hicieron todo lo posible para venderle a la FAM y a la Marina aparatos de combate Mi-35, con lo que México hubieran tenido su primer escuadrón de helicópteros de combate. En el colmo de los buenos deseos y de la necesidad de consolidar sus ventas en Latinoamérica, la firma estatal rusa ofreció también una escuadrilla de ocho aparatos de entrenamiento YAK-130.

Al final todo quedó en la reparación de 19 aparatos para la FAM (ya todos regresaron a sus bases aéreas) y en el mantenimiento de ocho aparatos de la Marina. Hasta ahí llegó la relación de Rosoboronexport con la Sedena y la Armada de México.

Ni una ni la otra quisieron saber más ni tener mayores tratos con la empresa estatal rusa. La FAM y Marina iniciaron una relación en el viejo continente con Eurocopter y con Airbus Military, para luego restablecer lazos con compañías norteamericanas en busca de flotillas completas de aeronaves Black Hawk.

Marina y Sedena le dieron las gracias a Maxim Sokolov, representante de Rosoboronexport en México, quien desde junio de 2013 hizo todo lo que estuvo a su alcance para que el gobierno mexicano le abriera sus puertas en definitiva al mercado militar ruso.

No se pudo.

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Si tuviera parque…

Hace unos días la prensa norteamericana -en concreto el Washington Post- publicó una nota estridente, mal documentada, descontextualizada pero muy vendible acerca de las compras de material bélico por parte de México en los últimos años.

El WAPO y su reportero calificaron las compras como parte de una “fiebre” armamentista, sin analizar ni revisar los últimos 20 o 30 años del andar militarista del país, desconociendo la situación, los documentos, opiniones de especialistas e incluso las reiteradas quejas de los mandos de Sedena y Marina sobre el grave atraso que en este terreno viven las fuerzas armadas mexicanas.

El primer dato con el que abre el WAPO es el de la compra de al menos 30 millones de cartuchos de diversos calibres, que llegaron a México por vía férrea. Quizá este sea el único punto relevante en el texto del WAPO, porque uno de los rubros en los que la industria militar mexicana tiene (o tenía) menos problemas era el del abasto de municiones.

En el 2007 el general Guillermo Galván aseguraba que en los almacenes militares había 331.1 millones de cartuchos de diversos calibres y que con los niveles de producción anual de la Sedena se estaba al 98 por ciento del abasto requerido para operaciones y prácticas.

El WAPO asegura que la Sedena le compró a fabricantes de los Estados Unidos poco más de 30 millones de municiones.

Otra; Galván advertía que en la industria militar había capacidad para fabricar 182 mil granadas de diverso tipo, “cantidad equivalente al 30% de la dotación anual”.

¿Qué pasó en estos años?

Redacción

Estado Mayor

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