Replantear el papel del Ejército con urgencia

México, 19 de noviembre.- Simplemente no hay manera de que no se hayan enterado de los balazos, el secuestro, la violencia de esa noche de septiembre.  Ni siquiera porque el comandante del 27 Batallón de Infantería de Iguala estaba sentado en primera fila escuchando a la señora Abarca mientras caían muertos inocentes y estudiantes.

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El Ejército no puede argumentar, como lo hizo el Secretario Cienfuegos, que por la lluvia no se escucharon los balazos.  Es de una pena ajena tremenda.

A esa comandancia militar en Iguala fueron enviados, desde hace muchos años, jefes militares con experiencia en combate a la Guerrilla.  Y los más recientes venían de comisiones en zonas del país con problemas muy graves.  No se les puede tildar de inocentes.

Entonces habría que hablar de indolencia.

De esa nueva forma que han asumido, desde finales del sexenio pasado, los jefes militares para no “meterse en líos”.

Lo cierto es que José Luis Abarca desde antes de ser Presidente Municipal tuvo una gran relación con el 27 Batallón, y todavía más grave, con el alto mando de la Secretaría de la Defensa Nacional.

¿Y van a salir con que ninguno supo?

Ahora resulta que ni siquiera el general Mario Arturo Acosta Chaparro sabía de los vínculos de la familia Abarca, incluida la esposa y toda la parentela, con los “Guerreros Unidos”.

Esto se desprende porque el general Acosta Chaparro fue el responsable de conseguir que el general Galván Galván ordenase que la Sedena cediese un predio a José Luis Abarca, a finales del sexenio pasado, todo ello por petición del joven heredero del exgobernador Figueroa, hoy diputado local.  Y con el agregado de que uno de sus tíos estaría además vinculado con este grupo.

¿A cuenta de qué la Sedena regala un predio?

El antecedente más inmediato en Guerrero fue muy diferente.  Porque el general Antonio Riviello hizo un “intercambio” de terrenos muy favorable para la institución al entregar el viejo cuartel del centro, frente al muelle de Acapulco, al entonces gobernador José Francisco Ruiz Massieu, a cambio de una gran extensión de terreno arriba del fraccionamiento “Las Brisas” donde se construyeron instalaciones militares de excelencia.

Esta “cesión” del terreno frente al 27 Batallón de Infantería en Iguala, para que Abarca construyese un centro comercial con un sospechoso costo de muchos millones de pesos, no tiene justificación.

Y demuestra una vocación intencional por ignorar qué sucedía en Guerrero y quiénes eran los Abarca y, obviamente, su vinculación con “Guerreros Unidos”.

¿Por qué la extrema tolerancia militar con esta organización militar y con su rostro de poder político? ¿Por qué la interesada convivencia con los Abarca?

En los alrededores de Iguala hay muchas fosas, algunas ya fueron descubiertas.  Todas merecieron total “ignorancia” del comandante militar.

Los dos más inmediatos, los coroneles JOSÉ RODRIGUEZ PEREZ Y JUAN ANTONIO ARANDA TORRES no han sido detenidos, sujetos a interrogatorio o puestos a disposición de personal de la Sedena.

¿Por qué?

Lo cierto es que ante los hechos violentos de Iguala, las muertes de esa noche trágica, el secuestro y desaparición de 43 jóvenes, las muertes sin nombre y apellido cuyos restos fueron hallados en varias fosas, e incluso aquella de un sacerdote, lo que tenemos es una comandancia, una unidad militar cuyos jefes y soldados fueron totalmente omisos ante esta realidad.

Esta omisión pudo haber sido intencional, y entonces estaríamos hablando de “complicidad criminal”.  O simplemente consecuencia del “apoltronamiento” e indiferencia de muchos jefes militares que no quieren cumplir con su obligación por los riesgos que esto conlleva, y prefieren encerrarse en sus castillos castrenses.

El resultado es nefasto para el Ejército.

Y debe provocar un replanteamiento de las funciones militares con urgencia.

Isabel Arvide

@isabelarvide

Estado Mayor

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