La desconfianza, la incredulidad junto a “Dolce & Gabanna”

México, 10 de marzo.- Tiene tantísima razón el presidente Peña Nieto cuando admite saber que existe incredulidad y desconfianza en el país. Es decir, no le creen a su Gobierno. Obviamente a su persona.

Estas “desconfianzas” estarían basadas en la percepción social de que las cosas no se están haciendo correctamente en su entorno. La crisis, cuando venía sumando voluntades por todo lo alto, se expresa en la tragedia de Iguala, con sus desaparecidos, con sus muertos y la investigación histórica que no quieren aceptar. Y, obvio, en el escándalo de la llamada “Casa Blanca”.

No importa cuánto haya exhibido Angélica Rivera documentos para probar que ella, con su dinero honestamente ganado haciendo telenovelas, compró esa residencia que rebasa cualquier calificativo. Ni que haya anunciado que habría de venderla.

El tema sigue siendo vital en el análisis de la desconfianza popular. Y ni siquiera la actriz Carmen Salinas, privilegiada del PRI como presunta diputada plurinominal, saca la cara para defender lo infinitamente cuestionado.

En ese ámbito, insisto de profunda desconfianza que se traduce en descontento, la gira presidencial a Londres ha venido a irritar todavía más las buenas conciencias.

No hablemos de la primera dama porque a final de cuentas ese es el tema reiterado de todas las críticas sexenales: Su vestuario. Ni tampoco de los cientos de invitados y acompañantes que querían codearse con la “realeza”, sino del vestido “Dolce & Gabanna”.

Se trata de reconocidos modistas italianos que son, cualquiera puede verlo en internet, muy apreciados por el “Jet Set” internacional. Su ropa se vende por muchos miles de dólares, de esos que cada día le cuestan más a los mexicanos sin explicación creíble de por medio, y que están presentes en las revistas de sociales.

O sea, hacen ropa para princesas.

Y, conocedora de esto, la señorita Sofía Castro Rivera, hija de la primera dama y parte oficial de la comitiva presidencial, compró uno de sus vestidos por poco más de siete mil dólares y lo subió, interesadamente, a las redes sociales. Estas marcas, como la bolsa “Gucci” que llevaba la señora Rivera al bajarse del avión presidencial, son muy fácilmente identificables a través de las redes sociales.

Hablar de siete mil dólares cuando hay un recorte presupuestal que amenaza dejar sin trabajo a muchos, entre ellos a los empleados de Pemex que ya no tienen medicinas en sus hospitales porque van a desaparecer, cuando tenemos millones de muertos de hambre literalmente hablando puede resultar ofensivo.

Por lo menos, es fácil coincidir, no ayuda a la recuperar la confianza social sobre la honestidad presidencial.

La grave de todo esto es que esos mismos trajes, incluyendo los de la señora Rivera de Peña, pueden usarse sin gastar un solo centavo. Sobre todo en una gira oficial con tanta publicidad. Igual que hacen en la fiesta de entrega de los premios “Oscar”, los modistos internacionales estarían dispuestos a “prestar” sus trajes.

De cualquier forma le están haciendo publicidad.

En España, donde hay una monarquía en problemas, donde hay que recuperar también la confianza ciudadana, la reina Letizia utiliza ropa de diseñadores españoles que repite con total desparpajo. Nadie se habría indignado si la primera dama hubiese utilizado el mismo vestido de Óscar de la Renta, que se puso la noche del 15 de septiembre pasado, para cenar con los Reyes.

No se trata de limitar la vanidad femenina de una familia que, al menos en parte, viene precisamente de ganarse la vida frente a los reflectores, sino de aterrizar políticamente ese afán de “lucirse”.

Dotar a una escuela de computadoras, becar a niños indígenas, dotar de techo a familias vulnerables, siete mil dólares, más de cien mil pesos sin contar impuestos pagados en el extranjero, pueden ser utilizados para muchos fines que trascienden las páginas de sociales.

Es entendible que una joven quiera vestirse como princesa, incluso que tenga a disponibilidad todos esos recursos por el dinero inagotable del retiro de su madre, lo que resulta inaceptable es la ecuación de que así, con esta magnificación pública tan ostentosa, pueda avanzarse en la construcción la confianza ciudadana en este gobierno.

Porque si a estas vamos Martita Sahagún de Fox va a resultar un dechado de “austeridad republicana”…

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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