El ataque a los cuarteles militares, inaceptable y peligroso

México, 18 de enero.- Desde la guerra de Chiapas en que la gente del “Subcomandante” Marcos había intentado romper la seguridad de los cuarteles militares, afrenta que no se olvida al interior de las fuerzas armadas, no habíamos presenciado un ataque como el que perpetuaron los familiares de los normalistas desaparecidos y quienes intentan provocar un caos con el pretexto de su dolor.

De milagro, así hay que decirlo, no hubo muertos.  Porque los soldados están entrenados para enfrentar al enemigo, para disparar, para matar en defensa de sus trincheras.  Fueron ciudadanos que no forman parte de un grupo subversivo quienes tomaron camiones para estrellarlos contra instalaciones militares.

Fue una provocación tan inmensa como estúpida.  Porque se tiene que tener un cerebro de chapulín para pensar siquiera que los estudiantes normalistas están en los cuarteles militares.  Esa versión, tan alejada de la realidad, parece convenir a los peores intereses contra el gobierno, contra el Estado, contra el país.

No había forma de ganar absolutamente nada con estas acciones.  Quienes manipularon a familiares de normalistas buscaban muertos.  Y muy cerca estuvieron de conseguirlos.  Defender la integridad de las instalaciones militares es algo importantísimo para los soldados y los jefes castrenses.

En la pasividad de su respuesta debemos ver una gran disciplina.  Pero no podemos ni debemos apostar a que esto se repita.  Ninguno puede asaltar un cuartel militar impunemente.

La respuesta política, en manos de Jesús Murillo Karam, es impecable: “Que recorran las instalaciones militares”.  Para millones de mexicanos el tema de los 43 estudiantes secuestrados y desaparecidos, contando al que existe certeza de su muerte, es de un hartazgo inmenso.  Se han pagado muchos precios sociales, de daños materiales y coacción de la libertad de movimiento que la Constitución garantiza, con manifestaciones que no llevaron a ningún lado.  Millones de pesos se han invertido en una investigación que ninguno de los otros desaparecidos o muertos de nuestra historia reciente ha merecido. Se perdieron millones de dólares por cancelación de viajes a Guerrero, se ha lesionado el orden y las garantías individuales de cientos de miles de mexicanos por un motivo que ya no es demanda sino manipulación política.

Los estudiantes fueron secuestrados por policías a las órdenes de dos alcaldes perredistas, fueron asesinados por criminales que estaban asociados al poder local en Guerrero.  La mayoría de los implicados ya están en la cárcel.  Se ha buscado debajo de todas las rocas de Guerrero a quienes no pueden estar vivos.

Si algo debe señalarse al 27 Batallón con sede en Chilpancingo es la omisión en los eventos de la noche del 26 de septiembre.  No hay forma de imaginar, insisto en esto, que los militares hayan secuestrado y mantengan encerrados en sus instalaciones a los estudiantes.  Es estúpido, para decirlo de una manera amable, decir esto.

Quienes conocemos instalaciones militares sabemos que no hay nada oculto en ellas, que hay oficinas, dormitorios y cocinas.  A veces lugares donde practicar deporte, ni gimnasio suelen tener los cuarteles.

Ya hubo una respuesta política del gobierno.  Con la visita a las instalaciones militares se cae cualquier hipótesis.  Falta la respuesta que hemos venido esperando millones de mexicanos.  El ya basta presidencial.

De septiembre a enero han pasado muchas cosas.  Con la baja del precio de petróleo tenemos problemas económicos nuevos.  Estamos en un año electoral.  El país, millones de mexicanos no tienen tiempo ni disposición para seguir en el tema de Ayotzinapa.  Sucedió. Fue una tragedia.  Lo lamentamos.  Punto.

No estamos en medio de una guerra declarada como la de Chiapas, ni en el inicio de una revolución.  Quienes pretendan atacar una instalación militar no pueden tener impunidad.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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